Placer insospechado
- Автор: Mallery Susan
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Placer insospechado». Краткое содержание книги:
El primer error del millonario Kane Dennison había sido llevarse a casa a Willow Nelson. Por mucho que ella estuviera herida y necesitara su ayuda, jamás debería haberle hecho creer que era un buen hombre. Porque no lo era.
El segundo error había sido dejarse llevar por la pasión después de haberle recomendado a Willow que se marchara. Ella creía en el amor, mientras que él no confiaba en nadie… ¡y no necesitaba a nadie! Y ni siquiera ella podría cambiarlo.
Chuck se enderezó.
– ¿Qué pasa?
– Nada -respondió ella con honestidad, casi contenta-. Absolutamente nada.
– Te he dicho que quiero vivir contigo -dijo Chuck-. Estabas esperándome, ¿no?
– Parece ser que no -lo informó Willow, haciendo un esfuerzo por no sonreír. Se sentía libre y en paz consigo misma.
– Pero…
Willow retrocedió unos pasos.
– Chuck, estoy contenta de que hayas encontrado lo que querías y me alegro de haberte ayudado. Pero no me necesitas. Será mejor que encuentres a otra mujer a la que realmente ames y con la que quieras formar una familia. Una mujer que te haga feliz.
– Yo te quiero a ti -insistió él.
– No lo creo. La cuestión es que yo siempre te ayudaba. Pero ya no me dedico a eso, no necesito hacerlo. Te irá bien.
Chuck parecía más confuso que disgustado.
– He vuelto para llevarte conmigo.
– Te lo agradezco, pero no.
– Estabas enamorada de mí.
– Ya no -quizá nunca lo hubiera estado. Quizá hubiera sido una fantasía.
Willow miró el reloj de la pared y añadió:
– Bueno, tengo cosas que hacer. Tengo que salir.
Chuck la agarró de un brazo.
– ¿Se trata de otro hombre?
«Ojala», pensó Willow, consciente de que se había curado de desear a hombres que no la deseaban.
– No. Se trata de un gato. Estoy cuidando del gato de un amigo.
– Si es por el dinero, te lo devolveré -dijo él.
Sí, cuando los elefantes volaran.
– Estupendo.
Willow le quitó la mano de su brazo y, con cuidado, lo empujó hacia la puerta, al tiempo que, en el camino, agarraba su bolso y las llaves.
– Gracias por pasarte por aquí. Me alegra haberte visto, Chuck. Te deseo lo mejor del mundo.
Una vez que estuvieron fuera, Willow cerró la puerta con llave y se dirigió a su coche.
– Adiós y buena suerte -le dijo a modo de despedida.
Él no le respondió. Willow puso en marcha el vehículo y se marchó. Después de dar varias vueltas por el barrio, cuando estaba segura de que Chuck se había ido, regresó a su casa.
Entró en su piso y recogió unas velas y más pastas que había hecho. Quería darle una sorpresa a Kane. Quería hacerle un recibimiento en toda regla.
Fue a casa de Kane y entró. Jazmín maulló a modo de saludo. Willow se agachó junto a la gata y la acarició. Dos de las crías habían abierto ya los ojos.
– Hola, pequeños -dijo ella con voz queda-. Estáis ya muy mayores. Sí, sí que lo estáis. ¿Sabéis quién viene esta tarde? Kane. ¿Estáis contentos de que venga? Yo sí.
Después de dar de comer a Jazmín y de limpiar el cajón de arena, Willow salió, fue a su coche y sacó las bolsas. Estaba a punto de entrar otra vez cuando oyó un ruido extraño.
Chuck, en su moto, llegó hasta la casa y se detuvo. Se quitó el casco y caminó hacia ella.
– Se trata de un hombre -dijo él-. Me has mentido.
– Yo no te he mentido. Te he dicho que estaba cuidando de un gato. ¿Quieres verlo?
Chuck le quitó una de las bolsas y miró el contenido.
– Velas y pastas. Te conozco, Willow. Se trata de otro hombre.
– ¿Y qué? ¿Por qué te sorprende? Es mi vida Chuck. Tú has estado meses ausente y no ha sido la primera vez que te has marchado. ¿Creías que iba a estar esperándote?
La expresión de perplejidad de él le indicó que la respuesta era afirmativa. Qué estupidez.
– Antes siempre me habías esperado.
– Ya no. Mi vida ha cambiado.
– ¿Quién es ese tipo?
– Somos amigos solamente.
– No te creo -Chuck dejó la bolsa en el suelo y se acercó más a ella-. ¿Quién es?
Willow nunca había visto a Chuck tan enfadado. Y cuando lo vio alzar una mano, por un segundo creyó que iba a pegarle.
Kane rodeó con el coche la curva del camino y, delante de su casa, vio a Willow y a un tipo que no conocía. Le llevó menos de dos segundos reconocer el miedo en el lenguaje corporal de Willow y una amenaza en la forma en que aquel hombre alzaba la mano.
Aparcó y salió del coche.
– ¿Es éste? -le preguntó aquel intruso a Willow mientras él se acercaba-. ¿Es por él por lo que no quieres volver conmigo?
– No quiero estar contigo porque no quiero -respondió ella con firmeza-. No quiero tener una relación contigo, Chuck. Márchate.
Chuck se echó a reír.
– Ni lo sueñes.
Willow miró a Kane.
– Perdona, Kane. Este es Chuck. Éramos amigos.
Chuck la miró furioso y luego lanzó una maldición. Chuck asintió, se subió a su moto y se marchó a toda prisa.
Kane se volvió hacia Willow, que lo miraba con intensidad.
– Desde luego, si algo no eres es aburrida.
Willow sonrió.
– Bienvenido a casa.
Capítulo 7
Kane entró en la casa primero. Willow lo siguió y cerró la puerta.
– No sé qué le ha pasado, jamás había sido posesivo -comentó Willow, confusa por el comportamiento de Chuck y aliviada de que Kane hubiera llegado cuando lo había hecho-. Era muy débil de carácter e introvertido. Jamás había mostrado interés en mí. Y otra cosa, yo no lo he traído aquí. Estaba esperándome a la puerta de mi casa. Charlamos, le dije que todo había acabado entre nosotros y se fue. Creo que me ha seguido hasta aquí. Es muy raro.
– No es raro -dijo Kane mirándola-. Antes, siempre estabas disponible. Esta vez no lo estabas. Eso le había hecho desearte más.
– Qué retorcido -murmuró ella; de repente, notó lo guapo que estaba Kane.
Kane llevaba un traje que enfatizaba la anchura de sus hombros. Si hubiera sido él quien la hubiera invitado a irse a vivir a Tucson no habría vacilado ni medio segundo.
– Es típico. Siempre queremos lo que no podemos tener -dijo Kane.
Willow consideró esas palabras y luego sacudió la cabeza. No, a ella le gustaría Kane aún más si él le rogara que se quedara con él. Aunque Kane jamás haría una cosa así.
– En cualquier caso, no le va a quedar más remedio que conformarse -dijo Willow con firmeza-. Estoy harta de ayudar a los hombres. Ya no necesito ayudar a nadie para tener confianza en mí misma.
Kane arqueó las cejas.
– ¿Has leído eso en alguna revista?
– No.
Willow sonrió traviesamente, le agarró una mano y tiró de él hasta la ventana. Después, le dijo:
– Mira. Flores. Bonitas.
– Te estás burlando de mí.
– Sólo un poco. Está bien, estos tiestos tienen hierbas. Albahaca y romero, y se las reconoce por el olor y por sus usos culinarios. Y estos otros dos tiestos tienen flores, son rosales pequeños, de pitiminí; muy fáciles de cuidar.
– Bueno.
Willow esperó a que dijera algo más. Sabía que a Kane las plantas no le volvían loco, pero… ¿aceptaría el regalo?
– ¿Qué? -preguntó él.
– Podrías fingir interés.
– ¿Me creerías?
– Lo intentaría.
Kane suspiró.
– Son preciosas. Gracias.
– De nada.
Willow, aún agarrándole la mano, tiró de él otra vez.
– Ven a ver a los gatos. Dos de las crías han abrieron los ojos.
Kane le permitió llevarlo al otro lado del cuarto de estar. Jazmín maulló cuando lo vio; se levantó, se estiró y saltó de la caja.
Kane se agachó y acarició al animal.
– ¿Qué tal el viaje? -le preguntó ella cuando Kane se enderezó.
– Bien.
– ¿Café?
– Bueno -respondió él tras titubear unos momentos.
Una vez en la cocina, Willow echó el agua en la cafetera y sacó el paquete de café de la nevera.
– Me he portado muy bien durante tu ausencia -declaró ella-. No he cotilleado. Ni he mirado los cajones, ni los armarios ni nada.
– En ese caso, ¿cómo sabías dónde tenía el café?
Willow sonrió.
– Te vi sacarlo de la nevera cuando estaba aquí. De hecho, no me he portado bien, me he portado excelentemente.