El ascenso de Proteo [Sight of Proteus - es]
- Автор: Шеффилд Чарльз
- Серия: Proteo #1
- Год: 1996
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 978-84-406-6480-8
- Переводчик: Carlos Gardini
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El ascenso de Proteo [Sight of Proteus - es]». Краткое содержание книги:
Mientras investiga proyectos de apariencia siniestra, Wolf encuentra pistas que lo conducen al mensaje legado hace millones de años por una especie extraterrestre. Más tarde, la recurrente imagen mental de un misterioso Bailarín le llevará a enfrentarse con los rebeldes que, desde el espacio exterior, se oponen al poder de la Tierra. Razones más que suficientes para replantear lo que significa ser humano precisamente en una época en la cual los humanos adquieren cualquier forma física si lo desean y cuando el nuevo Test de Humanidad resulta esencial para identificar a los miembros de la propia especie.
Tardaron unos segundos en digerir la novedad. Al fin Larsen dijo en voz baja:
—¿Nos dice usted que hay niños humanos en esos tanques? Eso es monstruoso. ¿Cómo puede un niño evaluar los riesgos del cambio de forma?
—No puede. En este caso, no se presenta la cuestión de conocer el riesgo. El arreglo es muy especial, y nunca se usa legalmente. Hace muchos años que sabemos cómo aplicarlo, en principio. El estímulo para alcanzar un cambio de forma programado se aplica directamente a los centros de placer del cerebro. De hecho, ellos no tienen ninguna opción. Se obliga a estos niños a alcanzar los cambios programados mediante fuertes estímulos.
Se reclinó en la silla de la consola de control y se llevó ambas manos a la transpirada frente. Al fin habló de nuevo, arrastrando la fatigada voz.
—No puedo creerlo. Simplemente no puedo creerlo, aunque lo esté viendo. En el Hospital Central, y con la complicidad de Capman. Él ha sido mi ídolo desde que me licencié como médico.
Parecía más interesado que nadie en los individuos y en el conjunto de la humanidad. No le interesaban el dinero ni los bienes materiales. Y ahora está involucrado en esto. No tiene sentido…
Se le quebró la voz, y se quedó inmóvil y arqueado en la silla. Al cabo de unos segundos, Wolf interrumpió sus turbadas reflexiones.
—Doctor, ¿hay algún modo de averiguar qué cambios de forma se usaban aquí?
Morris se irguió un poco y sacudió la cabeza.
—No sin los registros que faltan. Capman los habrá guardado en otra parte. Puedo obtener los listados informáticos desde aquí, pero deducir el propósito de los listados sería una tarea abrumadora. Uno puede tardar horas aun para comprender las subrutinas cortas. Aquí hay un código, por ejemplo, que se repite una y otra vez en dos de los experimentos. Pero su empleo es oscuro.
—¿Qué cree usted que es, doctor? —preguntó Bey—. Sé que no puede decirlo con exactitud, ¿pero puede darnos una idea aproximada?
Morris titubeó.
—Lo leeré fuera de contexto, desde luego. Parece un bucle de demora. El efecto consiste en que cada instrucción del programa se ejecuta un número predeterminado de veces antes de pasar a la siguiente. Así que todo se demoraría según el mismo factor, fijado por el usuario.
—¿Pero qué haría?
—Dios sabrá. Todos estos programas son interactivos y de tiempo real, así que no tendría sentido desacelerarlos. —Hizo una pausa y añadió—: Pero recordemos que estos programas deben ser obra de Robert Capman. Él es un genio de primera, y yo no. El hecho de que yo no entienda lo que se hace aquí no significa nada. Necesitamos las notas de Capman y el diseño experimental para saber qué se proponía.
Wolf se paseaba enérgicamente por la sala de control, los ojos turbios.
—Eso no será fácil. Apostaría mi cerebro a que Capman se ha ido del hospital. ¿Por qué otra razón nos ha permitido tener acceso a todo? No entiendo por qué lo hizo, aunque supiera que le seguíamos el rastro. De algún modo se enteró de nuestro propósito y supo que no podía detenernos. Pero a menos que lo encontremos, quizá nunca sepamos qué hacía aquí. —Se volvió hacia Larsen con súbita resolución—. John, consigue un sensor de rastros. Estoy seguro de que Capman estuvo en esta habitación en la última hora. Tenemos que encontrarlo, aunque sea por su propia seguridad. ¿Imaginas la reacción del público si la gente se entera de que ha robado bebés humanos para someterlos a experimentos en cambio de forma? Lo harían trizas. Se debió de adueñar de los niños falseando los tests de humanidad. Por eso sus identificaciones no figuran en los archivos.
Larsen se marchó deprisa. De pronto Morris pareció esperanzado.
—Un momento —dijo—. Supongamos que Capman estuviera trabajando con sujetos que no habían aprobado los tests de humanidad. Eso no sería tan grave como usar bebés humanos.
Wolf meneó la cabeza.
—Yo también lo pensé, pero la idea no funciona. Recuerde que el test de humanidad se basa en que los no humanos no pueden realizar cambios de forma. Así que Capman está usando humanos, por definición. No sólo eso, recuerde que el hígado que encontramos pertenecía a un niño de doce años. Capman no sólo tenía experimentos, sino también experimentos fallidos. Los bancos de órganos eran un modo conveniente de deshacerse de ellos con poco riesgo de que lo descubrieran.
Continuó caminando por la sala, mientras Morris se quedaba sentado, agobiado por la desesperación y el desconcierto.
—Por Dios, espero que John se dé prisa —dijo al fin Wolf—. Necesitamos el sensor. Si no averiguamos adonde fue Capman, estamos atascados.
Siguió caminando, mirando las instalaciones de la sala de control. El comunicador que había junto a la consola de control parecía una unidad de propósito específico, un modelo viejo. Todos los códigos de respuesta para organizar mensajes habían cambiado mucho, con lo cual cualquier código podía activar respuestas diferentes. Bey pensó un instante, luego tecleó el código de ocho dígitos que Capman le había dejado en el vestíbulo. Esta vez, en lugar del mensaje que requería colaboración con las investigaciones de Control de Formas, un mensaje mucho más largo se desplegó en la pantalla. Bey lo leyó con creciente asombro.
QUERIDO SEÑOR WOLF: SI USTED ESTÁ LEYENDO ESTO, SE ENCUENTRA EN MI LABORATORIO Y HA DEDUCIDO, COMO TEMÍ EN NUESTRO PRIMER ENCUENTRO, LA NATURALEZA DE MI LABOR. HACE MUCHOS AÑOS QUE SÉ QUE ESTE DÍA LLEGARÍA ALGUNA VEZ, Y ME HE RESIGNADO A LA IDEA DE QUE QUIZÁS ESTA LABOR NO SE COMPLETE BAJO MI DIRECCIÓN. SEÑOR WOLF, AUNQUE USTED NO LO SEPA TODAVÍA, USTED Y YO SOMOS ESPECÍMENES DE UNA RAZA MUY RARA. ADVERTÍ ENSEGUIDA QUE SU INVESTIGACIÓN PODRÍA FIN A ESTA LABOR. LO LAMENTO, PERO LO ACEPTO.
HACE MUCHO TIEMPO DECIDÍ QUE PREFERIRÍA VIVIR MI VIDA EN LA SERENIDAD DEL ANONIMATO, SI ESTE TRABAJO SE DESCUBRÍA, ANTES QUE SOPORTAR EL PROLONGADO Y BIEN INTENCIONADO PROGRAMA DE REHABILITACIÓN QUE SE ME INFLIGIRÍA COMO CASTIGO POR MIS ACTOS CRIMINALES. PARA LA MAYORÍA DE LA GENTE, ESTOS ACTOS RESULTARÁN ABORRECIBLES. PERMÍTAME DECIRLE QUE MI TRABAJO SIEMPRE HA PERSEGUIDO EL BENEFICIO DE LA HUMANIDAD. CON ESA FINALIDAD SE HA SACRIFICADO, LAMENTABLEMENTE, UN PEQUEÑO NÚMERO DE VIDAS HUMANAS. CREO PLENAMENTE QUE EN ESTE CASO EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS.
PARA ALCANZAR EL ANONIMATO QUE DESEO, SERÁ NECESARIO QUE ROBERT CAPMAN DESAPAREZCA DE LA FAZ DE LA TIERRA. ES IMPROBABLE QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR. PARA MÍ HABRÍA UN RIESGO DEMASIADO GRANDE, PUES SOSPECHO QUE USTED Y YO SIEMPRE NOS RECONOCERÍAMOS. COMO SEÑALA HOMERO, TALES GENTES SIEMPRE SE RECONOCEN. SEÑOR WOLF, APRENDA USTED MÁS SOBRE LA TEORÍA DEL CAMBIO DE FORMA. TIENE USTED UN ASOMBROSO DON PARA LO PRÁCTICO, PERO SU POTENCIAL SE DESPERDICIARÁ MIENTRAS NO DOMINE USTED LO TEÓRICO. HÁGALO, Y TODO ESTARÁ A SU ALCANCE.
ESTA MAÑANA CONCLUÍ LOS PLANES PARA MI PARTIDA, Y AHORA DEBO IRME. CRÉAME, LLEGA UN MOMENTO EN QUE LA FAMA ES UN CONTRAPESO, Y UNA VIDA TRANQUILA ENTRE MIS GRABACIONES Y HOLOCINTAS SE CONVIERTE EN EL MAYOR ANHELO. PARA Mí HA LLEGADO ESE MOMENTO. SINCERAMENTE, ROBERT CAPMAN.
Allí terminaba. Wolf y Morris miraron la pantalla intensamente, pero no apareció nada más.
—Empiezo a entender por qué en el hospital lo consideran omnisciente —dijo Wolf—. Pero comprenderá usted que no puedo dejarlo escapar. Si puedo rastrearlo, lo haré. En cuanto llegue aquí John Larsen, trataremos de seguirlo, no importa adonde haya ido.
Morris no respondió. Parecía haber sufrido más conmociones de las que podía resistir en un solo día. Se quedó sentado ante la consola, la boca abierta y el cuerpo flojo, hasta que Larsen atravesó la gran puerta.