Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
El manuscrito carmesí - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El manuscrito carmesí

Электронная книга - «El manuscrito carmesí». Краткое содержание книги:

Premio Planeta 1990
En los papeles carmesíes que empleó la Cancillería de la Alhambra, Boabdil -el último sultán- da testimonio de su vida a la vez que la goza o la sufre. La luminosidad de sus recuerdos infantiles se oscurecerá pronto, al desplomársele sobre los hombros la responsabilidad de un reino desahuciado. Su formación de príncipe refinado y culto no le servirá para las tareas de gobierno; su actitud lírica la aniquilará fatídicamente una épica llamada a la derrota. Desde las rencillas de sus padres al afecto profundo de Moraima o Farax; desde la pasión por Jalib a la ambigua ternura por Amín y Amina; desde el abandono de los amigos de su niñez a la desconfianza en sus asesores políticos; desde la veneración por su tío el Zagal o Gonzalo Fernández de Córdoba al aborrecimiento de los Reyes Católicos, una larga galería de personajes dibuja el escenario en que se mueve a tientas Boabdil el Zogoibi, el Desventuradillo. La evidencia de estar viviendo una crisis perdida de antemano lo transforma en un campo de contradicción. Siempre simplificadora, la Historia acumuló sobre él acusaciones que se muestran injustas a lo largo de su relato, sincero y reflexivo. La culminación de la reconquista -con sus fanatismos, crueldades, sus traiciones y sus injusticias- sacude como un viento destructor la crónica, cuyo lenguaje es íntimo y apeado: el de un padre que se explica ante sus hijos, o el de un hombre a la deriva que habla consigo mismo hasta encontrar -desprovisto, pero sereno- su último refugio. La sabiduría, la esperanza, el amor y la religión sólo a ráfagas le asisten en el camino de la soledad. Y es ese desvalimiento ante el destino lo que lo erige en símbolo válido para el hombre de hoy. Esta novela obtuvo el Premio Planeta 1990.
1 ... 149 150 151 152 153 154 155 156 157 ... 187
Перейти на страницу:

todos los descendientes de los que habían luchado en la mal llamada reconquista se hallaban presentes ese día en su culminación.

no supe por dónde íbamos. no había nadie en las calles. me preguntaba: ‘¿dónde están todos?

¿dónde han ido?’ ahora supongo que estarían en las murallas contemplando el espectáculo; acaso distraerlos era su única finalidad.

y de él formaba parte yo. a cierta altura del trayecto, no puedo decir cuándo, me di cuenta de que junto a mí iba don gonzalo fernández de córdoba; fui incapaz de saludarlo. junto al arenal del genil, delante de un morabito que a mí me gustaba ver de niño cuando íbamos a alhama porque era la señal de que salíamos de granada -en cierta forma, lo mismo que un ensayo de este día-, vi un reducido grupo de caballeros al que nos dirigimos.

– ahí está el rey, señor. -era la voz de don gonzalo.

– gracias -le dije. pero no distinguí cuál era: don gonzalo lo notó.

– es el del centro -me lo señalaba con el dedo-. no le beséis la mano.

fue entonces cuando me decidí a mirarlo; el capitán tenía el rostro tenso, y también me miraba. avancé. saqué un pie del estribo.

‘está manchado de barro -me dije-.

esa mancha de barro…’ me llevé la mano derecha a la cabeza, y la izquierda al arzón. no sabía qué significaba aquello; quizá que iba a descabalgar. vacilé. giré los ojos. el rey se adelantó con una mano extendida, como para detenerme. tampoco sé lo que significaba, porque, cuando iba a tomársela, la retrajo. me dije: ‘quizá ha entendido que se la solicitaba para besársela. no, me habían dicho que no’. le alargué las llaves que me daba uno de los míos, no sé quién.

– estas son las llaves de vuestro paraíso. mucho os quiere dios -dije sin saber por qué, ni si me comprendió. creo que sí, porque hernando de baeza me tradujo. después lo tradujo a éclass="underline"

– no dudéis de que cumpliremos lo prometido. que no os falte la fortaleza en vuestra adversidad.

mientras oía a baeza observé lo mal que encubría su exultación aquel rey, y la mancha de barro del borceguí otra vez.

– dadle el sello al conde -me apuntó don gonzalo.

– ¿a qué conde? -pregunté.

me lo señaló con los ojos. era el de tendilla, que aguardaba altivo. le tendí la sortija. no dije nada. vi su boca sin labios.

hernando de baeza murmuró unas palabras. después me enteré de que habían sido: ‘con esta sortija he gobernado granada. que dios os haga más dichoso que a mí’. baeza asegura que yo lo dije, pero no consigo acordarme.

seguimos al trote bastante trecho hasta llegar a un cerro alto, por armilla, desde donde se domina la ciudad y la sierra. el caballo, desmandado, se me volvió en una corveta y las vi. parecía como si la ciudad también hubiese abdicado: la alhambra se exhibía no en la cima como se la ve desde granada, sino formando parte de un conjunto mucho más elevado que ella, blanco y aun más altivo que tendilla. ‘así sucede a los reyes cuando tropiezan con otros más poderosos que ellos.’

– la reina, señor -me advirtió don gonzalo-. entre el cardenal y el príncipe heredero.

levanté la cabeza y la encontré en seguida. había otras mujeres detrás. tuve la impresión de que una de las damas me era muy conocida, pero no reparé sino un instante en ella. saludé a la reina igual que a su marido. ‘acabaré por hacer bien estos gestos incomprensibles.’ hernando de baeza, cerca de mí, me hablaba:

– dice su alteza que conservaréis siempre su amistad y su ayuda, mientras no traspaséis los límites de lo que se ha firmado.

– eso no es siempre -dije con una amarga sonrisa.

– y el cardenal os dice que los días del hombre son cortos y llenos de pesares; que dios da y dios quita, y que tenemos el deber de bendecir su santa voluntad.

– es más fácil bendecirla si da. pero no traduzcáis -murmuré; mi caballo se inquietó; también yo me inquietaba-. volvamos. ¿en dónde está mi hijo? -inicié un movimiento hacia don gonzalo y casi le grité-: yo he cumplido.

quiero ver a mi hijo.

don gonzalo cruzó una mirada con otro caballero que iba a su par, y que luego me enteré que era don rodrigo de ulloa.

– está en el real de santa fe, señor. vamos ahora a buscarlo.

– de prisa. estoy harto de tanta ceremonia. para vosotros puede que sea un bautizo o una boda; para mí es un torvo funeral.

de mi cohorte seleccioné a farax y a bejir, del que me atraía cada vez más su laconismo y la inteligencia de sus ojos; al resto lo mandé regresar a la ciudad. salimos al galope por la vía más recta. se retrasaba hernando de baeza, y hubo que aminorar la marcha. a mitad de camino transcurría un arroyo, que venía crecido por las nieves. el agua no alcanzaba el pecho de los caballos.

fui a espolear el mío.

– ¡señor! -exclamó bejir-, ¡señor!

él y farax se me arrimaron flanqueándome. se proponían cumplir el protocolo tradicional de proteger los estribos del sultán con los suyos.

– eso ya terminó. os lo agradezco, pero ya terminó.

1 ... 149 150 151 152 153 154 155 156 157 ... 187
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)