Depredador de Suenos
- Автор: Кеньон Шеррилин
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Depredador de Suenos». Краткое содержание книги:
Simone Dubois es una forense la cual no se asusta por gran cosa, especialmente ya que es una psíquica y puede ver y oír a las personas con quienes está trabajando. Cuando ellos la empujan hacia otra víctima, no piensa demasiado en ello, hasta que él se levanta de la mesa y empieza a marcharse.
Xypher no quiere perder el tiempo con esa mujer humana y sus preguntas. Pero no pasa demasiado antes de que los misteriosos atentados contra la vida de Simone obliguen a Xypher a permanecer entre la mujer que está empezando a tocar el corazón que él pensaba había muerto hace tiempo y el peligro que amenaza la vida de ella.
Acheron cogió la mano en las suyas y la sostuvo en alto para poder estudiar el cierre. Después de un momento, le soltó el brazo y miró a Xypher.
– ¿Quieres las buenas noticias primero o las malas?
– ¿Realmente importa?
La comisura de la boca de Acheron se curvó con una sonrisa de burla.
– No para mí… Las malas noticias, no puedo tocarlo. Quiero decir que puedo, pero ambos moriríais si lo manipulo.
Xypher maldijo.
– ¿Quién infiernos inventó esto?
Acheron colocó ambas manos en las asas de la mochila para anclarla sobre su chaqueta.
– Archon, el rey de los dioses Atlantes. Confía en mí, era un gilipollas integral.
Simone dejó salir el aire que no se había dado cuenta que retenía. Esto no parecía particularmente agradable para ellos.
– ¿Y las buenas noticias?
– Alguien tiene una llave y no, no te marchitarás y morirás porque lo tengas. En teoría puedes vivir una eternidad vinculados juntos con esto.
– ¿Pero? -preguntó ella.
Acheron inclinó la cabeza.
– Siempre hay un pero implicado, ¿verdad?
Desafortunadamente.
– ¿Y este sería?
– Quienquiera que tenga la llave no la cederá fácilmente dado que está en las manos de quienquiera que convocó el brazalete, y estoy seguro de que no te la enviaron unos colegas como regalo de broma. Pero espera, hay más… la pulsera tiene una baliza rastreadora para ellos.
Oh, a ella no le gustaba como sonaba eso.
– No me jodas -dijo Xypher en un tono tan bajo y mortal que la hizo temblar.
– Ni en tu mejor día. Dado que la idea de los brazaletes es la de localizar a un enemigo y vencerlos, están equipados con todo lo que tu enemigo necesita para matarte. La llave maestra no podrá encontrarte no importa donde vayas, pero cualquier debilidad que tengas será revelada ante él… o ella. -Acheron miró a Simone-. Los Atlantes jugaban para ganar.
– Lo cual es por lo que están todos muertos, ¿correcto? -preguntó Xypher.
Acheron se encogió de hombros.
– Eso es la cadena alimenticia para ti. Incluso aquellos en la cima son comida para alguien más. Tarde o temprano, todos somos comidos por algo.
Xypher giró su atención a ella.
– Mira, la humana no hizo nada para estar en este lío. ¿Hay algo que puedas hacer para sacarla de esto?
Simone estaba aturdida ante lo que había pedido.
Acheron le hizo un melancólico gesto con la cabeza.
– Ojalá. Créeme, nada me cabrea más que ver a un inocente sufrir. La única manera de liberarla es consiguiendo la llave y abriendo el brazalete.
Xypher maldijo otra vez.
– Sabes que probablemente esté en Kalosis, ¿verdad? ¿Alguna oportunidad de que puedas ir por ella?
Acheron rió.
– Te aseguro que si fuera allí para hacer eso, tendrías peores problemas en tus manos que matar a Satara.
– ¿Puedes al menos deshacerte de ella por mi?
Acheron se burló.
– ¿Cómo que ella no lo vería venir? A ti te teme. A mi me odia activamente.
Xypher se encontró con la mirada de Simone y la sostuvo. Por primera vez, ella vio algo dentro de él que parecía humano. Un pequeño chip en esa maldad que parecía envolverse a su alrededor como una capa.
– Pero hay algo que puedo hacer por ti. -Acheron se estiró y tocó el hombro de Xypher.
Xypher dejó salir un jadeo mientras su cuerpo se iluminaba. Echó la cabeza hacia atrás y gimió como si un relámpago se moviera por él.
Simone se encogió ante la vista de él temblando.
Después de un minuto, levantó su camisa para mostrar que su herida se había ido. Ni siquiera una cicatriz permanecía para estropear su paquete de abdominales perfecto.
– Gracias.
Acheron inclinó la cabeza, luego miró más allá de ella, a Jesse.
– Tú eres la mejor defensa de Simone. En cualquier momento que un demonio se acerque a ellos, hay una pequeña ruptura en el plano mortal. Se siente como un hormigueo en tu espina dorsal. Puedes darles unos pocos segundos de aviso antes de que les ataquen.
Jesse parecía tan sorprendido como ella.
– ¿Cómo sabes que estoy aquí?
Acheron sonrió.
– Sé muchas cosas.
Jesse sonrió ampliamente.
– Hombre, me gusta pasar el tiempo con esta gente. Me ven y me oyen. No tienes ni idea que cuan refrescante es esto.
Dando un paso más cerca de Simone, Acheron se quitó una muñequera de cuero de su muñeca y se la abrochó en el brazo izquierdo.
– Esto te dará la fuerza del demonio que te ataque. Lo que no hará es hacerte mejor luchador y no evitará que mueras. De cualquier forma, si golpeas a un demonio en la cabeza con algo, te aseguro que no se reirán de tus intentos.
Se inclinó para susurrarle al oído.
– Hay algo dentro de ti, Simone, que te asusta. Lo has ocultado toda tu vida, pero sabes que está allí. Acechando y afligido por ser libre. Sé que huyes de ello. No lo hagas. Es la única cosa en esto que te salvará la vida. Alcanza tu interior y abraza lo que realmente eres. Cuando estés preparada, no necesitarás mi pulsera para ayudarte.
Y con eso se desvaneció.
Su brazo todavía hormigueaba donde lo había tocado. Miró a Jesse.
– ¿Qué demonios fue eso?
Jesse giró las manos hacia fuera y se encogió de hombros.
La mirada de Simone fue de él a Xypher y durante un latido del corazón captó un destello de su vulnerabilidad. En sus ojos había pena, tristeza y un dolor tan profundo que hicieron que su respiración se atascara. Quería estirarse hacia él, pero temía cuan violentamente reaccionaría a tal gesto.
Carson se aclaró la garganta.
– No quiero ser grosero, chicos, pero creo que lo mejor es que os vayáis. La idea detrás del Santuario es que sea un refugio. La última cosa que necesitamos es tener a un demonio estallando aquí, el cual no está vinculado por nuestras leyes.
Eso evaporó todas las emociones de los ojos de Xypher excepto la severa determinación.
– No te preocupes, no voy a mancillar tu prístino palacio con mi presencia.
La siguiente cosa que Simone supo fue que estaban fuera, de pie en Ursulines Street. Claramente nadie parecía haberlos visto hacer pop de ningún sitio.
Jesse se le unió.
– Desearía que pararas de hacer eso.
– ¿Tú desearías? -preguntó ella-. Intenta estar en mis zapatos. Me marea.
Xypher le dio una mirada amenazante.
– La vida me marea, pero date cuenta de que estoy aquí. A nadie le importó un comino lo que yo pensaba sobre esto antes de que me trajeran aquí.
Simone odiaba verlos volver a eso.
– Xypher, tregua, por favor. Lo tengo. Estás amargado. Sabes, no eres el único que se siente golpeado por la vara de la vida. Créeme. Me quedé huérfana a la edad de 11 y pasé tres años en un hogar de niños antes de ser finalmente adoptada. Somos todos supervivientes en este cruel universo. El único amortiguador que tenemos es la otra gente.
Se burló amargamente de ella.
– Dioses, eres ingenua. El único amortiguador que tenemos es nosotros mismos y cuanto dolor podemos tolerar antes de que finalmente nos quiebren.
Simone sentía lástima por él si eso era lo mejor que podía hacer. Pero entonces recordó una vez cuando se había sentido exactamente como él. Jesse era la única razón para sostenerse. No estaba segura de si hubiera salido del oscuro agujero donde había vivido después de la muerte de sus padres sin él.
Era obvio que Xypher nunca había confiado en otra persona. Ni siquiera en un fantasma.
Su garganta se apretó fuertemente con un dolor comprensivo, empezó a caminar por Chartres Street. Su apartamento estaba en Orleáns, no demasiado cerca, pero no tan malo como una caminata tampoco. El paseo sería más rápido que intentar conseguir un taxi.