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Juego De Espejos

Электронная книга - «Juego De Espejos». Краткое содержание книги:

Novella d’espionatge amb dues virtuts importants: no és de John Le Carré (algun dia escriuré la ressenya dels llibres que he llegit d’ell, però aviso que no sortirà massa ben parat) i que està ambientada en uns fets reals: la Segona Guerra Mundial i la necessitat dels aliats d’evitar que, de la manera que sigui, el punt del desembarcament a les costes franceses sigui conegut pels alemanys o, millor encara, aquests creguin que serà per un lloc diferent del planificat.
El protagonista és el director del contra-espionatge anglès (si no ho recordo malament), un acadèmic convertit a espia si us plau per força com suggereix el títol original. Al bàndol contrari hi ha una xarxa clandestina d’espies alemanys infiltrats a Anglaterra. L’autor juga amb ambigüetats calculades per tal d’induir el lector a sospitar que diferents pesonatges són traïdors i revelaran el secret del lloc real del desembarcament.
És una novella d’acció continuada, que fa pensar fins i tot en la necessitat d’informació que tenim -i l’efecte que ens pot causar tenir informació parcial sobre les coses que fem. Fins al final no es desvetllen alguns punts foscos de la trama, i just aleshores vénen ganes de rellegir la novel·la per veure fins a quin punt l’acció dels diferents personatges és coherent amb aquesta realitat.
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– Así, ¿quién lo llevaba, nosotros o los estadounidenses?

– La verdad es que era un proyecto conjunto. A través de Hardegen, facilitamos a los alemanes una riada continua de excelente material, género de alta calidad. Las acciones de Hardegen subieron en Berlín como la espuma. Mientras tanto, se pasaron por el microscopio todos los aspectos de la vida de Walker Hardegen, incluidas sus relaciones con la familia Lauterbach y con un brillante ingeniero llamado Peter Jordan.

– Así que, en 1943, cuando se tomó la decisión de preparar el asalto a Normandía, a través del Canal, con la ayuda de un puerto artificial, la inteligencia británica y la estadounidense abordaron a Peter Jordan y le pidieron que trabajase para nosotros.

– Sí, en octubre de 1943, para ser precisos.

– Era perfecto -dijo Vicary-. Era exactamente el tipo de ingeniero que se necesitaba para el proyecto y en su terreno gozaba de gran renombre y respeto. Todo lo que tenían que hacer los nazis era ir a la biblioteca y leer la cantidad de obras que había realizado. La muerte de su esposa le hacía también vulnerable. De modo que hacia finales de 1943 Hardegen y usted se reunieron con ese oficial de control de la Abwehr y le hablaron de Peter Jordan. ¿Le contaron mucho entonces?

– Sólo le dijimos que Jordan estaba trabajando en un gran proyecto de construcción relacionado con el desembarco. También dejamos entrever la cuestión de su vulnerabilidad, como tú has señalado. La Abwehr picó. Müller se lo vendió a Canaris y Canaris se lo pasó a Vogel.

– Así que todo el asunto era una bien urdida y compleja treta destinada a colocarle documentos falsos a la Abwehr. Y Peter Jordan fue la proverbial cabra atada delante de la trampa.

– Exactamente. Los primeros documentos estaban diseñados de manera ambigua. Se prestaban a varias interpretaciones y, desde luego, al debate. Las unidades Fénix podían ser piezas de un puerto artificial o de un complejo antiaéreo. Queríamos que discutieran, que se pelearan, que se hicieran pedazos entre ellos. ¿Recuerdas a Sun Tzu?

– Socavar, subvertir y corromper al enemigo, sembrar la discordia entre sus mandos.

– Exactamente. Queríamos estimular la fricción entre el SD y la Abwehr. Y, por otra parte, no deseábamos facilitarles las cosas. Gradualmente, los documentos de Timbal fueron pintando un cuadro claro, y ese cuadro pasó directamente a Hitler.

– ¿Pero por qué tomarse tanto trabajo? ¿Por qué no utilizar uno de los espías alemanes que habían convertido en agentes dobles a nuestro servicio? ¿O uno de los agentes ficticios? ¿Por qué utilizar un ingeniero vivo? ¿Por qué no crear uno nuevo a medida?

– Dos razones -dijo Boothby-. Primera, eso era demasiado fácil. Nuestra idea consistía en hacerlos sudar un poco. Queríamos influir sutilmente en sus procesos mentales. Deseábamos hacerles creer que eran ellos los que adoptaban la decisión de tomar a Jordan como blanco. Recuerda el refrán de un oficial de Doble Cruz. La información que se obtiene fácilmente, fácilmente se descarta. Hay una cadena de evidencias, por expresarlo así: de Hardegen a Müller, de Müller a Canaris, de Canaris a Vogel y de Vogel a Catherine Blake.

– Impresionante -dijo Vicary-. ¿La segunda razón?

– La segunda razón es que nos enteramos, en la recta final de 1943, de que no habíamos liquidado a todos los espías alemanes que operaban en Gran Bretaña. Nos enteramos de la existencia de Kurt Vogel, nos enteramos de que contaba con una red y nos enteramos de que uno de sus agentes era una mujer. Pero teníamos un problema grave. Vogel había enterrado sus agentes en Gran Bretaña con tanto cuidado que no podríamos localizarlos a menos que los obligáramos a salir a terreno descubierto. Recuerda, Guardaespaldas estaba a punto de lanzarse a toda máquina. íbamos a bombardear a los alemanes con una ventisca de información falsa. Pero no podíamos sentirnos cómodos sabiendo que en el país estaban operando agentes vivos y activos. Había que acabar con todos ellos. De no hacerlo, nunca tendríamos la certeza de que los germanos no estaban recibiendo información que contradecía a Guardaespaldas.

– ¿Cómo se enteraron de la existencia de la red de Vogel?

– Nos informaron de ello.

– ¿Quién?

Boothby dio unos pasos en silencio, con la vista en las embarradas punteras de sus botas altas.

– Nos habló de esa red Wilhelm Canaris -declaró al final.

– ¿Canaris?

– A través de uno de sus emisarios, en realidad. En 1943, entrado el verano. Probablemente esto te va a sorprender, pero Canaris era un jefe de la Schwarze Kapelle. Quería el apoyo de Menzies y del Servicio de Inteligencia para que le ayudasen a derribar a Hitler y poner fin a la guerra. Como gesto de buena voluntad informó a Menzies de la existencia de la red de Vogel. Menzies lo comunicó al Servicio de Seguridad y maquinamos conjuntamente el plan denominado Timbal.

– El jefe del espionaje de Hitler, un traidor. Extraordinario. Y usted sabía todo eso, claro. Usted lo sabía la noche en que se me asignó el caso. Aquella sesión informativa sobre el desembarco y los planes para engañar al enemigo… La habían preparado para asegurarse mi lealtad ciega. Para motivarme, para manipularme.

– Me temo que así es, sí.

– De forma que la operación tenía dos objetivos: engañarlos respecto a Mulberry y al mismo tiempo obligar a los agentes de Vogel a salir a la luz para poder neutralizarlos.

– Sí-confirmó Boothby-. Y otra cosa: dar un empujoncito a Canaris para mantener apartada su cabeza del tajo hasta que se produjera la invasión. Lo último que deseábamos era que Schellenberg y Himmler llevasen las riendas. La Abwehr se encontraba totalmente paralizada y manipulada. Sabíamos que si Schellenberg se hacía cargo de ella, pondría en cuarentena todo lo que había hecho Canaris. Ahí no nos salimos con la nuestra, naturalmente. Destituyeron a Canaris y Schellenberg consiguió finalmente hacerse cargo de la Abwehr.

– Entonces, ¿por qué con la caída de Canaris no se vinieron abajo Doble Cruz y Guardaespaldas?

– Ah, Schellenberg tenía más interés en consolidar su imperio que en dirigir una nueva hornada de agentes establecidos en Inglaterra. Hubo una imponente reorganización burocrática: traslado de oficinas, archivos que cambian de manos, esa clase de cosas. En ultramar, despidió a todos los experimentados oficiales de inteligencia leales a Canaris y los sustituyó por sabuesos novatos fieles a las SS y al partido. Mientras tanto, los oficiales de la sede de la Abwehr se esforzaron enormemente para demostrar que los agentes que operaban en Gran Bretaña eran sinceros y fructíferos. Sencillamente, era cuestión de vida o muerte para esos funcionarios. Si reconocían que sus agentes estaban bajo control británico, se verían en el primer tren que saliera hacia el este. O algo peor.

Caminaron en silencio durante un rato, mientras Vicary asimilaba lo que Boothby le había contado. La cabeza le daba vueltas. Tenía mil preguntas que hacer. Temía que Boothby diese por terminada la sesión informativa en cualquier momento. Ordenó las preguntas según su importancia, dejando a un lado las emociones que hervían en su interior. Una nube se interpuso entre el sol y la tierra y la atmósfera se llenó de frío.

– ¿Funcionó? -quiso saber Vicary.

– Sí, funcionó de maravilla.

– ¿Qué me dice de la emisión de Lord Ejem Ejem? -Vicary la había oído, sentado en la sala de estar de la casita de campo de Matilda, y un estremecimiento le recorrió de pies a cabeza.

«Sabemos exactamente qué pretendes hacer con esas unidades de hormigón. Crees que vas a hundirlas en nuestras costas durante el ataque. Bueno, pues les vamos a echar una mano, muchachos…

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