Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
Susanna levanta la bolsa.
– Pues que ya no siento nada por ti. Comparte tu vida, tus palabras y tus momentos con quien quieras, pero no conmigo. Para mí sólo existías tú. Ahora existe otra persona. Y soy optimista, espero que las cosas vayan mejor… -Se dirige hacia la salida.
Pietro corre detrás de ella y sacude la cabeza riéndose.
– No, no me lo creo, me estás tomando el pelo, lo único que pretendes es hacerme sufrir…, pero yo sé que no tienes a otro…
Justo en ese momento se detiene delante de la entrada del gimnasio un BMW oscuro que le hace señas con los faros.
– Es él, me está esperando… Los niños están en casa de mi madre y nosotros salimos a cenar…
– Ah… -Pietro mira el coche sin comprender de quién puede tratarse.
– Es mi profesor de kickboxing.
– Ah… -Pietro entiende de inmediato que quizá sea mejor no hacer ninguna tontería.
– Sea como sea, quiero decirte que he pensado en la historia del cuadro de Schifano. Tú no lo quenas y yo, en cambio, insistí. Es cierto que lo compramos juntos, pero mi voluntad fue la que prevaleció, de modo que me lo quedaré yo.
– Claro, faltaría más. Si quieres… -dice, y la contempla mientras se aleja con aire altanero, como si pretendiese darse importancia. Pietro echa un último vistazo al BMW y acto seguido sube en su coche y arranca.
Susanna se lo queda mirando hasta que dobla la esquina. A continuación sacude la cabeza sonriendo. Baja los ojos y camina hacia el BMW. Piensa que es una de las pocas veces que se siente segura y feliz de su elección. Es tan raro no dudar. Al subir al coche vuelve a sonreír.
– Hola, disculpa.
Davide le devuelve la sonrisa.
– Disculpa, ¿por qué?
Coge la bolsa y la pone en el asiento trasero.
– ¿Todo bien?
Susanna asiente con la cabeza.
– Sí, de maravilla.
– ¿Adonde quieres ir?
Hacía mucho tiempo que no se sentía tan serena. Se apoya en el respaldo y cierra los ojos.
– Tú decides.
Ciento cincuenta y tres
Suena el timbre. De nuevo.
– ¡Voy! -se oye la voz de Anna.
Enrico hace brincar a Ingrid entre sus brazos.
Anna abre la puerta tras haber echado un vistazo por la mirilla.
– ¡Hola! Vaya una sorpresa… -Sonríe a Enrico, se alegra mucho de verlo-. ¿Me dejas cogerla?
– Sí…, claro.
Anna le coge a Ingrid de los brazos y la estrecha entre los suyos.
– ¿Tienes que ir a algún sitio? Yo estoy estudiando, puedo quedármela…
– No, tenía ganas de verte… Mejor dicho, de veros juntas… Sois una maravilla. -Enrico se acerca a Anna y le da un leve beso en los labios. Mira a Ingrid, de nuevo a Anna, y le sonríe-. Nos está mirando… A saber qué pensará.
Anna sonríe.
– Pensará que su padre es feliz y, en consecuencia, ella también lo será.
Enrico se queda sorprendido.
– ¿Crees que puede pensar ya cosas así?
Anna asiente con la cabeza.
– Ella, no lo sé. Yo lo hice desde el primer día.
– Igual que yo.
Enrico le da otro beso. Después le acaricia el pelo y la mira con ternura. También Ingrid, divertida y curiosa, coge el pelo de Anna y juguetea con él. Anna y Enrico imitan los gestos de la pequeña y luego se miran emocionados. Ingrid toca entonces el pelo de Enrico y éste la mira sacudiendo la cabeza.
– Ya entiendo, ¡de mayor quiere ser peluquera!
Y los dos se echan a reír.
Ciento cincuenta y cuatro
Cristina abre la puerta de casa y se lo encuentra plantado delante.
– ¿Qué haces aquí, Flavio? -Se pasa una mano por la ropa para comprobar cómo va vestida.
Flavio se percata. Por primera vez después de mucho tiempo, lo nota. Y decide decírselo, porque a veces no basta con pensar las cosas, sino que hay que decirlas.
– No te preocupes, estás muy guapa.
Cristina se queda asombrada, quizá porque hacía mucho tiempo que no oía esa frase. Pronunciada por él.
Flavio sonríe, la observa y nota cosas a las que hacía mucho tiempo que no prestaba atención: el pelo, el color, el recogido, las pequeñas arrugas de sus labios y esa profundidad en su mirada. Recuerda de golpe las palabras de Alex: «Quizá tu esposa haya encontrado ya otro… y a ti te da igual.»
Flavio baja la mirada. Cristina lo nota y lo escruta frunciendo el ceño, preocupada por la idea que puede haberle pasado por la mente.
Flavio alza los ojos.
– Me gustaría preguntarte algo, Cristina…
Ella aguarda en silencio. Flavio exhala un suspiro y lo suelta.
– ¿Crees que podríamos intentarlo de nuevo? Esta separación me ha hecho comprender muchas cosas. Quizá tengamos ocasión de encontrar nuevos amores y de que nos vaya bien con ellos, pero también podemos fracasar de nuevo. Durante los primeros meses todo funciona…, las dificultades llegan al cabo de un año o dos, y nosotros hemos pasado muchos juntos. No te lo digo por apego a la costumbre, o porque piense que, tratándose de dos personas que ya se conocen y que ya han superado ciertas cosas, es más fácil… Te lo digo porque te quiero, porque todos los días eres una novedad, y yo no supe darme cuenta de ello. Lo eres desde hace muchos años -Flavio sonríe-. Al principio todo iba de maravilla, pero después nos aposentamos, nos perdimos, nos dormimos… ¿Te apetece despertarte conmigo todos los días en ese sentido?
Cristina no le responde. Se acerca silenciosa a él y lo abraza.
– No sabes cuánto he deseado que vinieras y me dijeras todas esas cosas.
Flavio la besa y de inmediato se echa a llorar. Unas lágrimas saladas resbalan por sus mejillas, entre sus labios, mezclándose con sus sonrisas y sus carcajadas.
– Parecemos dos críos…
Flavio la mira y la abraza.
– Te amo… Perdóname…
Cristina se esconde en ese beso. Después se aparta un poco y se apoya en su mejilla cerrando los ojos.
– Perdóname tú, amor mío…
Recuerda todo lo que ha sucedido desde que Flavio se marchó de casa. Él, en cambio, cierra los ojos y vuelve a pensar en las palabras de Alex, pero esta vez no tiene derecho a hacerle esa pregunta, porque crecer implica también dejar de necesitar ciertas respuestas, no buscar seguridad, sino saber darla.
– Amor… Estamos aquí. Eso es lo único que cuenta.
Cristina lo abraza aún más fuerte y siente de nuevo todo el amor que los une.
Simona va a abrir la puerta de casa, a la que acaban de llamar. Cuando lo ve se queda estupefacta.
– Alex…
– Hola. -Es evidente que está cohibido, pero sonríe-. Me alegro de verte.
Entonces aparece Roberto con el periódico en las manos.
– ¿Quién es? ¿Es para mí? Estoy esperando un paquete. -Cuando lo ve se queda boquiabierto-. Alex, qué bueno verte… -Lo dice en serio, lamenta profundamente cómo terminaron las cosas, y en parte la situación lo incomoda-. Entra, por favor. ¿Te apetece algo de beber?
– No, no, gracias.
– Entra, venga, no te quedes en la puerta.
Simona la cierra a sus espaldas. Mira a Roberto arqueando ligeramente las cejas como si dijese: «Y ahora ¿qué hacemos?» Mientras tanto, Alex da unos pasos mirando alrededor. En ese preciso momento llega Matteo.
– ¡Eh! ¡Hola, Alex!
– Hola, ¿cómo estás? -Se estrechan la mano de una forma algo cómica.
Esta vez son Roberto y Simona los que sonríen divertidos al contemplar la escena.
– ¿Sabes? -prosigue Matteo-. Lo sentí mucho por una cosa… Quiero decir, es cosa vuestra…, claro…, y en eso no quiero meterme…
Pero me prometiste que daríamos una vuelta a caballo y después no lo hicimos…
Alex sonríe divertido de su ingenuidad.
– Tienes razón. Lo haremos, te prometo que, suceda lo que suceda, daremos ese paseo a caballo… -y le acaricia el pelo con ternura, despeinándolo.
Matteo lo mira como iluminado por una gran intuición.