Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Ужасы » La Cúpula
La Cúpula - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Cúpula

Электронная книга - «La Cúpula». Краткое содержание книги:

La cúpula. Un día de octubre la pequeña ciudad americana de Chester´s Mill se encuentra totalmente aislada por una cúpula transparente e impenetrable. Nadie sabe de dónde ha salido ni por qué está allí. Sólo saben que poco a poco se agotarán las provisiones y hasta el oxígeno que respiran. Es una soleada mañana de otoño en la pequeña ciudad de Chester´s Mill. Claudette Sanders disfruta de su clase de vuelo y Dale Barbara, Barbie para los amigos, hace autostop en las afueras. Ninguno de los dos llegará a su destino. De repente, una barrera invisible ha caído sobre la ciudad como una burbuja cristalina e inquebrantable. Al descender, ha cortado por la mitad a una marmota y ha amputado la mano a un jardinero. El avión que pilotaba Claudette ha chocado contra la cúpula y se ha precipitado al suelo envuelto en llamas. Dale Barbara, veterano de la guerra de Irak, ha de regresar a Chester´s Mill, el lugar que tanto deseaba abandonar. El ejército pone a Barbie al cargo de la situación pero Big Jim Rennie, el hombre que tiene un pie en todos los negocios sucios de la ciudad, no está de acuerdo: la cúpula podría ser la respuesta a sus plegarias. A medida que la comida, la electricidad y el agua escasean, los niños comienzan a tener premoniciones escalofriantes. El tiempo se acaba para aquellos que viven bajo la cúpula. ¿Podrán averiguar qué ha creado tan terrorífica prisión antes de que sea demasiado tarde? Una historia apocalíptica e hipnótica. Totalmente fascinante. Lo mejor de Stephen King.
1 ... 121 122 123 124 125 126 127 128 129 ... 264
Перейти на страницу:

Se echó la ceniza en la mano. Al esparcirla, vio a Brenda Perkins subiendo por la cuesta.

Un momento después, una mano le tocó en el hombro. Demasiado ligera y delicada para ser la de Benny.

– ¿Quién es esa? -preguntó Norrie.

– La conozco solo de vista, no sé cómo se llama -dijo él.

Benny se les unió.

– Es la señora Perkins. La viuda del sheriff.

Norrie le dio un codazo.

– Jefe de policía, idiota.

Benny se encogió de hombros.

– Lo que sea.

La estuvieron observando, sobre todo porque no tenían a nadie más a quien mirar. El resto de la ciudad estaba en el supermercado celebrando la mayor guerra de comida del mundo, según parecía. Los tres niños habían ido a investigar, pero desde lejos; no necesitaron que nadie les convenciera de que no se acercaran, dado el valioso equipo que había sido confiado a su cuidado.

Brenda cruzó Main Street hacia Prestile Street, se detuvo frente a la casa de los McCain y después siguió hasta la de la señora Grinnell.

– ¿Por qué no nos vamos ya? -preguntó Benny.

– No podemos irnos hasta que se haya ido ella -respondió Norrie.

Benny se encogió de hombros.

– ¿Cuál es el problema? Si nos ve, no somos más que unos niños haciendo el ganso en la plaza del pueblo. Además, ¿sabéis qué? Seguramente no nos vería ni aunque nos estuviera mirando de frente. Los adultos nunca ven a los niños. -Pensó en eso-. A no ser que vayan en skate.

– O que estén fumando -añadió Norrie.

Todos miraron sus cigarrillos.

Joe enganchó con un pulgar el asa de la bolsa de la compra que estaba en la cesta del manillar de la Schwinn High Plains de Benny.

– También suelen ver a los niños que hacen el ganso con propiedad municipal de mucho valor.

Norrie se colocó el cigarrillo en la comisura de los labios. Parecía maravillosamente dura, maravillosamente hermosa y maravillosamente adulta.

Los chicos siguieron mirando. La viuda del jefe de policía se había puesto a hablar con la señora Grinnell. No fue una conversación muy larga. La señora Perkins había sacado un gran sobre marrón de su bolsa de tela mientras subía los escalones, y entonces vieron cómo se lo daba a la señora Grinnell. Unos segundos después, la señora Grinnell prácticamente le cerraba la puerta en las narices.

– Caray, qué maleducada -dijo Benny-. Una semana de castigo.

Joe y Norrie se rieron.

La señora Perkins se quedó un momento donde estaba, como desconcertada, después bajó los escalones. Esta vez caminaba de cara a la plaza, y los tres niños se retiraron instintivamente a las sombras de la pasarela. Eso hizo que la perdieran de vista, pero Joe encontró una rendija muy oportuna en el lateral de madera y pudo seguir espiando.

– Vuelve a Main -informó-. Vale, ahora está subiendo la cuesta… ahora cruza otra vez…

Benny hizo como que sostenía un micrófono imaginario.

– Las imágenes, en el informativo de las once.

Joe no le hizo caso.

– ¡Ahora va hacia mi calle! -Se volvió hacia Benny y Norrie-. ¿Creéis que irá a ver a mi madre?

– Mills Street tiene cuatro manzanas, colega -dijo Benny-. ¿Qué probabilidades hay?

Joe se sintió aliviado, aunque no se le ocurría ningún motivo por el que la visita de la señora Perkins a su madre pudiera ser algo malo. Solo que su madre estaba bastante preocupada porque su padre se encontraba fuera del pueblo, y a Joe no le apetecía verla más alterada de lo que ya estaba. Casi le había prohibido hacer esa expedición. Gracias a Dios que la señorita Shumway le había quitado aquella idea de la cabeza, sobre todo diciéndole que Dale Barbara había pensado específicamente en Joe para ese trabajo (en el cual Joe -igual que Benny y Norrie- prefería pensar como en «la misión»).

– Señora McClatchey -había dicho Julia-, Barbie cree que seguramente nadie puede hacer uso de ese artefacto mejor que su hijo. Podría ser muy importante.

Eso había hecho que Joe se sintiera bien, pero al mirar a su madre a la cara (preocupada, alicaída) de pronto se había sentido mal Ni siquiera habían pasado tres días desde que la Cúpula los había encerrado, pero ya había perdido peso. Y eso de que no soltara nunca la fotografía de su padre… eso también hacía que se sintiera mal. Era como si pensara que estaba muerto, en lugar de atrapado en un motel en alguna parte, seguramente bebiendo cerveza y viendo la HBO.

Su madre, sin embargo, había estado de acuerdo con la señorita Shumway.

– Es un chico muy listo y se le dan bien las máquinas, desde luego. Siempre se le han dado bien. -Lo había recorrido con la mirada de la cabeza a los pies y luego había suspirado-. ¿Cuándo te has hecho tan alto, hijo?

– No sé -había respondido él con total sinceridad.

– Si te dejo hacer esto, ¿tendrás cuidado?

– Y llévate a tus amigos contigo -dijo Julia.

– ¿A Benny y a Norrie? Claro.

– Otra cosa -había añadido Julia-, sed un poco discretos. ¿Sabes lo que significa eso, Joe?

– Sí, señora, claro que sí.

Significaba que no te pillaran.

3

Brenda desapareció tras la pantalla de árboles que bordeaban Mills Street.

– Vale -dijo Benny-. Vamos. -Aplastó con cuidado el cigarrillo en el cenicero improvisado y después sacó la bolsa de la compra de la cesta de la bici.

Dentro de la bolsa llevaban el anticuado contador Geiger de color amarillo que había pasado de Barbie a Rusty, a Julia… y finalmente a Joe y su pandilla.

Joe cogió el tapón de la botella de zumo y apagó también su cigarrillo; pensó que le gustaría probarlo otra vez cuando tuviera tiempo para concentrarse en la experiencia. Por otra parte, quizá fuera mejor no hacerlo. Ya era adicto a los ordenadores, las novelas gráficas de Brian K. Vaughan y el skate. A lo mejor con eso ya tenía bastantes monos de los que ocuparse.

– Va a venir gente -les dijo a Benny y a Norrie-, puede que un montón de gente, en cuanto se cansen de jugar en el supermercado. Lo único que podemos hacer es esperar que no se fijen en nosotros.

Por dentro, oyó a la señorita Shumway diciéndole a su madre lo importante que podría ser aquello para el pueblo. A él no tuvo que decírselo; seguramente Joe lo comprendía mejor que ellos mismos.

– Pero si se acerca algún poli… -dijo Norrie.

Joe asintió.

– Lo metemos otra vez en la bolsa. Y sacamos el Frisbee.

– ¿De verdad creéis que hay una especie de generador alienígena enterrado bajo la plaza del pueblo? -preguntó Benny.

– Yo he dicho que podría haberlo -respondió Joe, más brusco de lo que había sido su intención-. Todo es posible.

En realidad, Joe creía que era más que posible; lo creía probable. Si la Cúpula no tenía un origen sobrenatural, entonces era un campo de fuerza. Un campo de fuerza tenía que ser generado. A él le parecía una situación que solo requería confirmación, pero no quería que sus amigos se hicieran muchas ilusiones. Ni él mismo, para el caso.

– Empecemos a buscar -dijo Norrie. Salió colándose por debajo de la cinta amarilla de precinto policial-. Solo espero que los dos hayáis rezado lo suficiente.

Joe no creía en rezar por cosas que podía hacer él mismo, pero había elevado una breve oración por un tema algo diferente: que, si encontraban el generador, Norrie Calvert le diera otro beso. Uno chulo y largo.

4

Esa misma mañana, algo más temprano, durante su reunión preexploración en el salón de los McClatchey, Joe «el Espantapájaros» se había quitado la zapatilla derecha y luego el calcetín blanco de deporte que llevaba debajo.

– Truco o trato, huéleme el zapato, dame algo rico que comer dentro de un rato -entonó Benny con alegría.

– Calla, imbécil -repuso Joe.

– No llames imbécil a tu amigo -dijo Claire McClatchey, pero le dirigió a Benny una mirada de reproche.

1 ... 121 122 123 124 125 126 127 128 129 ... 264
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)