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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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Saber puso los ojos en blanco por su saludo poco convencional. Un débil ceño revoloteó por sus rasgos, y por un breve momento su oscura mirada descansó sobre su pequeña cara.

– Está enferma, Les, no va a ir esta noche -deliberadamente, ignoró las señales frenéticas de Saber, sosteniendo el aparato receptor lejos de ella, rechazándola con una mano.

– Puedo ir en caso de que me necesiten -siseó. Su mirada resbaló por su áspera belleza y se estrechó especulativamente. ¿Era una mancha de lápiz de labios rojo brillante a lo largo de la sombra azulada de su mandíbula? Su puño se apretó con fuerza. ¿Le había permitido a esa bruja que le besara?

– ¿Qué tipo de llamadas? ¿Amenazas? ¿Qué diablos significa “no exactamente”? -Jess sonó impaciente-. Si alguien acosa a la radio, o a Saber en particular, entonces llama a la policía.

– No -Saber intentó agarrar otra vez el teléfono, con cara pálida-. Jesse -gimió cuando él giró la silla, manteniéndose de espaldas a ella, evitando que alcanzase el aparato receptor.

– ¿Qué es exactamente lo que él dice? Sí, así es. Llama a la compañía de seguridad, haz que duplique la guardia alrededor de la radio. ¿Esta Brady de guarda esta noche? Pídele que me llame. Seguro, Les, gracias por llamar -colocó el parador en su soporte y giró la silla para confrontarla.

– Esa era mi llamada telefónica, Jesse -protestó Saber, su corazón se apretó con alarma-. No tenías ningún derecho de mantenerme alejada.

Como siempre, no le pareció que estuviera un poco al menos intimidado o disgustado por su arrebato.

– Siéntate antes de que te caigas -sugirió serenamente él-. Estas temblando.

– De ira -explotó ella, pero se sentó, asustada de que sus estremecedoras piernas no la sostuvieran.

– De miedo. Háblame sobre ello, Saber. ¿A quién estás esperando? ¿Cuán peligroso es él?

Tercamente su barbilla se elevó.

– No es mi culpa si algún chiflado llama a la radio. Sucede. No tiene nada que ver conmigo. Por mí, como si triplicas la guarda en la radio.

– No te preocupes -dijo Jess-. Lo haré. Les dice que el hombre ha llamado nueve veces, anoche y esta mañana. Brian registró un par de llamadas en su turno también. No te ha amenazado, pero quiere conocerte.

– Todo el mundo quiere conocerme. Soy linda.

– Tu voz es sexy como el infierno y eso induce a todas clases de ideas.

– ¿Puedes por favor limpiarte esa repugnante cosa de tu cara? Apenas puedo estar de pie mirándote -se quebró ella.

Su ceja se alzó rápidamente.

– ¿Qué repugnante cosa?

– Lo sabes muy bien. Precisamente tuviste que dejar que ella te besará, y tienes su lápiz de labios por todos partes.

Sus ojos ardieron como el negro terciopelo.

– Tendrás que hacer eso, cariño. No lo puedo ver.

Saber sacudió la cabeza.

– De ninguna manera. Dejaste que ella lo pusiera allí, por tanto puedes quitártelo por ti mismo.

Jess se encogió de hombros.

– Supongo que tendrá que quedarse de esta manera.

Ella le miró con rencor.

– Sabes dónde te besó.

– No lo recuerdo -tuvo que esforzarse para alejar la amplia sonrisa de su cara.

Furiosa, Saber se levantó de un salto, humedeció un trapo, y se dobló sobre él, limpiando la desagradable mancha de lápiz de labios a lo largo de su mandíbula.

– Te podría dar una bofetada, Jesse.

Él la empujó sobre su regazo, exactamente donde había tenido intención de tenerla en el momento en que ella había bajado por la escalera.

– Gracias, cariño, te lo agradezco. No me habría gustado ir por ahí todo el día con la marca de Chaleen sobre mí.

– Pero la tendrías -Saber no estaba dispuesta a perdonarlo-. Todo el día, sólo por sacarme de quicio.

– ¿La tendría?

– Por supuesto.

– Bueno, ya que estamos hablando -sacó el cuchillo militar de su envase y lo puso delante de ella-. Pensé que tenía que devolverte esto.

Saber se quedó absolutamente quieta.

– ¿Dónde encontraste eso? -no lo tocó.

– Tuviste una pesadilla. Antes de que te despertase, trataste de protegerte.

Saber se bajó de un salto de su regazo, evitando con cuidado el cuchillo, y se quedó mirándolo, con una mirada de horror estampada en su pálida cara.

– ¿Qué hice? ¿Te ataqué, Jesse?

Las lágrimas inundaron sus ojos, y cuándo se movió hacia ella, ella se echó hacia atrás, poniéndole una mano en su brazo para mantenerlo a distancia.

– No. No. Si hice eso, ya no es seguro para ti. Tengo que marcharme. No puedo creer que hiciera eso.

No era la reacción que él quería o esperaba. Si ella era una actriz, entonces era la mejor que alguna vez había visto. Podía sentir su angustia, como ondas emanando de ella, angustia y miedo. Ambas emociones se trasmitieron tan fuertes que lo abrumaron. Su cuerpo reaccionó con signos de tensión nerviosa, aumentando la frecuencia cardiaca tan dramáticamente que se presionó la mano sobre el pecho.

Los ojos de ella se abrieron aún más y alejo de un tirón la mano de él, frotando la palma sobre el muslo, con el miedo en sus ojos.

– ¿Cuál es el problema? ¿Es tu corazón? Jesse, contéstame ahora mismo.

Él sintió el alivio instantáneamente, la presión de su pecho se aflojo, su corazón se calmó hasta la normalidad.

– Estoy bien, bebé, sólo siéntate y deja de trastornarte por pequeñeces.

– Sacarte un cuchillo no es “nada”, Jesse.

– Yo te saque una pistola. Somos una pareja violenta.

– Eso no es divertido. Nada de esto es gracioso. Guardé el cuchillo en mi dormitorio para protegerme, pero nunca pensé que alguna vez tendría una pesadilla y trataría de usarlo sobre alguien. No puedo quedarme aquí.

Saber tomó una profunda respiración para tranquilizarse y forzó al aire a través de sus pulmones, tratando de mantenerse tranquila. ¡Oh Dios! ¿Casi le había matado? ¿Primero con su toque y luego con un cuchillo? Quería correr rápido y muy lejos de sí misma.

El humor tenue abandonó la cara de Jess, dejando su expresión sombría y fría.

– No seas ridícula, Saber. Puedes tirar lejos el cuchillo si estas asustada, pero marcharse no soluciona nada.

Si sólo fuera tan fácil como tirar lejos un cuchillo.

– Marcharme te mantiene a salvo.

– ¿Tú crees? ¿Realmente lo crees?

Ella estaba tan contrariada. Nunca había estado enferma antes, ni una vez en su vida. Y nunca había cometido tal error antes, pero ¿estaba Jess en peligro? ¿Representaba Chaleen un peligro para él? Y allí estaba el desasosiego que ella no podía sacudirse, la sensación de ser observada. Incluso había salido la noche anterior alrededor de las cuatro de la mañana y había patrullado los parámetros de la propiedad, pero no había visto a nadie. Pensaba hacer lo mismo esta noche, porque iba a asegurase totalmente de que ella no iba a volcar su infierno sobre Jesse.

Ella saltó, necesitando poner distancia entre ellos.

– No quiero hablar contigo más. Me voy arriba.

Un músculo se sacudido en su mandíbula.

– Adelante, Saber, corre como un conejo, entierra la cabeza bajo la almohada.

Saber escapó sin una mirada atrás, corriendo rápidamente hasta el santuario de su habitación. Le había sacado un cuchillo a Jess y él había podido desarmarla. Tuvo que haber sido porque estaba todavía dormida. Él no podía usar sus piernas. Estaba indefenso, de verdad. Enterrando la cabeza en la almohada, ella trató de dejar la mente en blanco, trató de bloquear la imagen de dañar a la única persona en el mundo que le importaba.

Pero estaba indefenso. Y tenía enemigos, tal vez tantos como los que tenía ella. Alguien tenía que cuidarlo. No se percataba de lo vulnerable que realmente estaba en esa silla. La necesitaba. La necesitaba velar por él. Yació despierta con los ojos clavados en el cielo raso, tratando de averiguar que hacer sin necesidad de dejarle.

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