El Tesoro
- Автор: Джоансен Айрис
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «El Tesoro». Краткое содержание книги:
Una carrera por encontrar el artefacto religioso más poderoso de todos los tiempos…
Lady Selene Ware tan solo había sido una esclava de un harem cuando Kadar Ben Arnaud, un hombre entrenado en las artes oscuras de la muerte y la seducción, la ayudó a escapar y ponerse a salvo en su Escocia natal. Pero incluso con un mundo de por medio, continúa sin estar a salvo del jeque que la reclamó como su propiedad robada, y que ahora les obliga a ella y a Kadar a regresar con una oportunidad de recuperar su libertad. Lo cual, naturalmente, es una trampa. Primero deben encontrar la legendaria reliquia que los hombres de poder llevan buscando desde los tiempos del rey Arturo.
Para Selene y el ex asesino, es una peligrosa odisea que comienza en una erótica cautividad y que les lleva a encontrarse con el misterioso y solitario Tarik, que ahora posee el tesoro. Pero la verdad es mucho más explosiva, el riesgo mucho más letal, y cuanto más cerca están de descubrir el secreto, mayor es la posibilidad de perderse el uno al otro… así como las vidas de ambos. Pues aunque Selene tiene la llave de este antiguo enigma, Kadar puede traspasar la fina línea que separa el camino del mal del de la luz para salvarla.
Kadar fingió indiferencia.
– Dudo que se molestara en confiarte algo de tan poca importancia.
– Ya sabes que Sinan me lo contaba todo. Yo decidía lo que era poco importante. ¿Qué tal copula, Kadar?
Se puso rígido.
– Nada especial.
– Es demasiado audaz para no ser algo especial. -Nasim le dio la espalda y se dirigió hacia la ventana-. Puedes marcharte.
Kadar se le quedó mirando la espalda durante unos segundos más. Por Dios santo, no quería irse dejando esta conversación sin resolver. Sabía que Nasim había metido a Selene en la conversación con la esperanza de destruir su compostura. Y lo había conseguido.
– Sinan me dijo que quiso probarla cuando era una niña y tú lo detuviste -afirmó Nasim.
– Entonces no era nada especial. Ahora sigue sin ser nada especial. A sus ojos. -Hizo una pausa-. Y a tus ojos.
– Ya veremos. Pensaré en ello. -El tono de Nasim dejaba traslucir alguna finalidad.
Kadar había oído ese tono antes en muchas ocasiones.
Era inútil intentar hablar más con él en este momento. Volvió sobre sus talones y abandonó la estancia.
– ¿Qué quiere de ti? -le preguntó Selene en cuanto Kadar entró en su aposento.
– No me lo ha dicho. Solo sé que implica un viaje para traerle un gran tesoro, un tesoro que no tiene precio. Está esperando a un mensajero. Dijo que habrá que esperar una semana o dos antes de tener la información.
– Un tesoro que no tiene precio -repitió Selene-. ¿Qué considerará ese demonio inestimable?
Kadar se encogió de hombros.
– No tengo ni idea, pero sea lo que sea, lo quiere a toda costa.
– ¿Y nosotros tenemos que quedarnos aquí?
Asintió.
Ella apretó los puños.
– ¿No hay nada que podamos hacer?
– ¿Escapar? -Negó con la cabeza-. Tengo que hacer las tareas que me encomiende o perderé todo lo que he ganado de él.
– Y tú odias perder.
– Igual que tú. Especialmente cuando afecta a las personas que amas. -Se acercó a la ventana y miró hacia el patio-. Tengo que quedarme contigo en este aposento. No es seguro que estés sola.
Ella se puso rígida.
– No me discutas esto. Hemos compartido habitación en el pasado y por la misma razón. -Su tono era distraído-. Pondré un jergón en el suelo.
– ¿Es necesario?
– Sin duda alguna.
– Entonces, adelante. Te lo permitiré.
– No te impondré mi presencia más de lo estrictamente necesario. Nasim me dará libertad para circular por el castillo y sus alrededores.
– Pero a Haroun y a mí no. -Era una afirmación.
– Haroun tendrá una libertad limitada. No es seguro para ti que abandones esta estancia.
Pero Kadar estaría paseándose entre esos asesinos y estaría a menudo en presencia de Nasim. Solo pensarlo le helaba la sangre. Dijo sin darle importancia:
– No pensarás que voy a permitir que me abandones, ¿verdad? El aburrimiento aquí no será menor que en el Estrella oscura. Tienes que entretenerme.
Él sonrió débilmente.
– Ah, ¿debería?
– Sí, y también necesito algo más para vestir. Estoy harta de esta ropa tan basta. Consígueme telas e hilo y aguja. Y deseo que me ayudes con ello.
– ¿Quieres que yo cosa?
– ¿Es demasiado para tu orgullo?
– ¿Orgullo? He acometido tareas mucho más humildes, pero encuentro inusual que requieras mi ayuda.
Ella encogió los hombros.
– Ya que estás aquí, podrías ayudar.
– ¿Algo más?
– No por el momento. Quizá más tarde.
– Vendré inmediatamente cuando sea requerido. -Se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta-. Echa el cerrojo y ábreme solamente a mí.
Cuando él salió apoyó la frente contra el marco de la puerta tras echar el cerrojo. Todo estaba saliendo mal. Pretendía mantener a Kadar a distancia, pero se había visto obligada a acercarse a él. Bien, sería sólo durante su corta estancia aquí.
No permitiría que ese diablo de hombre tuviera a Kadar.
CAPÍTULO 05
– ¡Virgen santa! -maldijo Kadar al pinchase por enésima vez con la aguja a través de la suave muselina -. No podrás ponerte este vestido. Está manchado con la sangre de mil pinchazos.
– Es de color marrón. -Selene se inclinó para avivar el fuego de la chimenea antes de volver a sentarse en su taburete. -No creo que se note mucho.
Él frunció el ceño.
– No me gusta esta tarea. ¿Por qué tenemos que coser también por la noche? Sobreviviría si pudiera ver qué estoy haciendo.
– El fuego da suficiente luz. Solo hemos terminado un vestido. Necesito otro.
De repente levantó la vista de su labor.
– ¿En serio? No te creo.
– ¿Por qué me molestaría tanto entonces? ¿Crees que me gusta estar oyendo tus maldiciones y tus quejidos por un pinchazo de nada?
– ¿Un pinchazo de nada? Tengo los dedos… -Se quedó callado-. Qué lista eres. Casi me distraes. -Dejó a un lado la tela y se abrazó las rodillas. -Tú no necesitas otro vestido. Lo que quieres es tenerme cerca de ti.
– Tonterías. Tu vanidad va más allá de cualquier límite.
El la miró, esperando.
– ¿Qué necesidad tengo yo de tenerte cerca? Maldices, te quejas todo el rato y tengo que enseñarte puntadas que hasta un bebé podría hacer en la cuna.
– Lo que intentas es enojarme -dijo sonriendo-. Pero nunca seré tan poco galante como para mostrar el enfado a mi salvación.
– ¿Salvación? No entiendo a qué te refieres.
– Nunca hemos hablado de ello, pero lo sabes. Siempre has sido mi salvación. -Dirigió sus ojos hacia las llamas-. Es muy fácil escoger el camino oscuro. Fácil y excitante. Y una vez que lo has probado, siempre quieres volver. Es como el primer aroma del hachís. Quieres más.
– Pero tú no quisiste más. Lo dejaste aquí.
– Porque no quería ser como Nasim. Podía imaginarme a mí mismo hundiéndome más y más… La vida no me ha tratado con una bondad especial, y me gustaba la idea de poder que Sinan y Nasim ejercían.
– Nasim es malvado.
– Sí, pero por aquel entonces yo también lo era. Todos los hombres tienen un lado malvado.
– Tú no eres malo. Puedes ser poco ingenioso y desleal, pero no eres como él.
– Parte de mí sí lo es. Pero puedo controlarlo, si tengo motivos para luchar. -Su mirada pasó de las llamas a los ojos de ella directamente-. Tú me das motivos, Selene.
Su pelo oscuro brillaba a la luz del fuego, y sus ojos…
Dios mío, ella se estaba derritiendo. Quería extender su mano y tocarlo.
No se vería arrastrada de esta manera. No sufriría otra vez.
Ella desvió la mirada.
– Entonces ya puedes buscar otra razón. No quiero ser responsable de tu virtud ni de tu falta de ella.
– No puedes evitarlo. -Sonrió-. ¿Por qué otra razón estaría yo aquí sufriendo dolorosas heridas? No confías en mí lo suficiente como para perderme de vista.
– No puedo evitarlo. Prefiero… Haroun y yo no tenemos a nadie más en este horrible lugar. Lo más sensato es… No te rías de mí. -Le tiró el vestido a la cabeza.
– ¡ Ay! -Se quitó el vestido de la cara y se tocó con cuidado el arañazo de la mejilla-. Podías haber quitado los alfileres.
– Lárgate. Vete con ese horrible viejo y camina por tu sendero oscuro. ¿Crees que me importa? Fuera de mi vista…
Iba camino de la puerta. La invadió el pánico.
– Espera. -No le salían las palabras-. No puedes marcharte con este vestido a medio terminar. Yo no…
Él le sonrió, con esa cálida y hermosa sonrisa.