La Casa De Riverton
- Автор: Morton Kate
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «La Casa De Riverton». Краткое содержание книги:
En el verano de 1924 todo es felicidad en la mansión de Riverton Manor… hasta la noche de la fiesta. Toda la alta sociedad se está divirtiendo entre el glamour y la elegancia del paraje. Pero en medio de la noche se escucha un disparo. El joven poeta Robbie Hunter se ha quitado la vida a orillas del lago de la mansión. Las hermanas Hartford, Hannah y Emmeline, serán las únicas testigos y se convertirán además en las protagonistas de toda la prensa del momento.
Unas cuantas décadas después, en 1999, Grace Bradley, la que fuera en su día doncella en Riverton Manor, recibe la visita de una joven directora de cine que está preparando una película sobre el suicidio del poeta. Tras años de silencio y olvido, los fantasmas del pasado empiezan a aflorar; y un terrible secreto intenta abrirse paso, un secreto que Grace no ha podido borrar jamás de su memoria. Los recuerdos siguen vivos en esta novela llena de amor, celos, odios y rivalidades, recuerdos que se gestaron en un verano de los decadentes años veinte.
Hannah, pálida a la luz de la luna, respiraba agitadamente.
– No seas estúpida. Deja eso.
– No soy estúpida.
– Deja eso.
– No.
– No quieres usarlo.
– Sí quiero.
– ¿A cuál de nosotros vas a disparar?
Robbie estaba junto a Hannah. Emmeline los miraba a uno y a otro, con los labios temblorosos.
– No vas a dispararle a nadie, ¿verdad?
El rostro de Emmeline se desfiguró y comenzó a llorar.
– No.
– Entonces baja el revólver.
– No.
Ahogué un grito cuando Emmeline levantó la mano y apuntó el arma a su propia cabeza.
– ¡Emmeline! -gritó Hannah.
Emmeline sollozaba estremecedoramente.
– Dame el revólver. Vamos a hablar. Solucionaremos esto.
– ¿Me devolverás a Robbie o te quedarás con él, como has hecho con todos ellos, con papá, con David, con Teddy?
– Las cosas no son como dices.
– Es mi turno.
De pronto se oyó un terrible estruendo. Los fuegos artificiales. Todos dieron un respingo. Un resplandor escarlata bañó sus rostros. Millones de motas rojas se desparramaron por la superficie del lago.
Robbie se cubrió la cara con las manos.
Hannah dio un salto hacia adelante, le arrebató a Emmeline el arma y volvió a retroceder.
Emmeline se abalanzó sobre ella con la cara embadurnada de lágrimas y carmín.
– ¡Dámelo, dámelo o gritaré! No os iréis. Se lo diré a todo el mundo. Les diré que os habéis fugado, Teddy te encontrará y…
¡Bang! Se oyó una explosión y el cielo se tiñó de verde.
– … Teddy no dejará que te vayas, se asegurará de que no puedas hacerlo y no volverás a ver a Robbie y…
¡Bang! Un resplandor plateado.
Hannah fue hacia una loma que había junto al lago. Emmeline la siguió, llorando. Los fuegos seguían explotando.
La música de la fiesta resonaba en los árboles, el lago, las paredes del pabellón de verano.
Robbie estaba encorvado, se tapaba los oídos con las manos. Tenía el rostro pálido, los ojos muy abiertos.
No podía oírlo pero lo veía mover los labios. Señalaba a Emmeline y le gritaba algo a Hannah.
¡Bang! Otra vez rojo.
Robbie se encogió. El pánico le desfiguraba el rostro. Seguía gritando.
Hannah vaciló, mirándole desorientada. Había oído lo que decía. Algo en ella se desmoronó.
Los fuegos artificiales habían concluido. Desde el cielo llovían ascuas.
Entonces, yo también lo oí.
– ¡Dispárale a ella! -gritaba él-. ¡Dispárale a ella! Se me heló la sangre.
Emmeline quedó paralizada, con un nudo en la garganta.
– Hannah… -su voz parecía la de un chiquillo asustado-. ¿Hannah?
– Dispárale -repitió él, corriendo hacia Hannah-. Lo arruinará todo.
Hannah lo observaba sin comprender.
– ¡Dispárale a ella! -gritó desaforadamente.
Las manos de Hannah temblaban.
– No puedo -dijo por fin.
– Entonces dame el arma. Yo lo haré.
Se acercaba a toda velocidad. Yo sabía que lo haría. La desesperación y la determinación podían leerse en su rostro.
Emmeline se sacudió. Comprendió. Comenzó a correr hacia Hannah.
– No puedo -insistió Hannah.
Robbie trató de quitarle el arma. Hannah apartó su brazo, cayó de espaldas, siguió subiendo por la loma.
– Hazlo -ordenó Robbie- o lo haré yo.
Hannah llegó al punto más alto. Robbie y Emmeline se acercaban a ella. No había escapatoria. Los miró.
El tiempo pareció detenerse.
Dos puntos de un triángulo, que atados a un tercero, se habían ido alejando tensando la cuerda hasta el límite.
Contuve el aliento. La cuerda no se rompió.
En ese instante, se contrajo.
Los puntos volvieron a juntarse, en un choque de lealtad, de sangre, de infortunio.
Hannah apuntó el arma y accionó el gatillo.
El después. Porque siempre hay un después. La gente suele olvidarlo. Sangre en abundancia. En los vestidos, en las caras, en el cabello.
El arma estaba en el suelo. Había chocado ruidosamente contra las piedras donde reposaba inmóvil.
Hannah siguió tambaleándose en lo alto de la loma.
El cuerpo de Robbie yacía en el suelo, más abajo. Su cabeza se había transformado en un montón de huesos, sangre y masa cerebral.
Yo estaba conmocionada, los latidos de mi corazón retumbaban en mis oídos, tenía frío y calor a la vez. De pronto, y sin poder evitarlo, vomité.
Emmeline estaba de pie, petrificada, con los ojos apretados. No lloraba, ya no. Hacía un ruido espantoso, que jamás he podido olvidar. Cada vez que inspiraba el aire quedaba atrapado en su garganta.
El tiempo pasaba aunque no podía medirlo. En el sendero, detrás de mí, oí voces y risas.
– Es por aquí, un poco más adelante. Ya verá, lord Gifford. Las escaleras no están terminadas, esos malditos franceses y sus conflictos portuarios, pero creo que coincidirá conmigo en que el resto es bastante impresionante.
Me limpié la boca, y corrí desde mi escondite hacia la orilla del lago.
– Teddy viene hacia aquí -anuncié en medio de mi conmoción, de la conmoción general.
– Llegas demasiado tarde -espetó Hannah, golpeándose frenéticamente la cara, el cuello, la cabeza-. Llegas demasiado tarde.
– Teddy viene hacia aquí, señora -balbuceé.
Emmeline abrió repentinamente los ojos. La luz de la luna les daba un reflejo plateado. Se sacudió. Se irguió y me señaló la maleta de Hannah.
– Llévala a casa -ordenó con voz áspera-. Ve por el camino más largo. Yo vacilé.
– Corre.
Asentí, tomé la maleta y corrí hacia el bosque. No podía pensar con claridad. Me detuve en medio de la oscuridad y miré hacia atrás, me castañeaban los dientes.
Teddy y lord Gifford habían llegado al final del sendero e iban hacia la orilla del lago.
– Dios santo -exclamó Teddy deteniéndose abruptamente-. Qué demonios…
– Teddy querido, gracias a Dios estás aquí -dijo Emmeline. Luego se giró hacia Teddy y alzó la voz-. El señor Hunter se ha pegado un tiro.
LA CARTA
Esta noche muero y mi vida comienza.
Te lo digo a ti y sólo a ti. Me has acompañado largo tiempo en esta aventura, y quiero que sepas que, en los días que se avecinan, buscarán un cuerpo en el lago y nunca lo encontrarán. Yo estaré a salvo.
Primero iremos a Alemania; desde allí, no sé hacia dónde seguiremos. ¡Finalmente podré ver la máscara funeraria de Nefertiti!
Te he dejado otra nota dirigida a Emmeline. Es la nota de una suicida anunciando una muerte que nunca se hará realidad. Ella debe encontrarla mañana. No antes. Cuida de ella, Grace. Estará bien. Tiene muchos amigos.
Hay un último favor que quiero pedirte. Es algo de suma importancia. Pase lo que pase, esta noche debes mantener a Emmeline lejos del lago. Robbie y yo partiremos desde allí. No puedo arriesgarme a que nos descubra. No lo comprendería. No todavía.
Me pondré en contacto con ella más adelante. Cuando no sea peligroso.
Y por último. Tal vez hayas descubierto que el relicario que te entregué no está vacío. Dentro hay una llave, la llave secreta de un cofre de seguridad en Drummonds, en Channg Cross. Está a tu nombre y todo lo que contiene es para ti. Sé lo que piensas sobre los regalos, pero te ruego que lo aceptes y que no mires atrás. ¿Es muy presuntuoso de mi parte decir que es tu billete para una nueva vida?