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Электронная книга - «La tierra convulsa». Краткое содержание книги:

Ambicioso fresco sobre la historia reciente del País Vasco, saga y la vez retrato de un microcosmos realista y mágico que es el pueblo de Getxo, Verdes valles, colinas rojas es la gran novela sobre la colisión entre un mundo que cambia y un pueblo que se resiste a todo cambio. La historia arranca a finales del siglo XIX con el enfrentamiento entre Cristina Onaindia, aristócrata casada con el rico industrial Camilo Baskardo, y Ella, una ambiciosa y astuta criada sin nombre que pone en peligro todos los valores tradicionales cuando anuncia que espera un hijo ilegítimo. Esa rivalidad prolongada durante décadas y que marca la historia de Getxo es comentada por dos figuras protagonistas: don Manuel, anciano maestro, y Asier Altube, su discípulo predilecto, que rememoran los meandros y ramificaciones de otras muchas historias derivadas de éstas, como la de Roque Altube, primogénito de un caserío enamorado de una agitadora socialista, o la de los niños Baskardo, que vivirán en su propia piel la locura aranista de la madre. Ramiro Pinilla domina como pocos la acción y los diálogos, y logra integrar, desde una perspectiva a la vez épica y lírica, la historia y los mitos de una región.
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«-¿Qué dices?

»-Suéltala. Es pecado agarrar así a una muchacha en el baile.

»- ¿Qué dices?

»-Los vascos siempre hemos bailado a lo suelto.

»-Déjame en paz.

»-No, porque la mayoría de los que están en esta plaza piensan como yo.

»- ¿Quién eres? Tú no eres de este pueblo. No nos gusta que gente de fuera venga a…

»-Mira cómo bailan a lo suelto los mayores. Os enseñan a los jóvenes…

»- ¡A mí nadie me dice cómo debo bailar en mi propia plaza!

»-Los vascos siempre hemos bailado a lo suelto.

»-Los tiempos cambian. Hay que ser moderno para que no te llamen aldeano.

»- ¡Los tiempos no cambian! ¡Los tiempos no cambian!»

¡Resultaba magnífico ver al poderoso Martxel enfrentándose a los que colaboraban con el enemigo! Nos hicimos con un calendario de fiestas y romerías y ocupábamos las primaveras y los veranos en viajar de un pueblo a otro, de una plaza a otra, reconviniendo a quienes daban escándalo con su comportamiento extranjero. Martxel era capaz de llegar a las manos, y tenía que ser el otro muy fuerte para vencerle, aunque casi siempre se juntaban varios contra él y le trataban como a cualquier invasor de su territorio que quisiera quitarles las novias. Martxel recibía la paliza sin rencor, y yo…

«-¡Jaso, Jaso, ayúdame! ¡Atrévete!

»-Los maricas hacen bien en no meterse en esto.

»- ¡Jaso, Jaso, no tienes que hacerlo por mí, sino por ti!

»-Vino con él y ahora le deja solo.

»-Así son los señoritingos.

»-Le tiraríamos al suelo de un soplo.

»- ¡Cuidado…, ah, ah, ah…, que te comemos!

»- ¡Jaso, Jaso, no dejes que te asusten, échate sobre ellos, te aseguro que no duelen los golpes que se reciben por defender…!»

Pero, contemplando el martirio de Martxel, yo sufría más que si me golpearan, así que también sufría por nuestra causa. ¡Maldita ama! ¡Maldita ama! ¿Por qué me sigues acosando como cuando era pequeño?

Y también la buscábamos a ella, a la modelo del cuadro: Martxel y yo pateándonos toda Euskadi, Martxel cargado con la pesada mochila, alcanzando hasta los valles más remotos después de salvar los montes más difíciles; acercándonos a las pastoras para verles bien el rostro; o a las familias que faenaban en sus campos, aislando con nuestras miradas a la muchacha o muchachas jóvenes, aun a riesgo de parecer insolentes…

«-Ama dice que la neskita tendrá ahora, más o menos, mi edad, que ya no es aquella niña de doce años.

»-Esperemos que no haya cambiado mucho.

»-Una cara como la suya no cambia nunca. La llevo grabada muy dentro de mi alma. Y tú también, ¿verdad, Martxel?

»-Sí, yo también.

»-La encontraremos.

»-Sí, la encontraremos.

»-Ese Aurken hubo de tenerla delante para pintarla.

»- ¿Y si pintó una cara que no existe?, ¿si simplemente se la inventó?

»-No importa que un rostro así haya sido visto o no con los ojos de la cara. Existe, está en alguna parte de nuestra tierra, esperándonos… ¡Siempre nos ha estado esperando, incluso antes de que lo pintara Aurken!

»-Incluso si Aurken no lo pintó.

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