Электронная книга - «Piedra por piedra». Краткое содержание книги:
Éste es el comienzo de una larga serie de desesperados intentos por parte de Rajel para que se haga justicia. Como en otras novelas de Batya Gur que no pertenecen a la serie policiaca de Michael Ohayon, por la que es conocida en España, se ponen al descubierto las contradicciones y el lado oscuro de la sociedad israelí.
Nadav dobló la carta dos veces, la volvió a meter en el bolsillo del pantalón y rompió el sobre muy despacio, en muchos pedacitos. Estaba claro que su hermana creía que él la iba a entender. Y la entendía. Pero esa comprensión no apagaba la decepción y la angustia que sentía. Tendría que estar solo con ellos en el juicio, mientras que Yael permanecía lejos y al margen de todo aquello. Con la mayor sinceridad, se preguntó a sí mismo si también a él le gustaría estar lejos en ese momento, y descubrió que no estaba muy seguro de ello. En realidad, desde que Ofer había muerto, no había podido estar lejos de ellos durante más de uno o dos días, porque cuando no los veía y no estaba al tanto de lo que ocurría en casa, lo asaltaba el temor de que hubiera ocurrido alguna desgracia más. Envidiaba a Yael por haber sido capaz de alejarse de todo.
Desde el día del entierro, y puede que ya antes, quizá desde la noche que siguió a la noticia, la noche en que había oído a su madre decir por primera vez, en la sala de estar, cuando todos se habían marchado y sólo el abuelo, Yaeli y Talia seguían allí sentados, de repente -hablándole a su marido, pero sin mirarlo-: «Lo han matado, hablan de un accidente, pero son unos asesinos, ¡unos asesinos!», desde entonces Nadav recordaba una y otra vez el asunto de la Coca-Cola, algo que nunca le había contado a nadie y que se había convertido en un recuerdo del que no se habla, un recuerdo compartido sólo con sus padres, porque era consciente de que los dos sabían que él se acordaba y que lo conservaba en su interior, como siempre, con todo detalle. (Una vez, la víspera de un sábado, estaban discutiendo acerca de cuándo había empezado Ofer a hablar y todos le pidieron a Nadav que, ya que tenía tan buena memoria, contara lo que había sucedido aquel día, él accedió y empezó a contar que una mañana temprano, cuando los despertó a todos una explosión ultrasónica, Ofer, que no había pronunciado ni una palabra comprensible durante sus quince meses de vida, se puso de pie en la cama y gritó «Coca-Cola». Su padre se había quedado mirando a Nadav con preocupación y le había dicho que tener tan buena memoria no era sólo un privilegio sino que también había algo de maldición en ello.) Aquella noche en el cementerio, al ver que su padre se venía abajo ante la presencia del muchacho de mármol -así se había referido su madre a la escultura la única vez que Nadav la había visto en su estudio; tan esbelto y translúcido lo había hecho que cuando él lo vio por primera vez se le había encogido el corazón, porque, en cierto modo, aunque no se parecía nada a Ofer, tenía su mismo aire soñador, diáfano, espiritual, como de levitación, en el que se movía Ofer desde que era pequeño, y esas piernas tan largas, de longitud ilimitada-, Nadav comprendió que su madre no abandonaría la idea que tenía en mente y que resultaría del todo imposible convencerla de otra cosa.