La Rueda Del Tiempo
- Автор: Кастанеда Карлос Сезар Арана Сальвадор
- Серия: На испанском языке #11
- Год: 2000
- Язык: испанский
- Жанр: Эзотерика
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Los más versados en la obra de Castaneda encontrarán en este libro un valiosísimo guión con el que recapitular y estructurar la información aparecida durante todos estos años.
Aquellos que hasta ahora no se decidieron a aventurarse tras esa saga, tal vez por su extensión y complejidad, hallarán aquí una impecable síntesis destilada en el misterioso alambique de LA RUEDA DEL TIEMPO. En todo caso, he aquí una fascinante colección de descripciones, dichos e ideas que proceden del mundo de los chamanes del antiguo México y que serán, sin duda, una interesante fuente de lectura y reflexión.
Según Carlos Castaneda, LA RUEDA DEL TIEMPO nació como un intento de sintetizar las líneas maestras de su aprendizaje con su guía y mentor Don Juan Matus, un chamán indio yanqui de México. No obstante, tras examinar las citas de LA RUEDA DEL TIEMPO, Castaneda advirtió, con sorpresa, que el modo en que Don Juan le había guiado no tenía nada de improvisado.
A pesar de que en aquel entonces le había parecido que su instrucción tenía mucho de fortuita, lo cierto es que su formación se había ceñido completamente a un impulso encubierto, deteminado por una tradición que había sido iniciada por los chamanes que vivieron en México en tiempos remotos.
Don Juan Matus se esforzó por introducir a Carlos Castaneda al mundo de aquellos antiguos chamanes. Don Juan afirmaba que ese mundo se regía por un sistema cognitivo diferente de aquel que rige nuestro mundo cotidiano. A lo largo de su aprendizaje, Castaneda verificó por sí mismo, a pesar de los chamanes del antiguo México se regía, en verdad, por un sistema cognitivo muy diferente al nuestro.
De acuerdo con las premisas de ese sistema cognitivo, los chamanes dirían que lo que se evidencia en la disposición de este conjunto de citas es la RUEDA DEL TIEMPO, una construcción que para aquellos hombres no era ni especulativa ni teórica, sino tan pragmática como ellos mismos. Para aquellos chamanes el tiempo era, claramente, una disposición de la energía, un arreglo que el hombre podía tocar, mover y casi dirigir.
Gracias a la inmensa concentración que desarrollaron a lo largo de sus vidas, aquellos chamanes fueron realmente capaces de tocar la RUEDA DEL TIEMPO y moverla a tal punto que el propósito de su movimiento, cualquiera que éste haya sido, puede sentirse en nuestros días.
El problema del hombre moderno es que intuye sus recursos ocultos pero no se atreve a utilizarlos. La humanidad necesita ahora, más que nunca, que le enseñen nuevas ideas que tengan que ver exclusivamente con su mundo interior; ideas de chamanes, no ideas sociales; ideas relativas al hombre afrontando lo desconocido, encarando su muerte personal.
Carlos Castaneda
En el núcleo de los libros de Carlos Castaneda se encuentra la premisa de que el mundo, tal como lo conocemos, es sólo una versión de la realidad, un conjunto de acuerdos y descripciones asumidos culturalmente.
LOS ÁNGELES TIMES.
Somos increíblemente afortunados de poder contar con los libros de Carlos Castaneda. En su conjunto, conforman una obra que se encuentra entre lo mejor que ha producido la ciencia antropológica.
THE NEW YORK TIMES.
Carlos Castaneda es uno de los pensadores más profundos e influyentes del siglo XX. Sus concepciones pavimentan la dirección de la futura evolución de la conciencia humana. Debemos estarle profundamente agradecidos.
Deepak Chopra.
El misterio de la conciencia es la oscuridad. Los seres humanos están inundados de ese misterio, de cosas que son inexplicables. Considerarnos a nosotros mismos en cualesquiera otros términos es una locura. Así que un guerrero no degrada el misterio del hombre tratando de racionalizarlo.
Las comprensiones son de dos tipos. Unas no son más que arengas para darse ánimos; son grandes arranques de emoción y nada más. Las otras son producto de un movimiento del punto de encaje; no van unidas a arranques emocionales sino a la acción. Las comprensiones emocionales llegan años después, cuando los guerreros, con el uso, han consolidado la nueva posición de sus puntos de encaje.
Lo peor que podría ocurrirnos es tener que morir, y puesto que ése es ya nuestro destino inalterable, somos libres; quienes lo han perdido todo no tienen ya nada que temer.
No es por codicia que los guerreros se aventuran en lo desconocido. La codicia sólo es eficaz en el mundo de los asuntos cotidianos. Para aventurarse en esa aterradora soledad de lo desconocido se necesita mucho más que codicia: se necesita amor. Hay que tener amor a la vida, a la intriga, al misterio. Hay que tener una curiosidad insaciable y una montaña de agallas.
Un guerrero sólo piensa en los misterios de la conciencia; el misterio es lo único que importa. Somos seres vivos; tenemos que morir y abandonar nuestra conciencia. Pero si podemos cambiar tan siquiera un solo matiz de eso, ¿ qué misterios nos estarán aguardando? ¡Qué misterios!
COMENTARIO
El libro El fuego interno fue otro de los resultados finales de la influencia que Florinda Matus ejerció en mi vida. Ella me guió para que esta vez enfocara mi atención en el maestro de don Juan, el nagual Julián. Tanto Florinda como mi detallado enfoque en aquel hombre me revelaron que el nagual Julián Osorio había sido un actor de cierto mérito; pero más que actor, había sido un libertino al que sólo le interesaba seducir mujeres, cualquier clase de mujeres, con las que establecía contacto durante sus representaciones teatrales. Era tan extremadamente libertino que, finalmente, perdió la salud y contrajo la tuberculosis.
Su maestro, el nagual Elías, lo encontró una tarde en pleno campo, a las afueras de la ciudad de Durango, seduciendo a la hija de un acaudalado terrateniente. Debido al esfuerzo, el actor comenzó a sangrar, y la hemorragia llegó a ser tan intensa que estuvo a punto de morir. Florinda dijo que el nagual Elías vio que no había ninguna manera en que él pudiera ayudarle. Era imposible curar al actor, y lo único que podía hacer como nagual era cortar la hemorragia, cosa que hizo. Vio entonces la oportunidad de hacerle al actor una propuesta.
– Salgo a las cinco de la madrugada hacia las montañas -dijo-. Espérame a la salida del pueblo. No faltes. Si no vienes, morirás antes de lo que piensas. Tu único recurso es venir conmigo. Nunca podré curarte, pero podré desviar tu avance inexorable hacia el abismo que marca el final de la vida. Todos los seres humanos caemos inexorablemente en ese abismo más tarde o más temprano. Yo te desviaré para que tus pasos orillen la enorme extensión de esa fisura, ya sea por su lado izquierdo o por el derecho. Mientras no te caigas, vivirás. Nunca estarás bien, pero vivirás.
El nagual Elías no esperaba gran cosa del actor, que era un hombre perezoso, dejado, licencioso y quizá incluso cobarde. Se sorprendió sobremanera cuando a las cinco de la mañana del día siguiente lo encontró esperándole en un extremo de la ciudad. Se lo llevó a las montañas, y con el tiempo el actor llegó a ser el nagual Julián: un tuberculoso que no se curó jamás, pero que vivió hasta tal vez los ciento siete años, siempre caminando al borde del abismo.
– Desde luego, es de suprema importancia para ti que examines el caminar del nagual Julián al borde del abismo -me indicó Florinda en una ocasión-. El nagual Juan Matus nunca quiso saber nada de ello. Para él, todo eso era superfluo. Tú no tienes tanto talento como el nagual Juan Matus. Como guerrero, nada puede serte superfluo. Debes permitir que los pensamientos, los sentimientos y las ideas de los chamanes del México antiguo lleguen libremente hasta ti.
Florinda tenía razón. Yo no tengo el esplendor del nagual Juan Matus. Tal como ella había apuntado, para mí no podía haber nada superfluo. Necesitaba de cada apoyo, de cada matiz. No podía permitirme pasar por alto ninguna de las visiones ni de las concepciones de los chamanes del México antiguo, por muy descabelladas que pudieran parecerme.
Examinar el caminar del nagual Julián al borde del abismo implicó que mi habilidad para enfocar mis recuerdos se extendiera hasta los sentimientos que el nagual Julián experimentó en su extraordinaria lucha por mantenerse con vida. Me estremecí hasta la médula cuando descubrí que la batalla de aquel hombre había sido una lucha segundo a segundo, con sus terribles hábitos licenciosos y su extraordinaria sensualidad enfrentados a su férrea adhesión a la supervivencia. Su lucha no fue esporádica, sino la más sostenida y disciplinada de las batallas por mantener el equilibrio. Caminar al borde del abismo incrementaba hasta tal grado la batalla de un guerrero, que cada segundo contaba. Un solo momento de debilidad habría arrojado al abismo al nagual Julián.
Sin embargo, si mantenía su mirada, su énfasis, su interés enfocado en lo que Florinda llamaba el borde del abismo, la presión se aliviaba. Fuera lo que fuese lo que viera, no era tan desesperante como lo que veía cuando empezaban a apoderarse de él sus antiguos hábitos. Cuando miraba al nagual Julián en esos momentos, me parecía estar recapitulando a un hombre diferente; un hombre más pacífico, más desapegado, más compuesto.
Citas de El conocimiento silencioso
No es que un guerrero aprenda chamanismo con el paso del tiempo; lo que aprende con el paso del tiempo es, más bien, a ahorrar energía. Esa energía le permitirá manejar algunos de los campos de energía que normalmente le son inaccesibles. El chamanismo es un estado de conciencia, es la facultad de utilizar campos de energía que no se emplean al percibir el mundo cotidiano que conocemos.
Hay en el universo una fuerza inconmensurable e indescriptible que los chamanes llaman intento, y absolutamente todo cuanto existe en la totalidad del cosmos está ligado al intento por un vínculo de conexión. Los guerreros se dedican a estudiar, a entender y a emplear ese vínculo. Les interesa especialmente limpiarlo del aturdimiento y del entumecimiento provocados por los intereses ordinarios de la vida cotidiana. A este nivel, el chamanismo puede definirse como el proceso de limpiar nuestro vínculo de conexión con el intento.
A los chamanes les interesa su pasado, pero ese pasado no es su pasado personal. Para los chamanes, su pasado son los logros conseguidos por los chamanes de otras épocas. Consultan su pasado con el fin de obtener un punto de referencia. Los chamanes son los únicos que buscan genuinamente un punto de referencia en su pasado. Establecer un punto de referencia significa, para ellos, tener una oportunidad de examinar el intento.
También el hombre corriente examina el pasado. Pero lo que examina es su pasado personal y por razones personales. Se mide a sí mismo en relación con el pasado, tanto su pasado personal como lo que se conoce del pasado de su época, con el fin de encontrar justificaciones a su comportamiento presente o futuro, o para establecer un modelo para sí mismo.