Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Las Huellas Del Hombre Muerto
Las Huellas Del Hombre Muerto - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Las Huellas Del Hombre Muerto

Электронная книга - «Las Huellas Del Hombre Muerto». Краткое содержание книги:

Abby entro al elevador y las puertas se cerraron con el sonido de una pala levantando canto rodado. De pronto sintio el perfume de alguien mas y tambien de un limpiador con aroma de limon. El elevador se movio unos cuantos centimetros hacia arriba. Y ahora era demasiado tarde para cambiar de idea y salir: con el metal de las paredes presionandola, comenzo a caer por el vacio. Abby se dio cuenta de que acababa de cometer el peor error de su vida… En medio del caos de la manana del 9/11, el negociante Ronnie Wilson ve la oportunidad de su vida. Para salir de sus deudas, desaparecera y se re-inventara a si mismo en otro pais. / Abby stepped in the lift and the doors closed with a sound like a shovel smoothing gravel. She breathed in the smell of someone else's perfum, and lemon-scented cleaning fluid. The lift jerked upwards a few inches. And now, too late to change her mind and get out, with the metal walls pressing in around her, they lunged sharply downwards. Abby was about to realize she had just made the worst mistake of her life…Amid the tragic unfolding mayhem of the morning of 9/11, failed Brighton businessman and ne'er-do-well Ronnie Wilson sees the chance of a lifetime, to shed his debts, disappear and reinvent himself in another country.Six years later, the discovery of the skeletal remains of a woman's body in a storm drain in Brighton, leads Detective Superintendent Roy Grace on an enquiry spanning the globe, and into a desperate race against time to save the life of a woman being hunted down like an animal in the streets and alleys of Brighton. 'One of the most fiendishly clever crime fiction plotters'
1 ... 15 16 17 18 19 20 21 22 23 ... 106
Перейти на страницу:

– Casi hemos llegado -dijo él.

Pasaron por delante de una señal hexagonal amarilla con una bicicleta negra y se detuvieron en un cruce en forma de T, junto al tronco esquelético de un pino radiata coronado por un macizo grueso de agujas, como un tupé horroroso. Justo delante de ellos se levantaba una colina pelada y empinada, con arbustos aislados que parecían pegados con velcro.

Lisa, que era inglesa, sólo llevaba dos años en Australia. Se había marchado de Perth a Melbourne hacía unos meses y el terreno era totalmente nuevo para ella.

– ¿Cuándo estuviste aquí por última vez? -le preguntó.

– Hace años, diez quizá. Veníamos aquí de cámping con mis padres, cuando era pequeño -respondió-. Era nuestro lugar preferido. Te va a encantar. ¡Yujuuu!

Con un estallido repentino de euforia, pisó el acelerador. El coche salió propulsado hacia delante y tomó una curva a la izquierda en la autopista con un chirrido de neumáticos y un rugido atronador de los tubos de escape.

Al cabo de unos minutos, pasaron por delante de un cartel en un poste que ponía Río Barwon. Entonces MJ redujo y comenzó a mirar a la derecha cuando dejaron atrás otro cartel que decía Stonehaven y Fuerte Pollocks.

Un rato después, frenó bruscamente y giró a la derecha en un camino de arena.

– ¡Estoy seguro de que es aquí! -dijo.

Avanzaron dando botes durante quinientos metros más o menos. Campo abierto a su derecha, arbustos a su izquierda y un terraplén que acababa en un río que no podían ver. Pasaron por delante de un puente de vigas de acero montado sobre viejos contrafuertes de ladrillo a su izquierda, luego unos arbustos densos les taparon la vista. De repente, el camino descendía abruptamente, luego volvía a subir al final. Al cabo de unos minutos se ensanchaba unos metros y terminaba, y se convertía en hierba detrás de la cual había una densa maleza.

MJ detuvo el coche y puso el freno de mano. Una nube de polvo se arremolinó sobre ellos.

– Bienvenida al paraíso -dijo.

Se besaron.

Luego, unos momentos después, bajaron a un silencio cálido y total. El motor chisporroteó. El aroma a hierba seca flotó en el aire. Un ave del paraíso emitió un sonido como si alguien silbara «¡Yuuju!», luego calló. Abajo, serpenteando a lo lejos, estaba el agua brillante y, más allá, bajo el sol implacable del mediodía, había colinas marrones peladas con alguna acacia y algún eucalipto. El silencio era tan intenso que por un momento se sintieron como si fueran las únicas personas del planeta.

– Dios mío -dijo Lisa-, esto es precioso.

Una mosca zumbó delante de su cara y ella la apartó con la mano. Llegó otra y también la apartó.

– Las viejas moscas de siempre -dijo MJ-. ¡Es justo aquí!

– ¡Es obvio que se acuerdan de ti! -dijo Lisa cuando una tercera mosca se posó sobre su frente.

MJ le dio un puñetazo juguetón, antes de agitar la mano deprisa varias veces delante de su cara, brindando un saludo a la australiana para apartar a las moscas que seguían molestándole. Luego, rodeándola con el brazo, MJ guio a Lisa hasta una abertura en la maleza.

– Aquí era donde botábamos la canoa -explicó.

Lisa vio una ladera empinada y arenosa llena de helechos que formaba una grada natural hasta el río, más de unos treinta metros hacia abajo. El agua, de unos veinte metros de ancho, estaba quieta como un espejo. Sobre la superficie se habían posado algunos caballitos del diablo que se alimentaban de larvas de mosquito o ponían huevos, y había más rondando por encima. Los reflejos de la maleza en la otra orilla aparecían bien enfocados.

– ¡Guau! -exclamó Lisa-. ¡Guaaaaau! Esto es increíble.

Entonces se fijó en los palos blancos plantados a lo largo de la grada. Cada uno tenía unas marcas precisas en negro.

– Cuando era pequeño -dijo MJ-, el nivel del agua llegaba hasta aquí arriba. -Señaló el marcador más alto.

Lisa contó ocho palos descubiertos que llegaban hasta el agua.

– ¿Tanto ha bajado?

– El maravilloso calentamiento global -contestó él.

Entonces Lisa vio la cuerda atadas la rama larga de un árbol grueso como la pata de un elefante.

– ¡Saltábamos desde allí! -dijo MJ-. Era una caída corta.

Ahora habría unos cinco metros buenos.

Se quitó la camiseta.

– ¿Vienes?

– ¡Primero montemos la tienda!

– ¡Joder, Lisa, tenemos todo el día para montar la tienda! ¡Tengo calor! -Siguió desvistiéndose-.Y las moscas odian el agua.

– Dime cómo está… ¡Me lo pensaré!

– ¡Eres una blandengue!

Lisa se rio. MJ se quedó desnudo, luego desapareció unos momentos en la maleza. Un instante después, lo vio trepando por la rama larga. Alcanzó la cuerda, que parecía peligrosamente desgastada, se dio la vuelta y se agarró a ella.

– ¡Ten cuidado, MJ! -gritó Lisa, alarmada de repente.

Sujetándose con un brazo, se golpeó el pecho con el otro y dio un par de gritos a lo Tarzán. Entonces se columpió sobre el río, sus pies descalzos tocaron la superficie del agua. Se balanceó adelante y atrás varias veces, luego soltó la cuerda y se lanzó con un chapuzón ruidoso.

Lisa observó preocupada. Unos momentos después, MJ salió a la superficie y sacudió la cabeza para apartarse el pelo mojado de la cara.

– ¡Está buenísima! ¡Métete, cobardica!

Se puso a nadar, hizo un par de brazadas de crol poderosas y, luego, de repente, levantó la cabeza con cara de pánico.

– ¡Joder! -masculló-. ¡Mierda! ¡Auchh! ¡Me he dado un golpe en un dedo del pie!

Lisa se rio.

MJ se sumergió. Unos momentos después, asomó la cabeza fuera del agua y su rostro reflejaba pánico.

– ¡Mierda, Lisa! -dijo-. ¡Aquí abajo hay un coche! ¡Hay un puto coche en el río!

23

11 de septiembre de 2001

Lorraine miraba incrédula y petrificada. Había olvidado el cigarrillo apagado que sostenía entre los dedos. Una joven reportera, que hablaba con urgencia a la cámara, parecía ignorar totalmente que la Torre Sur, tan sólo a unos cientos de metros detrás de ella, estaba derrumbándose.

Estaba cayendo directamente del cielo, desapareciendo sobre sí misma, con pulcritud, con una pulcritud casi insoportable, como si por un breve instante Lorraine presenciara el truco de magia más increíble jamás representado. La periodista seguía hablando. Detrás de ella, los coches y la gente desaparecían debajo de los escombros y del remolino de polvo. Otras personas corrían para salvar su vida, corrían por la calle hacia la cámara.

«Dios mío, ¿es que no se da cuenta?»

Todavía ignorante, la reportera continuó leyendo el teleprompter o recitando lo que le decían por el pinganillo.

«¡¡Mira detrás de ti!!», quiso gritarle a la mujer.

Entonces, la reportera por fin se dio la vuelta. Y perdió por completo el hilo. Dio un paso a un lado, asustada y tambaleándose, luego otro. La gente pasaba corriendo junto a ella, empujándola, casi tirándola al suelo. Ahora la nube de polvo, que crecía desenfrenadamente, era tan alta como el propio cielo, tan ancha como la ciudad, y avanzaba hacia ella como una avalancha. Mirando en estado de shock, perpleja, dijo unas palabras más, pero no las acompañó ningún sonido, como si el cable se hubiera desconectado. Entonces la imagen se convirtió en un remolino gris de figuras imprecisas y caos cuando la cámara fue engullida.

Lorraine, que todavía llevaba sólo la parte de abajo del bikini, oyó varios gritos. La imagen en la pantalla cambió a un plano movido de un bloque de acero y cristal y escombros que se estrellaban contra un coche de bomberos rojo y blanco. Atravesó la escalera y luego aplastó toda la parte del medio, como si fuera un camión de juguete de plástico que un niño acabara de pisar.

1 ... 15 16 17 18 19 20 21 22 23 ... 106
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)