Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Lo que hice por amor». Краткое содержание книги:

No es fácil ser famosa cuando tu vida se cae en pedazos… Georgie York ha sido abandonada por su marido, una famosa estrella de cine; su propia carrera está yéndose por el retrete; y su imagen pública como heroína romántica en un culebrón corre grave peligro.
¿Qué debería hacer una actriz para mejorar su suerte? Desde luego, NO sería ir a Las Vegas, NO sería escaparse con su detestable pareja televisiva, el macizo tío bueno, Bramwell Shepard… y NO debería verse envuelta en medio de un ridículo incidente que la lleva a ser la protagonista de una desastrosa huída. Antes de saber cómo, Georgie disfruta de un matrimonio falso, de un marido falso, y tal vez (o quizá no) de sexo falso.
Es una lucha a muerte contra los paparazzi y Georgie no tiene la suerte de su lado. Ahí están la terrorífica ama de llaves de Bram; el insistente padre de Georgie; el agente más pelota del mundo; ese frío directivo de los estudios; ¡y la nueva esposa de su ex marido, una pacifista internacional que bien podría ser merecedora de ese estúpido premio, el Nobel de la Paz!
Por lo que respecta al hombre de Georgie… Bram, es su ángel de ojos azules y retorcido corazón negro, que jamás se ha preocupado de nadie más que de sí mismo. Bueno, da el pego como hombre enamorado… gracias al medio millón de dólares que ella le paga.
Es oficial. Se ha casado con el diablo. ¿O no?
Son dos enemigos trabajando sin guión bajo los brillantes focos del plató… allí donde las emociones más fuertes pueden llevar sorprendentes disfraces.
1 ... 11 12 13 14 15 16 17 18 19 ... 102
Перейти на страницу:

Una temporada siguió a la otra y, cuando llevaban seis años en el aire, los excesos de Bram empezaron a hacer mella en los índices de audiencia. Fiestas con ríos de alcohol, conducción temeraria, rumores de drogadicción… Las fans del bueno de Skip Scofield no estaban contentas, pero Bram ignoró las advertencias de los productores. Cuando la cinta de sexo salió a la luz, al final de la octava temporada, todo se vino abajo.

Para ser una cinta de sexo, era bastante discreta, pero no tanto como para ocultar lo que estaba ocurriendo. La prensa se volvió loca. Ningún tipo de información manipulada pudo reparar los daños. Los mandamases decidieron que ya tenían bastante de los escándalos de Bram Shepard. Skip y Scooter se cancelaba.

– ¡Mierda! -exclamó él ahora, de vuelta en la sala de la suite.

Georgie dio un brinco. Tardó unos instantes en reconciliar la imagen del gilipollas joven y obsesionado con el sexo con el gilipollas adulto y saludable que se dirigía hacia ella. Llevaba puesto un albornoz del hotel y tenía el pelo húmedo de la ducha. Por encima de todo, Georgie quería vengar a su yo de dieciocho años.

La expresión de Bram fue extrañamente sombría mientras se ceñía el cinturón del albornoz. El reloj marcó las dos, lo que significaba que ya había transcurrido la mitad de aquel asqueroso día.

– Por casualidad no habrás visto un condón en la papelera.

Georgie se salpicó la mano con el café caliente y su corazón se detuvo. Corrió al dormitorio y rebuscó con urgencia en la papelera, pero allí sólo estaban sus bragas. Volvió al salón. Bram levantó la taza de café en dirección a ella.

– Confío en que te habrás hecho pruebas desde la última vez que te acostaste con el cerdo de tu ex marido.

– ¿Yo? -Deseó tirarle otro zapato, pero no encontró ninguno-. Tú follas con cualquier cosa que camine. Prostitutas, strippers, ¡chulos de piscina!

«Vírgenes de dieciocho años con fantasías equivocadas.»

– ¡Yo no he follado con un chulo de piscina en toda mi vida!

Bram era notoriamente heterosexual, pero teniendo en cuenta su naturaleza hedonista, Georgie estaba convencida de que si no lo había hecho, era sólo por despiste.

Él emprendió la contraofensiva.

– Yo siempre he mantenido mi maquinaria en perfecto funcionamiento y estoy más limpio que una patena. Claro que yo nunca me he acostado con Lance el Perdedor ni con ninguno de esos peleles por los que lo hayas reemplazado.

Ella no podía creérselo.

– ¿Así que la golfa soy yo? ¡Tú no has dormido sólo desde que tenías catorce años, ¿verdad?!

– Y yo apuesto a que tú sigues haciéndolo. Treinta y un años. ¿Ya has ido al psiquiatra?

Debido a la sobreprotección de su padre, ella solo se había acostado con cuatro hombres, pero como Bram había sido, por decirlo de alguna manera, su primer amante y, por lo visto, también el último, lo de aquella noche no influía en el conteo global.

– Yo sólo he tenido diez amantes, así que tú te quedas con el trofeo de la golfería. Y también estoy limpia como una patena. Y ahora, lárgate de aquí. Esto nunca ha ocurrido.

Pero el carrito de la comida había llamado la atención de Bram.

– Se han olvidado los bloody-marys. ¡Mierda! -Empezó a destapar las bandejas-. Ayer por la noche fuiste una auténtica descarriada. Tus garras en mi espalda, tus rugidos en mi oído… -Al sentarse, el albornoz se abrió mostrando un musculoso muslo-. Vaya cosas me pediste que te hiciera… -Pinchó un trozo de mango con un tenedor-. Hasta yo me sentí abochornado.

– No te acuerdas de nada.

– No mucho.

Ella quería pedirle que le contara exactamente lo que recordaba. Conociéndolo, podía haberla violado, pero, de algún modo, eso no le parecía tan horrible como haberse entregado voluntariamente a él. Se sintió mareada y se dejó caer en una silla.

– Me llamaste tu semental salvaje -continuó él-. De eso me acuerdo seguro.

– Pues yo estoy segura de que no te acuerdas de nada.

Tenía que averiguar qué había ocurrido, pero ¿cómo podía conseguir que él se lo contara? Bram empezó a comer una tortilla y Georgie intentó estabilizar su estómago con un trozo de bollo. Él cogió el pimentero.

– Así que… estás tomando la pastilla, ¿no?

Ella dejó caer el bollo y se levantó de un brinco.

– ¡Oh, Dios…!

Bram dejó de masticar.

– Georgie…

– Quizá no pasó nada. -Georgie se llevó los dedos a los labios-. Quizás estábamos tan colocados que nos dormimos sin más.

Él se levantó de golpe.

– ¿Me estás diciendo que…?

– Todo saldrá bien. Tiene que salir bien. -Georgie empezó a caminar de un lado a otro-. Al fin y al cabo, ¿qué probabilidades hay? No es posible que me haya quedado embarazada.

Los ojos de Bram adoptaron una expresión enloquecida.

– ¡Podrías estarlo si no estás tomando la pastilla!

– Si… si lo estuviera… Bueno… yo… yo lo daría en adopción. Sé que resultará difícil encontrar a alguien tan desesperado como para adoptar a un bebé con lengua viperina y cola, pero creo que lo conseguiré.

Las mejillas de Bram recobraron el color. Volvió a sentarse y cogió la taza de café.

– Una representación estelar.

– Gracias.

Su réplica podía considerarse infantil, pero le levantó el ánimo y así pudo comer una fresa. Sin embargo, se imaginó el cálido peso del bebé que nunca tendría y no pudo seguir comiendo.

Él se sirvió otro café. El antagonismo que sentía hacia aquel hombre se clavó en el corazón de Georgie. Era la primera vez que experimentaba unos sentimientos tan intensos desde el colapso de su matrimonio.

Bram dejó su servilleta.

– Voy a vestirme. -Entonces deslizó la mirada hacia el cuello abierto de la bata de Georgie-. A menos que quieras…

– ¡Ni lo sueñes!

Él se encogió de hombros.

– En fin, es una lástima. Ahora nunca sabremos si lo hicimos bien juntos.

– Yo estuve fabulosa. Sin embargo, tú estuviste tan egocéntrico como siempre.

Una fugaz punzada de dolor le recordó a la jovencita del pasado.

– Lo dudo -respondió.

Y se levantó para dirigirse al dormitorio. Georgie contempló las fresas intentando convencerse de que podía comer otra. Una maldición pronunciada en voz alta interrumpió sus pensamientos.

Bram regresó al salón como una exhalación. Llevaba la cremallera de los vaqueros bajada, la camisa de raya diplomática abierta y los puños sueltos. A Georgie le costó asociar sus musculosos pectorales con el cuerpo huesudo de su juventud.

Bram agitó un papel frente a la nariz de Georgie. Ella estaba acostumbrada a sus burlas y desprecios, pero no recordaba haberlo visto nunca enfadado de verdad.

– He encontrado esto debajo de mi ropa -declaró Bram.

– ¿Una amonestación de tu agente de la condicional?

– Sí, anda, disfruta mientras puedas.

Ella miró el papel, pero al principio no entendió.

– ¿Por qué alguien dejaría su licencia de matrimonio aquí? Es… -La garganta se le cerró-. ¡No! Se trata de una broma, ¿no? Dime que es una de tus bromas de mal gusto.

– Ni siquiera yo tengo tan mal gusto.

La cara de él había adquirido un color ceniciento. Georgie se levantó de un brinco y le arrancó el documento de la mano.

– ¿Nosotros nos…? -Apenas pudo pronunciar la palabra-: ¿Nos casamos?

1 ... 11 12 13 14 15 16 17 18 19 ... 102
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)