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Cuerpo de Muerte

Электронная книга - «Cuerpo de Muerte». Краткое содержание книги:

Thomas Lynley vuelve de su permiso tras la muerte de su mujer porque su equipo no se fía de la capacidad de la nueva jefe del departamento, la inspectora Isabelle Ardery, cuyo estilo a la hora de liderarlos parece molestar a todos y cada uno de los componentes del equipo. El conflicto empieza cuando se encuentra el cadáver de una mujer apuñalada en un aislado cementerio de Londres. Mientras que Lynley empieza sus pesquisas en la ciudad de Londres, sus anteriores colegas Barbara Havers y Winston Nkata siguen la pista hacia el sur de la ciudad. Allí descubrirán que las pistas se dirigen hacia el hermoso bosque llamado New Forest. Lo que no saben es que más de un oscuro secreto acecha en el bosque y que la investigación va a llevarlos a un final que es tan sorprendente como terrible.
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Robbie Hastings parecía estar explicándole todo eso a un numeroso grupo de pensionistas con bermudas, zapatos acordonados y cámaras colgadas del cuello. Les había reunido junto a su Land Rover, en cuya parte trasera llevaba enganchado un remolque para caballos. A Meredith le pareció que Robbie había venido en busca de uno de los ponis del New Forest, algo que era inusual en esta época del año. Pudo ver al animal, inquieto, dentro del remolque. El hombre señalaba al animal mientras hablaba.

Meredith echó un vistazo a su pastel de chocolate cuando bajaba del coche. El baño que lo cubría se había derretido en la parte superior y comenzaba a formar un pequeño charco viscoso en la base. Varias moscas habían conseguido dar con él, pero el pastel era como una de esas plantas que comen insectos: cualquier cosa que aterrizaba sobre su superficie quedaba enlodado en esa mezcla de azúcar y cacao. Muerte por placer. El pastel estaba arruinado.

Ya no importaba. La situación estaba completamente descontrolada, y Robbie Hastings debía ser informado. Porque había sido el único padre para su hermana desde que ella tenía diez años, una posición a la que le había llevado un accidente de coche cuando tenía veinticinco años. El mismo accidente de coche que le había catapultado a la profesión que jamás pensó que conseguiría: uno de los, sólo, cinco agisters que trabajaban en el New Forest sustituyendo a su propio padre.

– … ésa es la razón por la que no debemos permitir que los ponis permanezcan en un solo lugar.

Robbie parecía estar completando sus observaciones ante un público con aspecto culpable por lo que aparentemente habían almacenado para la ocasión: manzanas, zanahorias, terrones de azúcar y cualquier cosa que pudiese atraer a un poni y que no formase parte de su alimentación natural. Cuando Robbie acabó con sus observaciones -expresadas con paciencia mientras los visitantes no dejaban de tomarle fotografías, aunque no llevaba su atuendo formal, sino que iba vestido con tejanos, camiseta y una gorra de béisbol-, saludó brevemente con la cabeza y abrió la puerta del Land Rover, dispuesto a marcharse de allí. Los turistas se alejaron hacia el pueblo y el pub, y Meredith se abrió paso entre ellos mientras llamaba a Robbie.

El hombre se volvió. Meredith se sintió como siempre en cuanto lo veía: llena de afecto, pero a la vez terriblemente apenada por el aspecto que le daban esos enormes dientes. Hacían que la boca fuese lo único que se percibía de él, y era realmente una lástima. Tenía buena planta, era fuerte y masculino, y sus ojos eran únicos: uno marrón y el otro verde, igual que los de Jemima.

Su rostro se iluminó.

– Merry Contrary [6].

– Han pasado muchos años, niña. ¿Qué estás haciendo en esta parte del mundo?

Llevaba guantes, pero se los quitó y extendió los brazos espontáneamente hacia ella, como siempre había hecho.

Meredith le abrazó. Ambos estaban acalorados y transpirados, y Robbie desprendía un olor ácido, mezcla de hombre y caballo.

– Qué día, ¿eh?

Robbie se quitó la gorra de béisbol revelando un cabello que hubiese sido grueso y ondulado si no lo llevara tan corto y pegado al cráneo. Era castaño y ya moteado de gris, algo que a Meredith le recordó su distanciamiento con Jemima. Tuvo la sensación de que la última vez que había visto el pelo de Robbie era aún completamente castaño.

– Llamé a la oficina de los guardas mayores, y me dijeron que estarías aquí -contestó ella.

Robbie se secó la frente con el antebrazo, volvió a ponerse la gorra y se la caló con fuerza.

– ¿Sí? ¿Qué hay? -Miró por encima del hombro mientras el poni se paseaba ruidosamente dentro del remolque y golpeaba contra los costados. El remolque se sacudió-. Eh, para ya -dijo al tiempo que hacía chasquear la lengua-. Sabes que no puedes quedarte aquí, en el Queen's Head, amigo. Tranquilo. Tranquilo.

– Jemima -dijo Meredith-. Es su cumpleaños.

– Así es. Y también es el tuyo. Lo que significa que tienes veintiséis años, y eso significa que yo… Dios mío, tengo cuarenta y uno. A estas alturas pensarías que habría encontrado una muchacha dispuesta a casarse con este pedazo de tío, ¿verdad?

– ¿Nadie te ha echado el lazo? -dijo Meredith-. Las mujeres de Hampshire están medio locas, Rob.

Él sonrió.

– ¿Qué me dices de ti?

– Oh, yo estoy completamente loca. Ya he tenido a mi único hombre, muchas gracias. No pienso repetir la experiencia.

Robbie volvió a sonreír.

– Maldita sea, Merry. No sabes cuántas veces he oído decir eso. ¿Para qué me has buscado, si no es para ofrecerme tu mano en matrimonio?

– Se trata de Jemima, Robbie, fui al Cupcake Queen y vi que estaba cerrado. Luego hablé con Lexie Streener y más tarde fui a su casa (la de Gordon y Jemima), y allí me encontré a una mujer, Gina Dickens. Ella no está viviendo allí ni nada por el estilo, pero está…, supongo que podríamos decir que está instalada. Y no sabe absolutamente nada acerca de Jemima.

– Entonces, ¿no has tenido noticias de ella?

– ¿De Jemima? No. -Meredith titubeó. Se sentía muy incómoda. Miró a Robbie tratando de leer su expresión-. Bueno, supongo que ella debe haberte explicado…

– ¿Lo que pasó entre vosotras dos? -preguntó-. Oh, sí. Me contó que os enfadasteis hace algún tiempo. No pensé que fuese algo permanente.

– Bueno, yo tenía que decirle que tenía mis dudas con respecto a Gordon. ¿No están los amigos para eso?

– Yo diría que sí.

– Pero todo lo que ella me respondió fue: «Robbie no tiene ninguna duda acerca de él, ¿por qué las tienes tú?».

– ¿Eso fue lo que te dijo?

– ¿Tenías dudas? ¿Igual que yo? ¿Las tenías?

– Oh, así es. Había algo en ese tío. No era exactamente que no me cayera bien, pero si Jemima iba a formar una pareja, me hubiera gustado que fuese con alguien que yo conociera bien. Y no conocía muy bien a Gordon Jossie. Pero considerando cómo se desarrollaron los acontecimientos, no tenía que haberme preocupado (lo mismo se aplica a ti), porque Jemima descubrió lo que fuera que debía descubrir cuando se lió con él, y fue lo bastante inteligente para dar por terminada la relación cuando pensó que debía hacerlo.

– ¿Qué significa eso exactamente? -Meredith cambió de posición. Se estaba cociendo bajo el sol. En este punto empezó a sentir como si todo su cuerpo se estuviese derritiendo, igual que su pobre pastel de chocolate en el coche-. Escucha, ¿podemos salir del sol? -preguntó-. ¿Podemos beber algo? ¿Tienes tiempo? Es necesario que hablemos. Creo que… Hay algo que no está bien.

Robbie miró hacia donde estaba el poni y luego a Meredith. Asintió al tiempo que decía: «Pero no en el pub». Cruzaron el aparcamiento hasta una pequeña arcada donde había puestos que vendían bebidas y bocadillos. Llevaron los suyos a la sombra de un castaño que extendía sus frondosas ramas sobre el borde del aparcamiento, donde un banco miraba hacia un prado que se abría en forma de abanico.

Un nutrido grupo de turistas estaba haciendo fotos a los ponis que pastaban con sus potrillos cerca de allí. Los animales eran especialmente llamativos, pero también muy asustadizos, lo que hacía que acercarse a ellos y a sus madres fuese más peligroso de lo habitual. Robbie observó el cuadro.

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[6] Merry Contrary es parte de una canción de cuna muy popular en Inglaterra y, en este caso, es un juego de palabras con el diminutivo de Meredith.

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