El Orbe de los Dragones
- Автор: Уэйс Маргарет, Хикмэн Трэйси
- Серия: Las Cronicas Perdidas #2
- Язык: испанский
- Переводчик: Mila Lopez Diaz-Guerra
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «El Orbe de los Dragones». Краткое содержание книги:
Аннотация
Después de El Mazo de Kharas llega la esperadísima segunda parte de Las Crónicas Perdidas de la Dragonlance.La temida Dama Azul, Kitiara, pone en marcha un complot que conducirá a los caballeros solámnicos hasta el límite del glaciar en busca del Orbe de los Dragones, y su rival Laurana inicia un viaje hacia su destino cuando Sturm, Flint, Tasslehoff y ella se unen a los caballeros en su peligrosa misión.
Pero es Kitiara la que afronta un reto crucial. Jura pasar la noche en el lugar más temido de Krynn: el alcázar de Dardaard. Nadie que se haya aventurado en ese sitio pavoroso ha vuelto para contarlo, pero Kit tiene que enfrentarse a Soth o afrontar la muerte a manos de su reina.
Todos oyeron los sonidos inconfundibles de la batalla (entrechocar de metal, gritos, juramentos, chillidos), sonidos que se iban haciendo cada vez más fuertes.
—Estos caballeros dieron su vida para conseguir el Orbe de los Dragones. ¿Vas a permitir que su sacrificio haya sido en vano, Brightblade? ¿O acaso piensas que deberíamos quedarnos todos aquí para morir junto a ellos? ¿No es mejor llevar a buen fin nuestra misión y vivir para ensalzar su valentía?
Nadie abrió la boca.
Derek giró sobre sus talones y echó a andar de vuelta por donde habían llegado.
No miró atrás para ver si lo seguían.
—Derek tiene razón —dijo finalmente Sturm—. No debemos permitir que su sacrificio haya sido en vano. Paladine velará por ellos. No les pasará nada malo hasta que podamos regresar para llevarlos de vuelta a casa.
Sturm hizo el saludo marcial de los caballeros a cada uno de los caídos y después fue en pos de Derek.
Gilthanas recogió todas las flechas que encontró y siguió a Sturm. Flint carraspeó ruidosamente, se frotó la nariz y, asiendo a Tasslehoff, dio un empujón al kender y le dijo que se pusiera en marcha y dejara de lloriquear como si fuera un bebé muy crecido.
Laurana se quedó un poco más en la cámara, con los muertos. Amigos. Enemigos. Luego recogió el Quebrantador, manchado con la sangre del hechicero, y se encaminó hacia su destino.
Interludio
La caída del castillo del Muro de Hielo
CUARTA PARTE
37
El oráculo de Takhisis. Kit da un ultimátum
El invierno entró de lleno en Ansalon. Yule llegó y pasó. Se seguía buscando a Kitiara, aunque ya sin demasiada intensidad. Ariakas no mandó a sus tropas en su persecución. Lo que sí hizo fue enviar asesinos y cazarrecompensas, pero con la orden de llevar sus pesquisas con comedimiento y cautela. Al cabo de un tiempo, dio la impresión de que se habían olvidado de ella. Ya no había cazarrecompensas repartiendo por ahí monedas de acero y preguntando si alguien había visto a una guerrera de cabello oscuro, rizado y corto, con sonrisa sesgada.
Kitiara no lo sabía, pero Ariakas había hecho volver a sus sabuesos. El emperador empezaba a lamentar todo el incidente. Se daba cuenta de que había cometido un error respecto a Kit. Empezó a creer en su afirmación de inocencia e intentó culpar a Iolanthe de haber llegado a creer que Kit lo había traicionado. La maga, muy atinadamente, desvió la responsabilidad hacia el hechicero Feal-Thas. El elfo había acabado siendo una gran decepción para Ariakas —que, sin embargo, nunca había esperado gran cosa de él— cuando llegó la noticia de que el maldito elfo había conseguido que lo mataran y en su caída había arrastrado consigo al castillo del Muro de Hielo.
Por lo menos el caballero, Derek Crownguard, había sido víctima de la confabulación del emperador. Se había llevado el Orbe de los Dragones a Solamnia, y los informes de los espías de Ariakas comunicaban que la controversia por la posesión del orbe había abierto una brecha entre elfos y humanos, además de la subsiguiente desmoralización de la caballería por la influencia del orbe.
Ariakas quería que Kit volviera. Por fin estaba preparado para entrar en guerra con Solamnia y necesitaba su pericia, sus dotes para el liderazgo, su coraje. Sin embargo, no había rastro de ella por ninguna parte.