Narrenturm
- Автор: Сапковский Анджей
- Язык: испанский
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «Narrenturm». Краткое содержание книги:
Transcurre la turbulenta primera mitad del siglo XV en Silesia, un país entre los grandes reinos polacos, alemanes y bohemios. Los seguidores de la herejía fundada por Jan Hus – los husitas – se extienden por la región. Aceptada por pobres y villanos, la nueva fe produce convulsiones sociales y políticas. Los grandes señores están divididos: algunos se muestran a favor de los husitas, otros en contra. La poderosa Iglesia de Roma lanza una cruzada tras otra contra los herejes, intentando destruirlos. La horca y la antorcha recorren los campos del corazón de Europa. Pero los espías husitas están por todas partes y sus ejércitos, formados por campesinos y aldeanos, derrotan a los nobles y los pasan a cuchillo.
Reinmar de Bielau, llamado Reynevan, es un joven noble silesio, un médico estudioso de la alquimia y ferviente partidario de trovadores y minnesanger. Su apasionamiento por una mujer casada lo llevará a enfrentarse a una poderosa familia, los Sterz. Perseguido por encargo de ellos, Reynevan huye por todo el centro de Europa, escondiéndose de los asesinos a sueldo. En un principio la huida es poco más que un juego, pero pronto las cosas empiezan a complicarse.
Reynevan no lo sabe, pero la huida emprendida transformará por completo su vida. Encontrará así el verdadero amor y la verdadera amistad, vivirá aventuras y peligros, y por fin participará en la guerra del lado de los más débiles. O al menos eso cree.
La Trilogía de las Guerras Husitas iniciada con Narrenturm y que continúa con Los guerreros de Dios y Lux perpetua es un tour de forcé literario. Narrada como una novela de aventuras medievales, en ella el estilo de Sapkowski es rico y variado. Contiene fragmentos dignos de un Miguel de Cervantes pasado por una turmix psicodélica, está llena de diálogos desternillantes y sin embargo preñados de sentido filosófico, hay escenas brutales y violentas mostradas en toda su desnudez. La Trilogía es tanto una novela picaresca como un bildungsroman o novela de iniciación, en la que los héroes crecen y maduran con el paso del tiempo; es también un tratado moral acerca de los peligros del fanatismo, una divertida revisión de los mitos de la alquimia y la brujería medievales, y una exacta descripción histórica de una época y una región extraordinariamente atractivas.
Narrenturm (La torre de los locos) es una especie de El nombre de la rosa de nuestros tiempos, menos enrevesada que la obra de Umberto Eco, más profunda en su carga de sentimientos, más divertida y accesible en su técnica literaria. En definitiva: un placer para el lector.
Las hogueras crepitaron y lanzaron lenguas de fuego. La multitud se agitó excitada.
– Adoradme en lo profundo de vuestros corazones y en la alegría de vuestras costumbres, ofreced vuestro sacrificio en el acto del amor y del placer, porque tal sacrificio me es grato. Puesto que yo soy la virgen inmaculada y yo soy la amante de dioses y demonios ardiente de deseo. Y en verdad os digo: como estuve con vosotros al principio, del mismo modo me encontraréis al final.
– ¡Escuchad -gritó para terminar el hechicero- las palabras de la Diosa, de aquélla cuyos brazos y muslos abrazan el Universo! ¡Quien al Principio separó las Aguas de los Cielos y bailó en ellos! ¡Bailad también vosotros!
– ¡Eia! Magna Materl
La domina arrojó con un brusco gesto la capa de sus hombros desnudos. Salió al centro de la pradera con dos acompañantes a ambos lados.
Las tres estuvieron allí, agarradas de las manos, que tenían estiradas hacia atrás, los rostros hacia afuera, las espaldas hacia adentro, del mismo modo en que a veces se representa a las Gracias en la pintura.
– Magna Mater! ¡Tres veces nueve! ¡Eia!
A las tres se añadieron otras tres brujas y tres hombres, todos, uniendo las manos, formaron un círculo. Ante sus gritos, sus llamadas, se añadieron los siguientes. Todos en la misma posición, los rostros hacia afuera, las espaldas hacia los nueve que eran el centro, formaron otro círculo. Al momento se formó otro, y luego otro y otro, y otro, cada círculo con las espaldas al anterior y, por supuesto, mayor y más numeroso. Si al nexus formado por la domina y sus acompañantes lo rodeaba un círculo con no más de treinta personas, en el último círculo, el exterior, había por lo menos trescientas. Renevan y Nicoletta, llevados por la muchedumbre enfebrecida, se encontraron en el penúltimo círculo. La vecina de Reynevan era una de las nobles enmascaradas. Un extraño ser blanco sujetaba la mano de Nicoletta.
– ¡Eia!
– Magna Mater!
Otro grito agudo y una música salvaje que les llegaba de no se sabía dónde dieron la salida: los bailantes se movieron, los círculos comenzaron a girar y agitarse. Los giros -cada vez más rápidos- se llevaban a cabo al contrario, cada círculo giraba en dirección contraria al siguiente. Sólo con verlo daba vueltas la cabeza, la inercia del movimiento, la loca música y los gritos frenéticos completaron la obra. Ante los ojos de Reynevan el sabbat se disolvió en una mancha caleidoscópica, los pies, le dio la sensación, dejaron de tocar la tierra. Perdió la consciencia.
– ¡Eiaaa! ¡Eiaaa!
– ¡Lilith, Astarté, Cibeles!
– ¡Hécate!
– ¡Eiaaaa!
No supo cuánto duró. Se despertó en el suelo, entre otros que estaban también tendidos y se iban levantando poco a poco. Nicoletta yacía junto a éclass="underline" no había soltado su mano.
La música seguía sonando, pero la melodía cambió. Al acompañamiento loco y monótono del baile giratorio lo sucedió una cadencia sencilla y agradable, a cuyo ritmo los hechiceros, que se estaban alzando, comenzaron a canturrear, bailar y saltar. Al menos algunos y algunas. Otros no se alzaron de la hierba en la que habían caído después del baile. Sin levantarse, se unieron en pares, al menos en su mayoría, porque se daban casos de tríos y cuartetos y hasta de configuraciones aún más numerosas. Reynevan no podía alzar la vista, miraba al tiempo que se pasaba la lengua por los labios sin darse cuenta. Nicoletta -él vio que también su rostro ardía no sólo por el brillo del fuego- tiró de él sin decir palabra. Y cuando Reynevan volvió la cabeza, le reprendió.
– Sé que es el ungüento… -Se apretó contra su lado-. El ungüento volador es el que los desboca así. Pero no los mires. Me enfadaré si los miras.
– Nicoletta… -apretó su mano-. Catalina…
– Prefiero ser Nicoletta -lo interrumpió al punto-. Pero a ti… A ti sin embargo preferiría llamarte Reinmar. Cuando te conocí eras, no puedo negarlo, el enamorado Alcasín. Pero al fin y al cabo no lo eras por mí. No digas nada, por favor. Las palabras no son necesarias.
Las llamas de una hoguera cercana estallaron hacia arriba, lanzando hacia el cielo una nube de chispas. Los que bailaban a su alrededor gritaron de felicidad.
– Se han desmandado tanto -murmuró- que no se darán cuenta si nos esfumamos. Y creo que es hora ya de esfumarse…
Ella volvió el rostro, el reflejo del fuego bailó sobre sus mejillas.
– ¿Adonde vas con tanta prisa?
Antes de que él hubiera tenido tiempo de librarse de su estupefacción, escuchó que alguien se acercaba.
– Hermana y confráter.
Ante ellos estaba la pelirroja, llevando de la mano a la joven profetisa de rostro de zorro.
– Tenemos un asuntillo.
– ¿Cómo?
– Elisilla, ésta de aquí -sonrió alegre la pelirroja-, por fin se ha decidido a hacerse mujer. Le he explicado que da igual con quién, al fin y al cabo no faltan acá voluntarios. Pero ella se ha puesto cabezona como una cabra. En plata: sólo él y él. O sea, tú, Toledo.
La profetisa bajó sus ojos de grandes ojeras. Reynevan tragó saliva.
– Ella -continuó la bona femina- se avergüenza y no se atreve a preguntar llanamente. Algo también te teme a ti, hermana, no sea que le arañes los ojos. Y como la noche es corta y sería una pena andar dando vueltas por las ramas, os pregunto sin más: ¿qué pasa con vosotros? ¿Eres para él su joioza? ¿Y es él para ti tu backelor? ¿Es libre o reclamas tu derecho para con él?
– Éste es mío -respondió Nicoletta breve y sin vacilaciones, produciendo a Reynevan una estupefacción sin límites.
– Todo claro. -La pelirroja asintió con la cabeza-. En fin, Elisilla, si no se tiene lo que se quiere… Vamos, te encontraremos otro. Adiós. ¡Que os divirtáis!
– Es ese ungüento. -Nicoletta le apretó el brazo y tenía una voz tal que le hizo temblar-. Es culpa de ese ungüento. ¿Me perdonarás?
– Porque puede ser -la muchacha no le dejó salir de su asombro- que tuvieras ganas de ella. Ja, cómo que puede, con toda seguridad la tenías, este ungüento actúa sobre ti de la misma forma que… Sé cómo actúa. Y yo te estorbé, me entrometí. No quería que ella te tuviera. Por pura envidia. Te he quitado algo sin prometerte nada a cambio. Como el perro del hortelano.
– Nicoletta…
– Sentémonos aquí -lo interrumpió, señalando una pequeña gruta en la pendiente de la montaña-. No me he quejado hasta ahora, pero apenas me tengo en pie a consecuencia de todas estas diversiones.
Se sentaron.
– Dios -dijo ella-, cuántas emociones… Y sólo de pensar que entonces, después de la persecución junto al Stobrawa, cuando lo relaté, ninguna me creyó, ni Elzbieta, ni Anka, ni Kata, ninguna me quiso creer. ¿Y ahora? ¿Cuando les hable del rapto, del vuelo por el cielo? ¿Del sabbat de las hechiceras? Creo…
Carraspeó.
– Creo que no les voy a contar nada.
– Es lo mejor. -Él afirmó con la cabeza-. Dejando a un lado las cosas increíbles, mi persona no quedaría bien servida en esta historia. ¿Verdad? De lo ridículo a lo horrible. Y lo criminal. De idiota me convertí en ladrón…
– Pero no de propia voluntad -lo interrumpió ella al instante-. Y no a consecuencia de las propias acciones. ¿Quién lo ha de saber mejor que yo? Yo fui quien siguió en Ziebice a tus camaradas. Y les revelé que te iban a meter prisionero en Stolz. Me imagino lo que pasó después y sé que todo fue culpa mía.
– No es tan sencillo.
Estuvieron sentados en silencio durante algún tiempo, mirando al fuego y a las siluetas que bailaban a su alrededor, escuchando los cánticos.
– ¿Reinmar?
– Dime.
– ¿Qué quiere decir Toledo? ¿Por qué ellas te llaman así?
– En Toledo, en Castilla -le explicó-, hay una famosa academia de magia. Se ha convertido en costumbre, al menos en algunos círculos, el llamar así a quienes han estudiado los arcanos de la nigromancia en las universidades, a diferencia de aquéllos que poseen los poderes mágicos de nacimiento y cuyo saber se transmite de generación en generación.