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Электронная книга - «Maktub (spanish)». Краткое содержание книги:

La ?ltima novedad de Paulo Coelho es una selecci?n de sus mejores art?culos publicados entre 1993 y 1994 en la Folha de Sao Paulo.
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Él miró la mesa, pensando en el mejor símbolo de su estancia en la Tierra. Tenía ante él las granadas de Galilea, las especias de los desiertos del Sur, los frutos secos de Siria, los dátiles de Egipto. Debió de extender Su mano para consagrar una de estas cosas cuando, de repente, recordó que el mensaje que llevaba era para todos los hombres, de todos los lugares. Y tal vez, las granadas y los dátiles no existiesen en determinados lugares del mundo. Volvió a mirar a Su alrededor, y se le ocurrió otra idea: en las granadas, en los dátiles, en los frutos secos, el milagro de la Creación se manifestaba por sí mismo, sin ninguna interferencia del ser humano. Entonces cogió el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio a sus discípulos diciendo: «Tomad y comed todos de Él, porque éste es Mi cuerpo.» Porque había pan en todas partes. Y porque el pan, al contrario que los dátiles, las granadas y los frutos secos de Siria, era el mejor símbolo del camino hacia Dios. El pan era el fruto de la tierra Y DEL TRABAJO del hombre.

El malabarista se detiene en medio de la plaza, coge tres naranjas y comienza a lanzarlas al aire. La gente se agrupa a su alrededor, presta atención a la gracia y a la elegancia de sus gestos. -La vida es más o menos así -comenta alguien con el viajero-. Siempre tenemos una naranja en cada mano, y una suelta en el aire; ahí está la diferencia. Fue lanzada con habilidad y experiencia, pero tiene su propio rumbo. Al igual que el malabarista, lanzamos un sueño al mundo, pero no siempre tenemos el control sobre él. En esos momentos, es preciso saber entregárselo a Dios y rogar que, a su debido tiempo, él cumpla con dignidad su recorrido y caiga, realizado, en nuestras manos.

Uno de los más poderosos ejercicios de crecimiento interior consiste en prestar atención a cosas que hacemos automáticamente, como respirar, parpadear o fijarnos en los objetos que hay a nuestro alrededor. Cuando hacemos esto, permitimos que nuestro cerebro trabaje con más libertad, sin interferencias de nuestros deseos. Ciertos problemas que parecían no tener solución acaban resolviéndose, ciertas obras que juzgábamos insuperables se disiparon sin esfuerzo. Dice el maestro: Cuando tengas que enfrentarte a una situación difícil, procura usar esta técnica. Exige un poquito de disciplina, pero los resultados son sorprendentes.

Un individuo está en el mercado vendiendo jarrones. Se acerca una mujer y mira la mercancía. Algunas piezas no tienen dibujo, otras están decoradas cuidadosamente. La mujer pregunta el precio de los jarrones. Para su sorpresa, descubre que todos cuestan lo mismo. -¿Cómo el jarrón decorado puede costar lo mismo que un jarrón sin dibujo? -pregunta ella-. ¿Por qué cobrar igual por un trabajo que llevó más tiempo hacer? -Soy un artista -responde el vendedor-. Puedo cobrar por el jarrón que he hecho, pero no puedo cobrar por la belleza. La belleza es gratis.

El viajero se sentía solo al salir de una misa. De repente, fue abordado por un amigo. -Necesito hablar contigo -dijo. El viajero vio en aquel encuentro una señal, y se entusiasmó tanto que empezó a hablar sobre todo lo que consideraba importante. Habló de las bendiciones de Dios, de amor, dijo que su amigo era una señal de su ángel, pues se sentía solo minutos antes, y ahora tenía compañía. El otro lo escuchó todo en silencio, se lo agradeció, y se marchó. En vez de alegre, el viajero se sintió más solo que nunca. Más tarde se dio cuenta de que con todo su entusiasmo no había prestado atención a la petición de aquel amigo: hablar. El viajero miró al suelo y vio sus palabras tiradas en la acera, porque el universo quería otra cosa en aquel momento.

Tres hadas fueron invitadas al bautizo de un príncipe. La primera le concedió el don de encontrar el amor. La segunda le dio dinero para que hiciese lo que le gustase. La tercera le dio la belleza. Pero como en toda historia infantil, apareció la bruja. Furiosa por no haber sido invitada, lanzó la maldición: -Como ya lo tienes todo, yo te voy a dar todavía más. Tendrás talento para todo aquello que hagas. El príncipe creció siendo apuesto, rico y apasionado. Pero jamás consiguió cumplir su misión en la Tierra. Era un excelente pintor, escultor, escritor, músico, matemático, pero no conseguía terminar ninguna tarea, porque enseguida se distraía, y quería hacer algo diferente. Dice el maestro: Todos los caminos van al mismo lugar. Pero escoge el tuyo, y ve hasta el final. No intentes recorrer todos los caminos.

Un texto anónimo del siglo XVIII habla de un monje ruso que buscaba un guía espiritual. Un día le dijeron que en una aldea había un ermitaño que se dedicaba día y noche a la salvación de su alma. Al oír esto, el monje se fue a buscar al hombre santo. -Quiero que me guíes en los caminos del alma -dijo el monje. -El alma tiene su propio camino, y el ángel la guía -respondió el ermitaño-. Reza sin parar. -No sé rezar de esa manera. Quiero que me enseñes. -Si no sabes rezar sin parar, entonces reza pidiéndole a Dios que te enseñe a rezar sin parar. -No me estás enseñando nada -respondió el monje. -No hay nada que enseñar, porque no se puede transmitir Fe como se transmiten los conocimientos de matemáticas. Acepta el misterio de la Fe, y el universo se revelará.

Dice Antonio Machado: «Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar.»

Dice el maestro: Escribe. Ya sea una carta o un diario, o unas notas mientras hablas por teléfono, pero escribe. Escribir nos acerca a Dios y al prójimo. Si quieres entender mejor tu papel en el mundo, escribe. Procura plasmar tu alma por escrito, aunque nadie lo lea; o, lo que es peor, aunque alguien acabe leyendo lo que no querías. El simple hecho de escribir nos ayuda a organizar el pensamiento y a ver con claridad lo que nos rodea. Un papel y un bolígrafo hacen milagros, curan dolores, consolidan sueños, llevan y traen la esperanza perdida. La palabra tiene poder.

Los monjes del desierto afirmaban que era necesario dejar que la mano de los ángeles actuase. Para ello, de vez en cuando, hacían cosas absurdas, como hablar con las flores o reírse sin razón. Los alquimistas siguen las «señales de Dios»; pistas que muchas veces no tienen sentido, pero que terminan llevándonos a algún lugar. Dice el maestro: No tengas miedo de que te llamen loco; haz algo hoy que no concuerde con la lógica que aprendiste. Altera un poco ese comportamiento serio que te enseñaron a tener. Ese pequeño detalle, por insignificante que sea, puede abrir las puertas a una gran aventura, humana y espiritual.

Un sujeto conduce un lujoso Mercedes Benz cuando se le pincha una rueda. Al intentar cambiarla, descubre que le falta el gato. «Bueno, voy hasta la primera casa que encuentre y pido uno prestado -piensa, mientras camina en busca de ayuda-. Tal vez, el sujeto, al ver mi coche, quiera cobrarme algo por el gato -dice para sus adentros-. Un coche como éste, y yo buscando un gato; me va a cobrar diez dólares, tal vez me cobre cincuenta, porque sabe que necesito el gato. Se va a aprovechar, tal vez me cobre cien dólares.» Y, a medida que anda, el precio va subiendo. Cuando llega a la casa, y el dueño abre la puerta, el sujeto grita: -¡Es usted un ladrón! ¡Un gato no vale tanto! ¡Puede quedárselo! ¿Quién de nosotros puede decir que nunca se ha comportado de esta manera?

Milton Ericksson es el autor de una nueva terapia que comienza a ganar millones de adeptos en EE.UU. A los doce años de edad, fue víctima de la poliomielitis. Diez meses después de contraer la enfermedad, oyó a un médico que les decía a sus padres: -Su hijo no pasará de esta noche. Ericksson, enseguida, oyó el llanto de su madre. «¿Quién sabe? Si paso de esta noche, tal vez ella no sufra tanto», pensó. Y decidió no dormir hasta el amanecer. Por la mañana, le gritó a su madre: -¡Eh! Sigo vivo. La alegría en la casa fue tanta que, a partir de ahí, decidió resistir siempre un día más, para retrasar el sufrimiento de sus padres. Murió a los setenta y cinco años, en 1990, y dejó una serie de importantes libros sobre la enorme capacidad que el hombre posee para vencer sus propias limitaciones.

– Santo hombre -le dijo un novicio al padre Pastor-, tengo el corazón lleno de amor por el mundo, y el alma limpia de las tentaciones del demonio. ¿Cuál es mi próximo paso? El padre le pidió que lo acompañase a visitar a un enfermo que necesitaba la extremaunción. Después de confortar a la familia, el padre vio que, en un rincón de la casa, había un baúl. -¿Qué hay dentro de ese baúl? -preguntó. -La ropa que mi tío nunca usó -dijo el sobrino del enfermo-. Siempre pensó que surgiría la ocasión oportuna para ponérsela, pero acabó pudriéndose ahí dentro. -No olvides ese baúl -dijo el padre Pastor a su discípulo, cuando salieron-. Si tienes tesoros espirituales en tu corazón, ponlos en práctica ahora. O se pudrirán.

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