Contra Todas Las Reglas
- Автор: Ховард Линда
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Contra Todas Las Reglas». Краткое содержание книги:
– Insaciable -dijo él muy bajo, arrastrando las palabras-. Sé exactamente como te sientes. Ha pasado demasiado tiempo y yo tampoco puedo contenerme.
Todavía aturdida por la fuerza de su éxtasis, se sintió totalmente abrumada por la pasión y su necesidad de él. Nada tenía sentido; nada importaba, excepto la fuerza de los movimientos del cuerpo masculino. Se adhirió a él con la frágil tenacidad de una delgada vid envolviendo a un robusto roble, él se meció en su abrazo sedoso hasta que también se rindió al placer y gritó con voz ronca.
Pasaron bastantes minutos antes de que él se moviera, apoyando su peso sobre los codos. La besó en la boca y en los ojos, besos como plumas a lo largo de los párpados hasta que estos se alzaron y sus ojos se encontraron; los de ellas suaves y vulnerables, los de él agudos y llenos de una satisfacción no disimulada.
– Hemos ido muy rápido -gruñó con voz baja y vibrante-. Pero aún tenemos mucho tiempo.
Y lo demostró haciéndola esta vez el amor con una paciencia y una ternura tan absorbente que fue aún más devastador que la locura de su lujuria. No había ningún modo en que ella pudiera resistirse a Rule, ningún modo que quisiera intentar. Esto también la hacía sentir que había regresado a casa, como tener algo de lo que había carecido, una satisfacción que había anhelado y que había tratado de negar. Mañana lo lamentaría, pero esta noche disfrutaría de la salvaje alegría de estar entre sus brazos.
Capítulo 4
Cuando la tormenta sensual pasó, él no la dejó, ni se giró para dormir un poco; la mantuvo cautiva bajo él, los largos dedos enroscados en su pelo, a cada lado de la cabeza, y empezó un asedio de besos. No habló. Sus labios la besaban por toda la cara, lentamente, ligeramente, sintiendo los contornos de su cara con la boca. La lengua jugueteaba con su piel, absorbiendo sabores. Cathryn no protestó; ni siquiera intentó oponerse a la erótica exploración de su boca. Se dejó llevar por su magia sexual, volvió a sentir los pequeños temblores que se intensificaron cuando se abrazó a él. Los dos eran prisioneros, ella por la fuerza del peso de él, él por las cadenas sedosas de los brazos y las piernas de ella.
Cuando él separó un largo y musculoso brazo para encender la lámpara de cabecera, Cathryn murmuró una protesta por la intrusión de la luz. La magia plateada de la luna los había envuelto en una reconfortante aura de irrealidad, pero el tenue brillo de la lámpara creó nuevas sombras, iluminó cosas que antes sólo se adivinaban y sacó a la luz expresiones que habían quedado ocultas por la palidísima luz de la luna. Una de las cosas que ya no quedaban ocultas era el triunfo muy masculino escrito en la sombría cara que se cernía sobre ella. Cathryn notó como florecía el arrepentimiento cuando empezó a admitir la locura de las acciones de aquella noche. Había muchas cosas que no entendía, y Rule era el enigma más grande, un hombre complicado, introvertido. Sabía que la caliente sensualidad entre ellos sólo hacía que su situación fuera más compleja.
Él atrapó su cara entre las manos, puso los pulgares bajo la delicada barbilla y suavemente la obligó a mirarlo.
– ¿Bien? -gruñó con voz poderosa como el trueno. Estaba tan cerca que su respiración le acarició los labios, y automáticamente ella los abrió intentando recapturar su intoxicante sabor. Un estremecimiento la recorrió, obteniendo en respuesta una ondulación en el fuerte cuerpo que se apretaba contra ella.
Tragó, tratando de dar un poco de coherencia a sus pensamientos, no estando segura de lo que él preguntaba, o por qué. Quería darle una respuesta controlada, suave, pero no pudo encontrar ninguna clase de control, sólo emociones crudas, desnudas e incertidumbres. Sentía la garganta contraída cuando le soltó:
– ¿Eso ha sido un intento para conservar tu trabajo como encargado del rancho?
Sus ojos oscuros se entrecerraron hasta que solo quedó el brillo entre las hendiduras. No contestó. Sus pulgares ejercieron la suficiente presión para levantarle la barbilla y se colocó más pesadamente sobre ella, encajando la boca contra la suya con sensual precisión. Un caliente hormigueo recorrió su piel y se unió al beso con dientes, lengua y labios. ¿Por qué no?, razonó confusamente. Ya era demasiado tarde para intentar sofocar sus respuestas. Rule era un amante apasionado en un nivel tan básico, tan primitivo que responder a él era tan necesario como respirar.
Por fin levantó su boca lo suficiente para dejar escapar un susurro.
– Esto no tiene nada que ver con el rancho -murmuró él, sus labios tan cerca de los de ella que los acariciaba suavemente mientras habló-. Esto es entre nosotros y ahora nada más importa -de repente su voz se hizo más densa y dijo severamente-. Maldita seas, Cat, cuando te casaste con David me volví tan loco que pude haberlo destrozado. Pero sabía que lo que había entre nosotros no se había acabado, así que te dejé ir, y esperé. Él murió, y esperé. Por fin has vuelto a casa, y esta vez no dejaré que te escapes. Esta vez no te refugiarás detrás de otro hombre.
A pesar de la furia de su vos, Cathryn inmediatamente atacó clavando los dedos en el espesor de sus cabellos y cogiéndolo de la misma forma en que él la tenía cogida a ella.
– Lo dices como si hubiera habido un compromiso entre nosotros -dijo con brusquedad-. No hubo nada más que una adolescente estúpida de genio vivo y un hombre que no podía controlarse. ¡Nada más!
– ¿Y ahora? -se burló él-. ¿Qué excusa tienes ahora?
– ¿Necesito una excusa?
– Tal vez la necesites para ti. Tal vez aún no eres capaz de admitir que, por las buenas o por las malas, somos pareja. ¿Crees que el esconder la cabeza bajo tierra hará que cambie algo?
Cathryn negó obcecadamente con la cabeza. Él pedía más de lo que ella estaba dispuesta a dar. Nunca podría decir que amaba a Rule; solo podía admitirse a si misma que la fuerza de la atracción física era innegable. Admitir más era abandonarse a su influencia, y había demasiadas preguntas e incertidumbre para permitir que eso pasara.
Los ojos masculinos destellaron, entonces sonrió lentamente, una sonrisa peligrosa que la alarmó.
– Veamos si sientes lo mismo mañana -habló él arrastrando las palabras, y empezó a moverse sobre ella en una caricia irresistible.
Horas más tarde, el color gris del horizonte que traspasaba las cortinas abiertas, señaló la llegada del amanecer, el cuarto estaba más oscuro porque las nubes habían ocultado la luna. Una ligera lluvia empezó a repiquetear contra los cristales con un ritmo metálico. Cathryn se removió en el caliente capullo creado por la sabana y el calor que irradiaba el cuerpo de Rule, consciente de que él había alzado la cabeza y escuchaba la lluvia. Con un suspiró dejó caer la cabeza en la almohada.
– Ya ha amanecido -refunfuñó. La voz oscura fluyó sobre ella. El brazo bajo su cabeza se tensó y su sombra más oscura se recortó en la oscuridad de la habitación, recostándose sobre ella, atrayéndola bajo él. Las caderas masculinas se apretaron contra las suyas, su deseo por ella era obvio, y las poderosas piernas separaron las de Cathryn para permitir el contacto íntimo.
La respiración se le entrecortó ante la renovada evidencia de su virilidad.
– ¿Otra vez? -susurró ella en el cálido hueco de su garganta. Habían dormido muy poco aquella noche y tenía el cuerpo dolorido por las demandas masculinas, aunque él había sido mucho más que tierno. Sorprendentemente, estaba más relajada y físicamente satisfecha de lo que creía posible. Durante las largas horas de la noche había sido imposible mantener ni siquiera una distancia mental. Habían sido uno sólo, se habían movido juntos como uno sólo, se habían explorado y se habían acariciado y habían experimentado con las respuestas del otro, ahora conocía el cuerpo de él tan bien como el suyo propio. Se quedó impotente, sin aliento, cuando la penetró, y su risa queda acarició el pelo de su sien.