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En los brazos del deseo

Электронная книга - «En los brazos del deseo». Краткое содержание книги:

– Me casé contigo de buena fe, Kasey. Quiero una esposa. Para que me sirva de anfitriona y caliente mi lecho.
¿Era Jordan Caine totalmente honesto con ella? ¿No era el casarse con ella un pretexto para ocultar su deseo por la mujer de su hermano? ¿Y cómo podía Kasey acusarlo de motivos deshonestos cuando sus propias razones para convertirse en la esposa de Jodan resultaban sospechosas? El matrimonio estaba condenado al fracaso desde el principio, mas Kasey complicó las cosas al enamorarse de Jordan.
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Volvieron a caer en un incómodo silencio. Cuando por fin llegaron al hospital, Jordan aparcó el coche, salió rápidamente y se dirigió hacia el edificio. Kasey seguía acelerando el paso para alcanzarle. Subieron en el ascensor a la unidad de cuidados intensivos, donde estaba internado David.

Kasey vio inmediatamente a Desiree. Llevaba el mismo vestido que se había puesto para la boda y recorría el pasillo de la clínica de un lado a otro. Volvió la cabeza cuando Jordan y Kasey salieron del ascensor. Cuando vio a Jordan, gritó angustiada y corrió a refugiarse en sus brazos.

Kasey se quedó donde estaba, con el corazón paralizado y luchando con todas sus fuerzas para evitar un ataque de celos.

– Menos mal que has venido, Jordan -clamó Desiree casi sin aliento-. Ha sido horrible estar sin ti. ¡Odio los hospitales!

Jordan rodeó a su cuñada con los brazos, murmurando palabras consoladoras que Kasey no pudo entender. Después de un rato se apartó de Desiree.

– Tranquilízate, Desiree. Cuéntame lo que ha pasado.

– David no se encontraba bien en la boda. Lleva una temporada con problemas de salud. Yo pensaba que se trataba de algún mal pasajero -Desiree se secó una lágrima-. Ni siquiera ha querido bailar conmigo en la boda, y en cuanto os habéis ido ha dicho que quería irse a casa. Yo no voy mucho a fiestas, Jordan, ya no -continuó la rubia con tono quejumbroso-. Pues bien, David ha decidido llevarse a las niñas a casa y yo me he quedado un rato más en la fiesta. Oh, Dios mío, cuando le he visto, he pensado que estaba muerto. ¡Ha sido terrible! No sabía qué hacer.

– He corrido a casa de los vecinos y he despertado a Fred. Él le ha hecho la respiración boca a boca mientras yo te llamaba.

– ¿Qué ha dicho el médico? -preguntó Jordan con recelo, sin dejar de abrazar a su cuñada.

– Ha dicho que… ¡Oh, Jordan, no sé lo que ha dicho! Estaba fuera de mí -Desiree se aferró a los hombros del cuñado y éste la acarició con ánimo tranquilizador.

– ¿Has llamado a mis padres?

– Sí, en cuanto he llegado al hospital, pero no estaban en casa. Creo que iban a llevar a la tía Grace a su casa.

Jordan la soltó con suavidad y se dirigió a la sala de espera.

– Los médicos siguen con él -dijo Desiree mientras los tres iban a la sala de espera.

Las hijas de Desiree estaban allí. Lisa, la más pequeña, estaba dormida en una silla, mientras Shelley, la mayor, estaba sentada a su lado. Jordan masculló algo y se apartó de Desiree para acercarse rápidamente a la pequeña.

– ¡Hola, mi reina!

La niña se abrazó a Jordan con fuerza cuando éste la cogió en brazos.

– Papá está enfermo, tío Jordan -murmuró y una gruesa lágrima rodó por su mejilla.

– Lo sé, cariño, y ahora voy a ir a preguntarle al médico cómo está tu papá -la dejó en el suelo y le pellizcó cariñosamente la mejilla-. Espérame aquí con mamá. Volveré pronto.

Shelly asintió y Jordan pasó delante de Desiree sin decir palabra. La niña permaneció muy tiesa donde su tío la había dejado y Desiree volvió a recorrer la sala una y otra vez, incapaz de controlar sus nervios.

– Daría cualquier cosa por un cigarrillo. ¿No tendrás uno, por casualidad? -era la primera vez que parecía reparar en la presencia de Kasey.

– No, lo siento. No fumo -dijo Kasey mientras iba hacia la niña, y la cogía de la mano para llevarla otra vez a su asiento y sentarse a su lado.

– No fumas… era de suponer -masculló Desiree.

Kasey no hizo comentario alguno, le preocupaba más la niña que las impertinencias de su cuñada. Acarició a Shelly cariñosamente y la cogió en brazos.

– Tío Jordan no tardará -dijo la joven con suavidad.

– ¿Se va a curar papá, mamá? -preguntó Shelly a Desiree.

– ¡Ya está bien de preguntar! -Le espetó la madre con brusquedad-. Ya te he dicho que no sé. Cállate la boca.

Shelly se estremeció.

– Tendremos que esperar a que vuelva el tío Jordan, mi amor -murmuró Kasey en tono tranquilizador.

Y Jordan no tardó mucho. Cuando volvió a entrar en la sala miró inmediatamente a Kasey con expresión angustiada.

Desiree se volvió hacia su cuñado y Shelly también lo miró expectante.

Jordan se acercó a su sobrina.

– Papá está muy enfermo -dijo con suavidad acuclillándose frente a la niña-. Pero los médicos lo están cuidando.

– ¿Lo van a curar? -preguntó la pequeña.

– Sí, mi amor, lo van a curar -dijo Jordan, intentando contener las lágrimas.

– ¿Qué te han dicho los médicos? -preguntó Desiree con voz aguda.

Jordan se volvió para silenciarla con la mirada antes de volverse otra vez hacia su sobrina.

– Creo que sería buena idea que tú y Lisa os fuerais con tía Kasey a casa de la abuelita para que durmáis un poco.

– ¿Y tú qué vas a hacer, tío Jordan? ¿Vas a venir con nosotras?

– No, me voy a quedar aquí para acompañar a tu mamá.

La niña asintió con la solemnidad propia de los pequeños.

– Está bien. A mamá no le gusta quedarse sola.

Jordan le acarició la mejilla.

– Eres una niña muy buena. Mamá te va a llevar ahora a que bebas un poco de agua. Debes tener sed, ¿verdad?

Shelly asintió y se deslizó del regazo de Kasey cuando Jordan se incorporó. Desiree abrió la boca para protestar, pero la expresión sería de Jordan la hizo obedecer.

– ¡Maldita Desiree! -masculló Jordan cuando se quedó a solas con su esposa-. Estas niñas no deberían estar aquí -parecía muy cansado-. ¿Te molesta llevar a las niñas a casa de mis padres?

– Por supuesto que no -Kasey sacudió la cabeza-. ¿Cómo está tu hermano?

Jordan bajó la mirada.

– Mal, pero no tanto como creían los médicos al principio. Tendremos que esperar los resultados de los análisis -suspiró-. Voy a intentar hablar con mis padres antes de que te lleves a las niñas.

Poco después, Jordan acomodaba a las niñas en el coche, mientras Desiree abría el paquete de cigarrillos que había comprado de la máquina expendedora.

– Mis padres os esperarán en casa hasta que lleguéis, después vendrán hacia el hospital -le dijo Jordan a su esposa mientras ajustaba el cinturón de seguridad de Shelley.

Kasey puso en marcha el motor. Quería preguntarle a su marido cuándo se volverían a ver, pero la emoción se lo impidió. Se aferró con fuerza al volante para evitar que le temblaran las manos.

Jordan rodeó el coche para reunirse con Desiree.

– No tiene sentido que vengan tus padres al hospital -repuso Desiree-. No pueden hacer nada.

– Quieren venir -le contestó Jordan y se inclinó hacia el coche-. Conduce con cuidado, Kasey. Aunque a esta hora no habrá mucho tráfico. Y… Kasey -hizo una breve pausa-… lo siento.

– Sí -Desiree soltó una amarga carcajada-. No es la manera ideal de pasar la noche de bodas, ¿verdad? Espero que mi llamada telefónica no haya interrumpido nada.

Kasey le dirigió una mirada fulminante. Por el espejo retrovisor vio a Jordan coger a su cuñada del brazo y volver con ella al hospital.

Las luces estaban encendidas en la casa de los Caine. Los padres de Jordan salieron a recibir a Kasey cuando ella detuvo el coche. John Caine cogió en brazos a Shelley y la llevó adentro de la casa, mientras Kasey se encargaba de Lisa. Metieron a las niñas en la cama.

Margaret Caine ahogó un sollozo y le comentó a Kasey:

– Sabía que David no estaba bien, parecía muy cansado -rompió en sollozos y su esposo la abrazó.

– Jordan ha dicho que David está durmiendo tranquilo -John Caine buscó certidumbre en los ojos de su nuera.

– Sí. Le han dado un sedante.

Margaret sacudió la cabeza.

– ¡Oh, Dios mío! Sólo espero que… -cerrara los ojos y sacudió otra vez la cabeza.

– Será mejor que vayamos ya hacia el hospital -dijo John con suavidad.

– Sí. Cuando lo veamos… -Margaret se interrumpió-. Ah, se me olvidaba -se volvió hacia su nuera-. Te he preparado la habitación de Jordan. He pensado que eso te gustaría -le apretó las manos a Kasey-. Y siento que tu luna de miel se haya estropeado de esta manera.

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