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Электронная книга - «Matrimonio por Honor». Краткое содержание книги:

Kelly Sinclair aceptó casarse para proteger la seguridad del bebé que estaba esperando. Mac Fortune se casó con ella mientras su hermano, que era un playboy, se marchaba de la ciudad. Pero enamorarse no formaba parte del trato. Por lo menos hasta que Mac, al final de la ceremonia, la beso apasionadamente en el altar. ¿Podría ella convertir ese pacto entre los dos en un compromiso para toda la vida?
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El apareció en la puerta y la miró aliviado. Ella sonrió al darse cuenta que la tensión en los hombros de él se relajaba al ver que ella estaba simplemente paseando.

– He visto las galletas, enfriándose.

– ¿Te gustan? Las he hecho con forma de corazón debido a que hoy es San Valentín.

– Con gusto me habría comido alguna, pero las vi tan bonitas que pensé que sería mejor preguntar antes.

– En otras palabras, que ya te has…

– Tres. Y la verdad es que están realmente buenas -entró en la habitación y la recorrió, tocando las cosas del niño como ella había hecho antes-. No creo que haya ningún niño con una habitación tan bonita como ésta.

– Gracias a nosotros.

– Gracias a ti. Tú fuiste quien lo planeó todo. Yo sólo añadí algún detalle -se agachó para tocar algunos juguetes que había en una mesita-. ¿Piensas que es demasiado pronto para regalarle un balón de rugby?

– Yo creo que sí. Además, imagínate que es niña. A mí no me importaría que le gustase jugar al rugby, pero estoy segura de que a ti sí. Y eres tan protector que seguro que no la dejarías tener su primera cita hasta que tuviera por lo menos cuarenta años.

– Oye, pero es que también podría ser un niño.

– Podría ser. Y se me acaba de ocurrir que éste es un buen momento para que nos peleemos por elegir el nombre por si es chico.

Volvió a tomar aire, haciendo mucho ruido. Había notado un pinchazo en la espalda que la había dejado casi sin aire en los pulmones.

– No quiero que haya ningún otro Mackenzie en la familia. Odio que se añada lo de junior a los nombres de los hijos.

– Pero podríamos llamarlo Aaron Mackenzie Fortune. Su nombre de pila sería Aaron y así no habría que utilizar el junior. ¿Qué te parece?

– Bueno, pero… ¡Demonios! ¿Qué te ocurre? -se asustó Mac al ver la expresión de dolor de ella.

Ella consiguió sonreír después de un rato.

– Ha empezado. Debería habértelo dicho antes, pero es que no estaba segura. Esta mañana pensé que se trataba sólo de un dolor de espalda. Y luego me convencí de que debía de tratarse de uno de esos falsos avisos de que estás de parto, pero ahora…

– ¡Oh, Dios! ¿Quieres decir, el niño? ¡Oh, Dios!

– Pero no hay prisa. Todo el mundo dice que si es el primer niño, tardan un montón en nacer. No es que me haga feliz, pero al fin y al cabo, así han tenido las mujeres los niños desde el comienzo de los tiempos…

– Pero con tus caderas estrechas no podrás tener el niño aquí en casa. Eso no puede ser. Tú espera aquí… -salió corriendo hacia la puerta, luego se volvió-. No, no esperes aquí. Es mejor que te metas en la cama en vez de estar de pie. ¿Por qué diablos estás de pie?

– Mac, no pasa nada. Todo saldrá bien. Intenta calmarte.

Kelly no podía creer que fuese ella quien le tuviera que tranquilizar a él. Normalmente era al revés, Y más, tratándose de Mac. Nunca le había visto ponerse nervioso. Pero en ese momento estaba fuera de sí.

– No vas a tener el niño en casa. Vas a tenerlo en la mejor clínica del país y con el obstetra que nosotros hemos elegido. No me importa en absoluto la ventisca. Conseguiremos llegar, por eso no te preocupes. Estáte tranquila.

El salió a toda velocidad de la habitación. La línea telefónica ordinaria estaba cortada, pero pudo conseguir llamar con el móvil. Telefoneó al hospital, al servicio de ambulancias, a la policía… Luego volvió corriendo arriba, para ver que tal estaba ella.

Ella estaba bien. Lo único que temía era que le diera un ataque al corazón a Mac. Algo después de las cinco rompió aguas. Afortunadamente estaba en el baño en ese momento. Si hubiera estado en el cuarto del niño, habría echado a perder la alfombra.

Mac subió las escaleras llamándola a gritos, hasta que, finalmente, la encontró.

– Estoy aquí, Mac, pero necesito estar sola un momento.

El no debió oírla a juzgar por el modo en que estaba tirando de la puerta. Finalmente, consiguió abrir y ambos se quedaron mirándose asombrados.

Ella estaba desnuda, tratando de limpiar el suelo. Kelly pensó que había fantaseado muchas veces con la idea de estar desnuda delante de Mac, pero no de esa forma. Debía de estar horrorosa con la luz del fluorescente reflejándose en su enorme tripa y con toda esa porquería por el suelo. Kelly estaba completamente avergonzada. Y él se dio cuenta, así que reaccionó con rapidez y la cubrió con una toalla. Él recuperó la calma de nuevo y trató de excusarse.

– No quería… es que temía que necesitaras ayuda y no quisieras decírmelo, Kel. Sé que no es el mejor momento para decírtelo, pero creo que eres la mujer más bella que he visto en mi vida. Ya no sé ni lo que me digo, estoy tratando de hacerlo lo mejor que puedo…

– Lo sé.

– Pero es que no puedo parar de pensar en que lo habíamos planeado todo para que el parto transcurriera del mejor modo posible y ahora…

– Lo sé.

– Me pongo malo de pensar que te pueda pasar algo.

Kelly se conmovió al ver cómo se preocupaba por ella.

Mac le ayudó a limpiar el baño. Luego puso sábanas de plástico sobre su cama, de modo que ella tuviera el bebé allí. Poco después comenzaron las contracciones. Y ella se asombró al descubrir que podía aguantar el dolor mejor de lo que había pensado. Y eso que era el dolor más fuerte que había sentido en toda su vida. Pero su cuerpo estaba trabajando de un modo instintivo para facilitar el nacimiento del niño.

A medianoche, la tormenta amainó y Mac utilizó el móvil para llamar al hospital para ver si podían mandar un helicóptero. Pero Kelly sabía que no llegaría a tiempo. Y Mac también. Estaban solos. Y por increíble que pareciera, ella no lo habría querido de otro modo.

La imagen del niño asomando la cabeza, quedaría grabada para siempre en su memoria. Y también la expresión de Mac. Estaba tranquilo y sus ojos estaban llenos de amor…

Luego, él agarró a su hija con ambas manos.

– Mírala, si es igual que su madre. Annie, eres guapísima -luego se volvió hacia ella-. Kelly, te amo -las palabras parecieron salir directamente de su corazón.

Una hora después oyeron aterrizar a un helicóptero afuera. Kelly dijo que no hacía falta que las llevaran al hospital. La niña estaba bien y ella también. Pero Mac insistió en que se las llevaran y nada le hubiera hecho cambiar de opinión. Nada.

Capítulo Ocho

– Muy bien. Puedes incorporarte, Kelly. Y la respuesta a la pregunta que estás deseando hacerme es que sí -la doctora Lynn se puso a tomar algunas notas en la ficha de Kelly, después de sonreírle. Normalmente, el sentido del humor de la doctora Lynn era comprensible, pero en esa ocasión Kelly no tenía ni idea de lo que ella le quería decir.

– Bueno, me temo que no la entiendo.

– Quería decir que seguramente desearías preguntarme si podías volver a tener relaciones sexuales con tu marido, y la respuesta es que sí. Es que ésa es la primera pregunta que suelen hacerme la mayoría de las mujeres durante la revisión post-parto. Y supuse que tú también estarías impaciente por saberlo.

– Ya veo -Kelly nunca había hablado de su vida privada con Mac, y por tanto, no se esperaba tocar ese tema con la doctora.

– No tienes por qué contarme nada. Pero sé que es normal que los matrimonios se sientan algo violentos después del parto. Los maridos suelen tener miedo de haceros daño. Y vosotras de que os hagan daño. Y también soléis tener miedo de que el parto haya cambiado algo dentro de vosotras y que ya no sintáis del mismo modo que lo hacíais.

Kelly no tuvo que decir nada. La doctora Lynn siguió hablando.

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