Oveja mansa [Bellwether - es]
- Автор: Уиллис Конни
- Год: 1997
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-7715-4
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Oveja mansa [Bellwether - es]». Краткое содержание книги:
Sandra acude al rescate aportando un rebaño de ovejas y una idea para un nuevo proyecto conjunto. ¿Qué otro animal podría ilustrar mejor la teoría del caos y la mentalidad de rebaño que tan a menudo caracteriza la conducta humana y su aceptación de las modas? Pero los descubrimientos científicos rara vez son directos y nunca resultan simples. Los contratiempos y desastres, los corazones rotos y los callejones sin salida abundan. Y las posibles soluciones son escasas.
Seis premios Nebula, cinco premios Hugo y el John W. Campbell Memorial en menos de diez años avalan la expcepcional habilidad narrativa de una de las mejores e inteligentes voces de la moderna ciencia ficción. Oveja mansa, construida como un divertimento en clave de comedia, es al mismo tiempo una penetrante reflexión sobre el mundo de la moda y el de la ciencia. Una obra insólita a la altura de El libro del día del juicio final y Remake.
—Tengo que ir a la biblioteca.
—Deberías pillar el libro Cinco pasos para enfocar el éxito.
Después de la cena, Billy Ray se fue a ref, y yo a la biblioteca a buscar el Browning. Lorraine no estaba allí, sino una chica con cinta adhesiva, hilos en el pelo y expresión hosca.
—Lleva tres semanas de retraso —dijo.
—Eso es imposible. Lo saqué la semana pasada. Y lo devolví. El lunes.
Después de haber probado Pippa con Flip y decidir que Browning no sabía de qué estaba hablando. Había devuelto el Browning y sacado Otelo, esa otra historia sobre malas influencias.
Ella suspiró.
—Nuestro ordenador indica que todavía está fuera. ¿Ha mirado en casa?
—¿Está por aquí Lorraine? —pregunté.
Ella puso los ojos en blanco.
—No-o-o-o.
Decidí que era mejor esperar a que lo estuviera y fui a los estantes a buscar el Browning yo misma.
Las Obras completas no estaba allí, y no pude recordar el nombre del libro que me había sugerido Billy Ray. Saqué dos libros de Willa Cather, que sabía cómo era de verdad la cocina de la pradera, y Lejos del mundanal ruido, en el que, según recordé, había ovejas; luego me puse a dar vueltas por la biblioteca tratando de recordar el nombre del libro de Billy Ray y esperando inspiración.
Las bibliotecas han sido responsables de un montón de logros científicos significativos. Darwin leía a Malthus por diversión (lo que debería decirnos algo respecto a Darwin), y Alfred Wegener paseaba por la biblioteca de la Universidad de Marburg, dando vueltas al globo terráqueo y rebuscando en papeles científicos, cuando se le ocurrió la idea de la deriva continental. Pero a mí no se me ocurrió nada, ni siquiera el nombre del libro de Billy Ray. Pasé a la sección de negocios para ver si recordaba el nombre cuando lo viera.
Algo sobre estrechar el enfoque, eliminar todo lo periférico. «Sólo puede tener una causa, ¿no?», había dicho Billy.
No. En un sistema lineal tal vez, pero el pelo corto no era igual que la sarna de las ovejas. Era como uno de los sistemas caóticos de Bennett. En él confluían docenas de variables, y todas ellas eran importantes. Se alimentaban unas a otras, iterando y reiterando, cruzándose y colisionando, afectándose unas a otras de formas que nadie esperaba. Tal vez el problema no era que tuviera demasiadas causas, sino que no tenía suficientes. Pasé al siglo XX y cogí Los locos veinte, y también Flappers, sufragistas y huelguistas, y Los años veinte: un estudio sociológico, y tantos libros sobre la época como pude cargar, y me los llevé todos al mostrador.
—Aquí aparece que debe usted un libro —dijo la chica—. Desde hace cuatro semanas.
Me fui a casa, emocionada por primera vez y convencida de que estaba sobre la pista adecuada, y empecé a trabajar en las nuevas variables.
Los años veinte habían estado repletos de modas: jazz, petacas, calcetines bajados, bailes locos, abrigos de mapache, carreras de maratón, maratones de baile, maratones de besos, coches Stutz, sentadas, puzzles. Y en medio de todas aquellas rodillas coloradas y derbies de sillas mecedoras y paraguas estaba la causa de que se impusiera el pelo corto. Trabajé hasta muy tarde y me fui a la cama con Lejos del mundanal ruido. Tenía razón. Trataba de las ovejas. Y las modas. En el capítulo cinco una de las ovejas se caía por un barranco, y las otras la seguían, lanzándose una tras otra a las rocas del fondo.
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AFLUENTES