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Электронная книга - «Juego Del Destino». Краткое содержание книги:

Jeffrey Archer, con su habitual maestría narrativa, presenta en su última novela una apasionante historia marcada por un insólito cruce de destinos: dos hermanos gemelos separados al nacer y que desconocían la existencia del otro, se reencuentran treinta años más tarda como rivales políticos. Ambos pertenecen a familias de distinta extracción social y credo ideológico, pero el azar propiciará que sea Fletcher quien defienda a su hermano Nat, acusaso del asesinato de su rival en las elecciones a gobernador. Cuando Fletcher sufra un accidente y sea necesario conseguir sangre de un grupo muy extraño se desvelará el parentesco. Una trama perfectamente urdida en torno a las sorpresas que puede deparar el destino, al podeer político, al juego sucio, a la pérdida y al reencuetro, que ha hecho las delicias de miles de lectores en Inglaterra y Estados Unidos.
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– Bueno, ya sabes lo que dicen de los políticos -replicó Fletcher.

– Sí, lo sé, pero siempre sé cuándo papá no lo dice de verdad porque sonríe al mismo tiempo; esta vez no sonrió.

– ¿Dónde se sienta tu padre? -le preguntó Fletcher, en un intento por cambiar de tema.

– Como jefe de la mayoría se sienta en el tercer escaño por la izquierda en la primera fila. -Annie le señaló el asiento-. No te diré mucho más porque sé que él quiere enseñarte todo el Capitolio. -Le tocó la mano.

– Lo siento -se disculpó Fletcher, que apartó rápidamente la mano, convencido de que había sido un accidente.

– No seas tonto -dijo Annie. Le cogió la mano y esta vez no la soltó.

– ¿No crees que deberíamos volver a la fiesta? -preguntó Fletcher-. De lo contrario comenzarán a preguntarse dónde nos hemos metido.

– Supongo que sí -asintió Annie, pero no se movió-. Fletcher, ¿alguna vez has besado a una chica? -le preguntó en voz baja.

– No, nunca -confesó él, ruborizado hasta las cejas.

– ¿Quieres hacerlo?

– Sí, me gustaría.

– ¿Quieres besarme?

Fletcher asintió. Vio cómo Annie cerraba los ojos y le ofrecía los labios. Él comprobó que todas las puertas estuviesen cerradas, antes de inclinarse y besarla suavemente en la boca. Cuando él se apartó, Annie abrió los ojos.

– ¿Sabes qué es el beso francés? -preguntó.

– No, no lo sé -contestó Fletcher.

– Yo tampoco -reconoció Annie-. Si lo averiguas, ¿me lo dirás?

– Sí, lo haré.

Libro segundo

Éxodo

10

– ¿Te presentarás para representante de los estudiantes? -preguntó Jimmy.

– Aún no lo he decidido -le respondió Fletcher.

– Todos esperan que lo hagas.

– Ese es uno de los problemas.

– Mi padre quiere que te presentes.

– Pues mi madre no -dijo Fletcher.

– ¿Por qué no? -preguntó Jimmy.

– Cree que debo dedicar mi último curso a asegurarme de que conseguiré una plaza en Yale.

– Si te nombran representante de los estudiantes, será un punto más a tu favor en la solicitud de ingreso. Soy yo quien lo tendrá muy difícil.

– Estoy seguro de que tu padre tiene varios contactos a quienes llamar si es necesario -comentó Fletcher con una sonrisa.

– ¿Qué opina Annie al respecto? -quiso saber Jimmy, sin hacer caso del comentario.

– Está totalmente dispuesta a aceptar lo que yo decida.

– Entonces quizá me corresponde a mí ser quien incline la balanza.

– ¿Qué se te ha ocurrido?

– Si esperas ganar, tendrás que nombrarme director de tu campaña.

– Eso desde luego serviría para hundirme -manifestó Fletcher. Jimmy cogió uno de los cojines del sofá y se lo arrojó a su compañero-. La verdad es que si quieres garantizar mi victoria -continuó Fletcher, que atrapó el cojín al vuelo-, tendrías que ofrecer tus servicios como director de campaña a mi mayor rival.

Las pullas se interrumpieron cuando el padre de Jimmy entró en la habitación.

– Fletcher, ¿podrías concederme unos minutos?

– Por supuesto, señor.

– Quizá podríamos tener una charla en mi despacho.

Fletcher se levantó en el acto y siguió al senador. Antes de salir miró a Jimmy, pero su amigo se limitó a encogerse de hombros. Se preguntó si habría hecho algo mal.

– Siéntate -le dijo Harry Gates al tiempo que se sentaba al otro lado de la mesa. Guardó silencio durante unos segundos y luego añadió-: Fletcher, necesito un favor.

– Lo que usted quiera, señor. Nunca podré pagarle todo lo que ha hecho por mí.

– Has cumplido más que sobradamente con nuestro acuerdo -señaló el senador-. Durante los últimos tres años, Jimmy ha conseguido mantenerse por encima de la media; nunca lo hubiese hecho de no haber sido por tu apoyo.

– Es muy amable de su parte, pero…

– No es más que la verdad. Ahora lo único que quiero para el chico es asegurarme de que tenga posibilidades de que lo admitan en Yale.

– ¿Cómo puedo ayudarle si ni siquiera yo tengo una plaza segura?

El senador no hizo caso del comentario.

– Trapicheos políticos, muchacho.

– Creo que no le entiendo, señor.

– Si te nombran representante de los estudiantes, como estoy seguro que pasará, lo primero que deberás hacer es designar a un delegado. -Fletcher asintió-. Eso bastaría para inclinar la balanza a favor de Jimmy cuando la oficina de admisiones de Yale decida quiénes ocuparán las últimas plazas.

– Creo que también acaba de inclinar la balanza para mí, señor.

– Gracias, Fletcher, te lo agradezco, pero por favor no le digas nada a Jimmy de esta conversación.

Lo primero que hizo Fletcher al levantarse a la mañana siguiente fue ir a la habitación contigua y sentarse a los pies de la cama de Jimmy.

– Tendrás que tener un muy buen motivo para venir a despertarme -le amenazó Jimmy-, porque estaba soñando con Daisy Hollingsworth.

– Sigue soñando, chico. Medio equipo de fútbol está enamorado de ella.

– Si es así, ¿por qué me has despertado?

– He decidido presentarme para el cargo de representante estudiantil y no me conviene un director de campaña que se pase toda la mañana en la cama.

– ¿Es por algo que te dijo mi padre?

– Indirectamente. -Fletcher se calló un momento-. ¿Quién crees tú que será mi principal contrincante?

– Steve Rodgers -contestó Jimmy sin vacilar.

– ¿Por qué Steve?

– Porque está en el equipo y es un tipo divertido, así que intentarán presentarlo como el chico popular enfrentado al austero académico. Ya sabes, Kennedy contra Stevenson.

– No tenía idea de que conocieras el significado de la palabra austero.

– Basta de bromas, Fletcher -dijo Jimmy y se levantó de la cama-. Si quieres ganarle a Rodgers, tendrás que estar preparado para todo lo que te echen y más. Creo que debemos comenzar por tener un desayuno de trabajo con papá; siempre tiene desayunos de trabajo antes del comienzo de una campaña.

– ¿Hay alguien que pueda querer enfrentarse a ti? -preguntó Diane Coulter.

– Nadie a quien no pueda derrotar.

– ¿Qué me dices de Nat Cartwright?

– No podrá ganarme mientras se sepa que es el favorito del director y que si lo eligen no hará otra cosa que seguir sus órdenes; al menos, eso es lo que mis partidarios le están diciendo a todo el mundo.

– No nos olvidemos de la manera que trató a mi hermana.

– Creía que habías sido tú quien le dio puerta. Ni siquiera sabía que conocía a Tricia.

– No la conocía, pero eso no le impidió intentar propasarse con ella cuando fue a casa para verme.

– ¿Alguien más está enterado de esto?

– Sí, mi hermano Dan. Lo pilló en la cocina con la mano debajo de su falda. Mi hermana se quejó amargamente de que no había podido impedírselo.

– ¿Se quejó? -El joven guardó silencio unos instantes-. ¿Crees que tu hermano estaría dispuesto a respaldarme en las elecciones para representante estudiantil?

– Sí, aunque no creo que pueda hacer gran cosa mientras esté en Princeton.

– Oh, sí que puede -afirmó Elliot-. Para empezar…

– ¿Quién es mi principal contrincante? -preguntó Nat.

– Ralph Elliot, ¿quién si no? -respondió Tom-. Ha estado trabajando en su campaña desde que comenzó el último semestre.

– Eso va contra las reglas.

– No creo que Elliot se haya preocupado mucho nunca de las reglas. Además, y como sabe que tú eres mucho más popular que él, nos podemos esperar una campaña muy sucia.

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