Tránsito [Passage - es]
- Автор: Уиллис Конни
- Год: 2003
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-666-1060-X
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Tránsito [Passage - es]». Краткое содержание книги:
Según diversos testigos, en una ECM parece haber varios elementos nucleares: experiencia extracorporal, sonido, un túnel de altas paredes, una luz al final del túnel, parientes fallecidos y un ángel de luz con resplandecientes túnicas blancas, una sensación de paz y amor, una revisión de la vida, una revelación del conocimiento universal y la orden de regreso final. ¿Es todo esto algo real, o se trata tan sólo de manifestaciones surgidas de la bioquímica de un cerebro moribundo?
En Tránsito, Joanna Lander es un psicóloga que investiga las ECM. Su encuentro con el neurólogo Richard Wright ha de permitirle simular clínicamente ese tipo de experiencias con el uso de drogas psicoactivas. Pero los sujetos del experimento del doctor Wright ven cosas completamente distintas de lo esperado, y Joanna decide someterse al experimento para conocer directamente una ECM. Y las sorpresas empiezan…
Novela finalista del premio Hugo 2002
Novela finalista del premio Nebula 2001
Novela finalista del John W. Campbell Memorial Award 2002
Eso no era justo. Vielle lo había intentado cuanto había podido. Todos lo habían hecho, faltaban demasiadas piezas. La respuesta se encontraba en alguna de las transcripciones del Titanic” no en los escaneos o en la literatura inglesa, pero Joanna no podía decirles dónde, y el señor Briarley, si lo sabía, no lo recordaba. Y Carl se negaba a decirlo.
Y él, Richard, no podía imaginarlo. Era hora de admitirlo. Era hora de encarar los hechos, de hacer las maletas, ponerse el sombrero y admitir la derrota.
Joanna sin duda lo comprendería. Había visto al equipo de choque intentar con norepinefrina, salino, palas, RCP, uno tras otro. Y había estado en el Titanic, que lo había intentado y fracasado. El vigía no vio el iceberg a tiempo, el California no oyó el SOS, no vio la señal de la lámpara Morse, no comprendió los cohetes. El maquinista Harvey y el hombre por el que volvió para salvarlo habían muerto ahogados los dos.
Si había una lección que aprender del Titanic era que los intentos fracasaron, que el rescate llegó demasiado tarde, que los mensajes no llegaron a su destino, y supo, mientras lo pensaba, que no era cierto.
La lección del Titanic era que la gente siguió intentándolo aunque sabía que no había esperanza: enviaron SOS, soltaron los botes hinchables, bajaron y trajeron el correo, soltaron a los perros… todos estaban decididos a salvar algo, a alguien, aunque sabían que no podían salvarse a sí mismos.
“No puedes rendirte —pensó Richard— Jack Phillips no lo hizo. Joanna no lo hizo.”
— Muy bien —dijo, y aunque no lo sabía, su voz sonó igual que la de Joanna en el contestador automático.
Se levantó. “Muy bien. Consigue en Personal el número de la señora Hobbs. Averigua quienes más fueron pacientes de la cinco-oeste ese día. Averigua quien los visitó. Repasa otra vez los escaneos y las transcripciones. Habla con Vielle. Habla con Bob Yancey. Sigue intentándolo.”
Volvió a conectar su busca y subió las escaleras, extendió la mano para abrir la puerta, y luego bajó de nuevo al rellano. Arrancó la cinta amarilla y quitó los restos de la barandilla.
Llevó la maraña de cinta arriba, hasta el puesto de enfermeras. Una enfermera estaba al teléfono, de espaldas a él.
—La escalera al segundo piso está despejada. La pintura está seca —dijo, dejando caer la masa de cinta sobre el mostrador—. ¿Está todavía Maurice Mandrake con la señora Davenport?
—Espere —dijo la enfermera al teléfono. Se volvió a medias y asintió.
—Gracias —dijo él, y se encaminó hacia el ascensor.
—No, espere, doctor Wright —llamó la enfermera, la mano sobre el micrófono—. No me di cuenta de que era usted… Richard regresó al puesto de enfermeras.
—Ha llamado alguien de Urgencias preguntando por usted. No sabía que estaba usted en la planta o habría ido a buscarlo. Fue hace sólo unos minutos.
—¿Era Vielle Howard? —interrumpió él.
—Sí, creo que sí. Le pregunté a las otras enfermeras, pero no sabían que usted…
—¿Dijo que quería que la llamara o que bajara a Urgencias?
—dijo que había alguien esperándolo en su laboratorio.
—¿Hombre o mujer?
—Hombre —dijo la enfermera.
“Carl Aspinall —pensó él, y corrió hacia el ascensor—. Ha cambiado de opinión. Debe de haber pensado en lo que dijo Kit.”
Pero cuando llegó a la sexta planta, no era Carl quien esperaba en la puerta del laboratorio.
Era el señor Pearsall.
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Un poco más y ya no estaré con vosotros, dónde estaré no puedo decirlo. De la nada venimos, a la nada vamos. ¿Qué es la vida? El destello de una luciérnaga en la noche.