Bajo el brillo de la luna
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Bajo el brillo de la luna». Краткое содержание книги:
UN AMOR A PRIMERA VISTA…
Victoria ha tenido que acostumbrarse a vivir sin Robert, a olvidar su olor, la música de su voz, los profundos ojos que la acariciaban con simplemente mirarla. Su existencia ahora se limita a cuidar de un mocoso malcriado y a sufrir el desprecio y los ataques de aquellos que se creen por encima de una solitaria doncella de provincias. Nunca había imaginado volverlo a ver, y de pronto, el futuro conde de Macclesfield ha regresado a su vida como un torbellino. Pero esta vez, Victoria ha aprendido la lección. Robert ya le rompió el corazón en el pasado, y ella no permitirá que lo haga de nuevo.
… CONVERTIDO EN AMARGA TRAICIÓN
Robert Kemble, conde de Macclesfield, únicamente necesitó posar los ojos en la graciosa muchacha que saltaba las rocas del arroyo para enamorarse perdidamente, y una simple noche para convertirse en el hombre más infeliz de la Tierra. Victoria Lyndon, la hija del vicario y la damisela más dulce y cautivadora del condado, le partió el alma en dos cuando le dejó plantado mientras esperaba con entusiasmo juvenil la huída que les permitiría iniciar una vida juntos. Y ahora, casi una década después, vuelve a encontrarla, justo delante de sus ojos, su furia latente, su belleza irresistible… ¿Cómo olvidar a quien le robó el corazón por primera vez?
Victoria negó con la cabeza. No podía darse el lujo de colocar Robert en un pedestal. Y si trataba de verla a solas de nuevo, tendría que rechazarlo otra vez. No importaba si su corazón se disparataba cada vez que lo veía, o si su pulso aceleraba, o si su…
Se obligó a detenerse en medio del pensamiento y forzó a su mente a volver de nuevo a la cuestión importante. Ella y Neville estaban tomando su paseo diario por los terrenos Hollingwood. Por primera desde que recordaba, que no la había pisado en un pie o le mostraba algún pobre insecto clavado en un palo. Y él la llamaba señorita Lyndon en cada oportunidad que tenía. Victoria se congratulaba de que finalmente había aprendido una lección de modales. Tal vez podría haber esperanza para el niño después de todo.
Neville corrió por delante, y luego dio media vuelta y volvió corriendo a su lado. -Señorita Lyndon-, dijo con mucha gravedad, -¿Tenemos planes especiales para hoy?
– Me alegro que lo preguntes, Neville,- contestó ella. -Vamos a jugar un nuevo juego de hoy.
– ¿Un nuevo juego?- La miró con un poco de recelo, como si hubiera descubierto ya todos los juegos que valían la pena de Gran Bretaña.
– Sí-dijo con fuerza – Hoy vamos a hablar de los colores.
– ¿Los colores?-, Dijo con esa manera particular que tienen los niños de cinco años de transmitir su displicencia. -Ya sé los colores. – y comenzó a enumerarlos. -Rojo, azul, verde, amarillo…
– Vamos a aprender nuevos colores-, lo interrumpió.
– … púrpura… -él gritaba ahora.
– ¡Neville Hollingwood!- Victoria habló con su voz más severa.
Él chico se calmó, algo que probablemente no lo habría hecho antes de la intervención de Robert.
– ¿Tengo tu atención ahora?-, Preguntó Victoria.
Neville asintió con la cabeza.
– Excelente. Ahora bien, hoy vamos a estudiar el color verde. Hay muchos diferentes tonos de verde. Por ejemplo, la hoja de ese árbol de allá no es exactamente el mismo color de la hierba sobre la que estamos parados, ¿verdad?
La cabecita de Neville se movió arriba y abajo observando la hoja y la hierba. -No-dijo, como si no pudiera creer lo que estaba viendo. -No lo es.- Levantó la vista con entusiasmo. -¡Y no es absolutamente el mismo color que la franja de su vestido!
– Muy bien, Neville. Estoy muy orgullosa de ti. – Sonrió.
– Vamos a ver cuántos diferentes tonos de verdes que podemos encontrar. Y una vez que hayamos terminado vamos a encontrar los nombres de todos estos verdes.
– No es el musgo en las piedras en el estanque.
– Sí, desde luego. Lo llamaremos verde musgo.
– ¿Cuál es el verde de su vestido se llama?
Victoria bajó la vista y contempló su vestido gris. -Creo que se llama verde del bosque.
Él entornó los ojos con recelo. -Es mucho más oscuro que el bosque.
– No por la noche.
– Nunca he estado fuera en el bosque por la noche.
Victoria sonrió. -Yo si.
– ¿En serio?- Él la miró con más respeto.
– Mmm, hmm. Ahora bien, ¿qué otros colores puedes encontrar?
– ¿Qué pasa con el vestido que mi mamá llevaba esta mañana? Era un color repulsivo, pero era verde.
Victoria se mostró de acuerdo con su evaluación de vestir de lady Hollingwood, pero ella no iba a decirlo. -El vestido de tu madre no era “repulsivo” Neville -, dijo diplomáticamente. -Y pedimos que el color…er, supongo que podría llamarse verde salobre.
– Salobre.- Él dejó rodar la palabra en su boca por un momento antes de señalar con su dedo regordete a la derecha de Victoria.
– ¿Qué pasa con el abrigo de su señoría? Eso es verde, también.
Victoria sintió que su estómago se desplomaba a algún lugar en las cercanías de sus pies cuando ella volvió la cabeza. Ella gimió. Tenía que ser Robert. Había por lo menos una docena de “su señoría” en la propiedad para la fiesta, pero no, tendía que ser Robert caminando hacia ellos.
No es que ella pensaba que esto fuera una coincidencia.
– Buenos días, señorita Lyndon, joven Neville. -Robert los saludó con una reverencia cortés.
Victoria asintió con la cabeza, tratando de ignorar la forma en que su corazón se alzaba en una desesperante carrera. Dejó escapar un bufido, profundamente disgustada consigo misma.
– Eso es ciertamente un saludo agradable-, dijo Robert, sonriendo ante su reacción.
Su mirada se cruzó con la suya, y Victoria sintió el aliento salir de su cuerpo. Probablemente habría quedó inmóvil toda la tarde, mirando sus ojos, si Neville no les hubiera interrumpido.
– ¡Mi lord! ¡Mi lord!-Dijo la voz desde abajo.
A regañadientes, Victoria y Robert bajaron sus cabezas.
– Estamos practicando colores-, dijo Neville con orgullo.
– ¿Es así?- Robert se agachó al nivel del niño. -¿Sabía usted que los objetos tienen su color debido a ciertas propiedades de la luz? Uno no puede ver los colores en la oscuridad. Los científicos llaman a este concepto de la teoría ondulatoria de la luz. Es una teoría relativamente nueva.
Neville parpadeó.
– Mi lord, -dijo Victoria, incapaz de reprimir una sonrisa. Siempre había sido tan apasionado por las ciencias. -Puede que esto vaya un poco más allá del alcance de un niño de cinco años de edad.
Él la miró con timidez. -Oh, sí, por supuesto.
Neville tosió, claramente queriendo dirigir la conversación hacia el asunto en cuestión.
– Hoy-dijo con firmeza,- estamos hablando de verde.
– ¿Verde, dice usted?- Robert levantó el brazo y fingió mirar la manga con gran interés. Estoy vestido de verde.
Neville sonrió ante la atención que estaba recibiendo de Robert. -Sí, estábamos hablando de ti.
Robert dirigió una mirada inquisidora en dirección a Victoria. -¿En serio?
– Sí-. Neville se volvió hacia Victoria. -¿Señorita Lyndon, no estábamos hablando abrigo de su señoría?
– Por supuesto que sí:- Victoria replicó, no se divertía en lo más mínimo.
El muchacho le tiró de la manga. -¿Qué tipo de verde que es?
Victoria observó el abrigo de Robert, una prenda de vestir tan expertamente cortada que muy bien podría haber sido clasificada como una obra de arte.
– Verde botella, Neville. Se llama verde botella.
– Verde botella-, repitió. -. Hasta ahora he aprendido el verde musgo, el verde botella, el verde salobre, que realmente debería llamarse verde asqueroso.
– ¡Neville!- lo reprendió Victoria.
– Muy bien.-Suspiró-. No voy a llamarlo verde asqueroso. Pero- El chico levantó la mirada escrutadora hasta Robert. -¿Sabe usted de qué color es la banda sobre el vestido de Señorita Lyndon?
Robert se puso de pie, dejando que sus ojos se posaran sobre la línea, que resultó estar en su corpiño. -No-dijo, sin mirar hacia abajo a Neville. -No lo sé.
Victoria contuvo el impulso para cubrir sus pechos con las manos. Era absurdo, lo sabía, porque estaba completamente vestida. Pero ella se sentía como si Robert pudiera ver directamente su piel.
– Es de color verde bosque-, proclamó Neville. -Y la señorita Lyndon lo sabe, porque ella ha estado en el bosque por la noche.
Robert arqueó una ceja. – ¿Realmente?
Victoria tragó con dificultad, tratando de no recordar la noche mágica que había escapado de su habitación y paseado a través del bosque en Kent con Robert. Era imposible, por supuesto. Esos recuerdos jugaban conmovedoramente en su mente todos los días.
– Uno no puede ver los colores en la oscuridad-, dijo malhumorada. -El conde lo ha dicho.
– Pero usted dijo que el verde bosque era tan oscuro como el bosque de noche-insistió Neville.
– Tal vez si la luna estuviera en lo alto-, se dijo Robert. -Uno podía ver un poco de color, y sería tan romántico.