Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
La Fragancia De La Flor Del Café - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Fragancia De La Flor Del Café

Электронная книга - «La Fragancia De La Flor Del Café». Краткое содержание книги:

Brasil, año 1884. En el valle del río Paraíba, los terratenientes y sus familias llevan una vida lujosa y despreocupada gracias al trabajo de sus esclavos en las plantaciones de café. Vitória aspira a más, a mucho más. Vita, como todo el mundo la llama, es hija de uno de los más ricos «barones del café». Posee una belleza extraordinaria, es inteligente, hábil en los negocios, con un carácter fuerte e independiente, y es considerada el mejor partido del valle. Cuando Vita conoce a León Castro, un periodista atractivo y enigmático, su vida cambia. León es abolicionista y lucha fervientemente contra la esclavitud y por lo tanto contra los intereses de la familia de Vita. A pesar de estas diferencias insuperables se enamoran perdidamente. Desde un inicio su amor está marcado por desencuentros. Una y otra vez los caminos de Vita y León se cruzan y se separan, pero ni el tiempo ni los reveses de la fortuna pueden con su pasión.
Ante el trasfondo del paradisíaco valle del río Paraíba y del pintoresco emporio de Río de Janeiro, de la época dorada de las plantaciones de café y de su ruina después de la abolición de la esclavitud, tienen lugar la saga de una familia de hacenderos y la historia de un gran amor…
1 ... 8 9 10 11 12 13 14 15 16 ... 142
Перейти на страницу:

– ¿La ha molestado León? -dijo Aaron sonriendo-. Le gusta hacerlo. Todos hemos pasado por ello.

Vitória estaba asombrada por su capacidad de observación. Creía que su gesto no dejaba entrever su estado de ánimo.

– Esta mañana estuvo aquí. Como iba muy sucio y parecía peligroso, ni siquiera le di la oportunidad de presentarse. Le eché bruscamente. ¡Cielos, qué vergüenza!

Aaron se rió.

– ¡Bah! Es su truco más viejo, y Joao Henrique también ha caído. Tranquilícese. Y en cuanto a mi pantalón, no se preocupe. Le vendrá bien una buena limpieza. Será mejor que vaya a mi habitación y me cambie.

Vitória llamó a Félix y le indicó que mostrara a Aaron su habitación y le llevara el equipaje. Luego irguió la espalda, se armó de valor para volver a ver al escritorzuelo y le dio a Aaron un leve beso en la mejilla.

– ¡Gracias!

No imaginaba las consecuencias de lo que acababa de hacer. En cuanto Félix deshizo las maletas y se llevó el pantalón para lavar y la chaqueta para coser, Aaron se dejó caer sobre la cama como en trance. Con la mirada fija en el techo, se abandonó a la ensoñación que Vitória había provocado en él. Él quería una mujer así, completamente igual. Con su inmaculada piel blanca, su pelo negro y su delicada figura, parecía sacada de un cuento. Sus ojos eran de un azul turbador y su perfil, con la frente alta y la nariz recta, era el más aristocrático que había visto nunca. Y esta belleza concordaba con su carácter, que parecía ser abierto, despierto y libre.

¡No! No podía dejarse llevar por un sueño así, debía sacárselo de la cabeza cuanto antes. Ella era católica, sus padres nunca la entregarían a un judío. Y él estaba prometido con Ruth, una agradable joven a la que conocía desde hacía tiempo. Era la hija del abogado Schwarcz, un vecino de sus padres en Sao Paulo, y algún día él trabajaría en su bufete. ¡Pero Ruth era tan sencilla! No dudaba de que sería una esposa perfecta, pero nunca provocaría en él la misma turbación que Vitória había desencadenado con una simple mirada.

¡Se acabó! Al fin y al cabo, Vitória también tendría algo que decir al respecto, y era más que improbable que se interesara por él. Él, un hombre casi sin recursos que no tenía nada más que inteligencia y grandes ambiciones. Sabía que en Brasil podría llegar a algo. Sus padres habían pasado muchas privaciones para pagarle los estudios en la mejor Facultad de Derecho del país. Les estaba muy agradecido por ello, tanto que haría siempre lo que ellos quisieran. Si insistían en que se casara con Ruth, tenía que aceptarlo, por muy duro que le resultara. Pero ello no iba a privarle de disfrutar de la estimulante presencia de Vitória.

Aaron se aseó, peinó sus rizos rebeldes, se puso su mejor traje y se encaminó a la veranda. En la escalera se detuvo a contemplar los cuadros colgados en la pared. Había bodegones holandeses, paisajes invernales franceses y alemanes, batallas navales portuguesas y numerosos retratos de la familia da Silva. A Pedro lo reconoció enseguida, un joven muchacho sentado en un sillón demasiado grande. Vitória también se parecía mucho: en el cuadro, en el que aparecía con unos doce años, estaba casi tan guapa como ahora. Luego se detuvo en otros retratos. Por las placas de latón supo que se trataba de los padres. Eduardo da Silva imponía un cierto respeto con su uniforme ricamente adornado con galones, bandas y condecoraciones. El cuadro mostraba un hombre con una buena apariencia, y Aaron se preguntó si sería así en realidad. Justo a su lado estaba el retrato de dona Alma. Era de una belleza etérea, pero su mirada parecía de acero y sus labios eran demasiado finos para darle la expresión de dulzura que tanto gustaba en los retratos de la época. Aaron se preguntó por qué no había retratos de los abuelos, lo que era habitual en las familias de renombre. Ya se lo preguntaría a Pedro cuando no hubiera nadie delante.

Cuando llegó a la veranda, Joao Henrique y Pedro se marchaban para cambiarse. León había tomado asiento en el banco y disfrutaba de una copa de champán.

– Ya hemos pasado al aperitivo. ¿Tomará una copa? -dijo Vitória, ofreciéndole una.

– Sólo si brinda conmigo.

– ¡Por supuesto!

Aaron y Vitória sonrieron y alzaron las copas. Parecían no tener en cuenta a León, hasta que éste levantó su copa medio vacía y dijo:

– ¡Por la sinhazinha más bella del país!

– Sí -admitió Aaron-, por la sinhazinha más bella del país.

– Y por los invitados más… notables que Pedro ha traído nunca.

Vitória inclinó la cabeza mirando a León y a Aaron. Aunque se sentía halagada, no podía dejar de notar un cierto tono de ironía en la voz de León. Todavía no se le había pasado la irritación. Mientras Aaron estaba en su habitación había tenido que explicar cómo se había producido el malentendido con León Castro. Pedro y Joao Henrique se habían partido de risa mientras ella se había sentido totalmente ridícula. Se bebió su copa de un trago.

– ¿Ha aprendido eso de los esclavos? -preguntó León, visiblemente divertido por el nerviosismo de Vitória.

– No, lo he aprendido de los amigos de mi hermano. -Y muy solemnemente añadió-: A los esclavos de Boavista no les está permitido el consumo de alcohol, excepto los días festivos.

– Por supuesto que no -respondió León con el énfasis de un estricto funcionario.

Vitória decidió ignorar las impertinencias de Castro. Se dirigió a Aaron.

– Cuénteme cómo ha ido el viaje, Aaron. Puedo llamarle Aaron, ¿verdad?

– Claro que sí, Vitória.

– Vita. Mis mejores amigos me llaman Vita.

– Bien, Vita. -Aaron le contó lo que habían visto durante el viaje y sobre lo que habían hablado. De pronto se acordó del artículo que les había leído Joao Henrique-. Joao Henrique ha compartido con nosotros la lectura del Jornal do Commércio y nos ha leído una interesante colaboración, cuyo autor está sentado ante nosotros. ¿Habéis hablado ya sobre ello? -añadió mirando a León.

– No, y tampoco deberíamos hacerlo en este momento.

– Tienes razón. Debemos esperar a que vengan Pedro y Joao Henrique. Les interesará saber de dónde has sacado esa historia.

Vitória no sabía de qué hablaban, pero no tenía intención de preguntar. Sólo le daría a Castro una oportunidad para ridiculizarla. Inició una conversación sin importancia y Aaron y Castro la siguieron complacidos. También ellos querían aliviar la tensa atmósfera y no sacar ningún tema espinoso.

Acompañando a Pedro y Joao Henrique llegó también Eduardo da Silva a la veranda. Se hicieron las presentaciones y se intercambiaron palabras de cortesía. Luego se trasladaron todos al comedor. La mesa estaba preparada para un banquete y los caballeros colmaron a Vitória de elogios por ello.

– ¡Qué flores más maravillosas! Parece mentira que en la provincia tengan algo así…

– Sí, querido senhor de Barros. Además, no las encontrará en Río.

– ¿Cómo se llaman esas plantas tan magníficas? -quiso saber Joao Henrique.

Los demás se miraron entre sí, pero dejaron que Vitória respondiera a Joao Henrique.

– Café.

– ¿Café?

– Exactamente. Ha tenido que ver muchas desde el tren.

Joao Henrique soltó una sonora carcajada.

– ¡Esa sí que es buena! Realmente buena. No sabía que el café se utilizara también como adorno.

– Y no se utiliza -intervino Eduardo da Silva-. Cada rama que se corta hace disminuir la cosecha.

– Pero papai, con las doce mil arrobas que produce al año eso no se nota.

– Dentro de poco casi dieciséis mil.

– Eso significa… Pai, ¡ha salido bien! -Vitória se arrojó al cuello de su padre. Pedro los miraba sin comprender.

– Hoy he cerrado el acuerdo con el senhor Afonso. Ahora somos propietarios de sus tierras y, con ello, de la fazenda más grande del Valle del Paraíba.

1 ... 8 9 10 11 12 13 14 15 16 ... 142
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)