El Largo Viaje
- Автор: Semprun Jorge
- Год: 1963
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «El Largo Viaje». Краткое содержание книги:
Ya está bien, me voy. No tengo nada que ir a buscar, puedo marcharme tal y como estoy. Tengo unas botas rusas de caña flexible, unos pantalones gruesos de teia rayada, una camisa de la Wehrmacht y un jersey de lana de madera gris, con adornos verdes en el cuello y las mangas, y unas letras grandes pintadas en negro a la espalda: KL BU. Ya está bien, me voy. Se acabó, me marcho. El chico de Semur murió, yo me voy. Los hermanos Hor-tieux han muerto, yo me voy. Espero que Hans y Michei estén vivos. Todavía no sé que Hans ha muerto. Espero que Julien esté vivo. No sé que Julien ha muerto. Tiro mi cigarrillo, lo aplasto con el tacón en la hierba del césped, voy a marcharme. Este viaje ha terminado y regreso. No regreso a mi casa, pero me acerco. El fin de los campos es el fin del nazismo, y será por lo tanto el final del franquismo, está claro, vamos, no hay ni la menor sombra de duda. Voy a poder dedicarme a cosas senas, como diría Piotr, ahora que la guerra ha terminado. Me pregunto qué clase de cosas serias haré. Piotr había dicho: «Reconstruir mi fábrica, ir al cine, tener hijos».
Corro junto a Yves hasta la camioneta, y nos largamos por la carretera de Weimar. Los tres estamos sentados en los asientos delanteros, el chófer, Yves y yo. Yves y yo pasamos el rato enseñándonos cosas. Mira, el barracón de la Politische Abteilung. Mira, el chalé de Use Koch. Mira, la estación, por ahí llegamos. Mira, las instalaciones de la «Mibau». Luego ya no quedó nada que mirar, sino la carretera y los árboles, los árboles y la carretera, e íbamos cantando. Es decir, Yves cantaba con el chófer. Yo lo fingía, porque desafino.
Aquí está la curva donde nos enfrentamos, el 11 de abril a mediodía, 2 un grupo de las SS que se replegaba. Avanzábamos por el eje de la carretera los españoles, con un grupo de Panzerfaust [14]* y otro de armas automáticas. Los franceses a la izquierda y los rusos a la derecha. Las SS tenían una pequeña tanqueta y estaban adentrándose en lo más profundo del bosque por un sendero forestal. Oímos hacia la derecha unos gritos de mando, y luego, tres veces seguidas, un largo «hurra». Los rusos cargaban contra las SS con granadas y arma blanca. Nosotros, franceses y españoles, iniciamos un movimiento para rodear a las SS y desbordarlas. Siguió esa cosa confusa a la que llaman un combate. La tanqueta ardía, y de repente siguió un profundo silencio. Se había acabado, esa cosa confusa que llaman un combate había terminado. Estábamos reagrupándonos en la carretera cuando vi llegar a dos jóvenes franceses con un miembro de ¡as SS herido. Les conocía un poco, eran unos FTP [15]* de mí bloque.
– Gérard, escucha, Gérard -me gritaron al aproximarse. En aquellos tiempos me llamaban Gérard.
El de las SS estaba herido, en un hombro o en el brazo. Sostenía su brazo herido y tenía una mirada aterrorizada.
– Tenemos este prisionero, Gérard. ¿Qué hacemos con él? -dijo uno de los muchachos.
Miro al de las SS, lo conozco. Es un Blockfuhrer que no dejaba de vociferar y maltratar a quien caía bajo su férula. Miro a los dos muchachos, iba a decirles: «Fusiladlo aquí mismo y reagrupaos, que seguimos», pero las palabras no me salen de la garganta. Pues acabo de comprender que no lo harán jamás. Acabo de leer en sus ojos que nunca lo harán. Tienen veinte años, les fastidia este prisionero, pero no lo fusilarán. Ya sé que históricamente es un error. Ya sé que el diálogo con uno de las SS sólo es posible cuando el de las SS está muerto. Ya sé que el problema consiste en cambiar las estructuras históricas que permiten la aparición del de las SS. Pero una vez que está aquí, es preciso exterminar al de las SS cada vez que se presente la oportunidad durante el combate. Ya sé que estos dos jóvenes van a hacer una idiotez, pero no haré nada para evitarlo.
– ¿Qué os parece? -les pregunto.
Se miran y bajan la cabeza.
– Está herido, este cabrón -dice uno de ellos.
– Eso es -dice el otro-, está herido, primero hay que cuidarle.
– ¿Entonces? -les pregunto.
Se miran. Saben también que van a hacer una idiotez, pero van a hacer esa idiotez. Se acuerdan de sus compañeros fusilados y torturados. Se acuerdan de los carteles de la Kommandantur, de las ejecuciones de rehenes. Tal vez fue en su región donde los de las SS le cortaron las manos a hachazos a un niño de tres años, para obligar a su madre a hablar, para obligarla a que denunciara a un grupo de guerrilleros. La madre vio cómo le cortaban las manos a su hijo y no habló, se volvió loca. Saben perfectamente que van a hacer una tontería. Pero no han hecho esta guerra voluntariamente a los diecisiete años para ejecutar a un prisionero herido. Han hecho esta guerra contra el fascismo para que ya no se ejecute a los prisioneros heridos. Saben que van a hacer una idiotez, pero la van a hacer conscientemente. Y voy a dejarles que hagan esta idiotez.
– Vamos a llevarle hasta el campo -dice uno de ellos-, que cuiden a este cabrón.
Insiste en la palabra «cabrón» para que yo comprenda bien que no ceden, que no es por debilidad por lo que van a hacer esta idiotez.
– Bien -les digo-. Pero me vais a dejar vuestros fusiles, aquí faltan.
– Oye tú, exageras -dice uno de ellos.
– Os doy una parabellum a cambio, para llevar a este tío. Pero me vais a dejar vuestros fusiles, los necesito.
– Pero nos los devolverás, ¿verdad?
– Claro, hombre, cuando volváis a encontrar la columna os los devolveré.
– ¿Prometido, tío? -dicen.
– Prometido -les aseguro.
– ¿No nos harás la faena, tío, de dejarnos sin fusil?
– Claro que no -les afirmo.
Hacemos el cambio y se disponen a marcharse. El de las SS ha seguido toda esta conversación con mirada de animal acorralado. Comprende muy bien que su suerte está en juego. Miro al de las SS.
– Ich hátte Dich erscbossen [16] -le digo.
Su mirada se vuelve implorante.
– Aber die beiden hier sind zu jung, sie wissen nicht, dass Du erschossen sein solltest. Also, bs, zum Teufel [17]"
Se van. Les miro marcharse y sé perfectamente que acabamos de hacer una idiotez. Pero estoy contento de que estos dos jóvenes FTP hayan hecho esta idiotez. Estoy contento de que saígan de esta guerra capaces de hacer una idiotez como ésta. Si hubiera sucedido al revés, si las SS les hubieran hecho prisioneros, habrían muerto fusilados de pie, cantando. Sé muy bien que tenía razón, que era necesario ejecutar a este SS, pero no lamento no haber dicho nada. Estoy contento de que estos dos jóvenes FTP salgan de esta guerra con este corazón débil y puro, ellos, que han escogido voluntariamente la posibilidad de morir, que tan a menudo se han enfrentado con la muerte, a los diecisiete años, en una guerra donde para ellos no había cuartel.
Después miramos los árboles y la carretera y ya no cantamos. Es decir, son ellos los que ya no cantan. Anochece cuando llegamos a Eisenach.
– Buenas noches -dice la joven morena de ojos azules.
Ha venido a sentarse en el sofá, a mi lado, en el gran salón con arañas de cristal.
– Buenas noches -le digo.
Nada me sorprende esta noche, en este hotel de Eisenach. Debe de ser el vino del Moseia.
– ¿Qué hace usted aquí? -dice.
– Ya no lo sé exactamente.
– ¿Se marcha usted en el convoy de mañana? -pregunta.
– Eso debe de ser -le contesto.
Había manteles blancos, y vasos de diferentes colores.
Había cuchillos de plata, cucharas de plata, tenedores de plata. Y vino del Mosela.
– Estaba equivocado.
[14] " Armas antitanque. (N. de los T.)
[15]“ * Franc-Tireurs Partisans”,organización de la resistencia.
[16] " «Yo te hubiera fusilado.» (N. de los T.)
[17] *" «Pero esos dos son demasiado jóvenes, no saben que deberían fusilarte. ¡Al diablo!» (N. de los T.)