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Электронная книга - «Contra Todas Las Reglas». Краткое содержание книги:

Rule Jackson es el capataz del rancho que Cathryn Ashe heredó siendo una adolescente. Cathryn escapó del rancho hace años, después de un apasionado encuentro con Rule. Él ha estado obsesionado por los recuerdos de su breve romance y cuando Cathryn vuelve finalmente al rancho, después de la muerte de su marido, Rule está decidido a que sea suya y no va a aceptar un no como respuesta. Pero Cathryn sabe que esta vez las apuestas están más altas, y las dudas asaltan su corazón, corazón que, finalmente comprende, siempre ha sido de Rule.
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La joven del espejo no era una gran belleza, pero era pasable.

¿Bastante pasable para mantener el interés de Rule Jackson?

¡Alto! Se dijo con ferocidad, dando la espalda al espejo. ¡Ella no quería mantener su interés! No podía manejarlo y lo sabía. Si tuviera el más mínimo sentido común volvería a Chicago, seguiría con su aburrido trabajo y se olvidaría del persistente e incesante dolor por la casa donde había crecido. Pero ésta era su casa, y quizás ella no tenía nada de sentido común. Conocía cada tablón de la vieja casa, nunca había olvidado nada de ella y quería quedarse allí.

Bajó la escalera y fue hacia la cocina. Lorna se apartó de los fogones cuando la vio entrar y le dirigió una acogedora sonrisa.

– ¿Has dormido bien?

– Maravillosamente. No había dormido así desde hacía años.

– Rule dijo que estabas agotada -dijo Lorna cariñosamente-. También has perdido algo de peso desde tu última visita. ¿Estás lista para desayunar?

– Es casi la hora de comer, creo que esperaré. ¿Dónde están los demás?

– Mónica todavía duerme; Ricky ha salido hoy con los hombres.

Cathryn levantó las cejas inquisitivamente y Lorna se encogió de hombros. Era una mujer de huesos grandes, acabando los cuarenta o al principio de los cincuenta, su pelo castaño no tenía canas y sus rasgos eran agradables y mostraban su satisfacción con la vida que llevaba. La aceptación estaba en sus ojos cuando dijo lentamente:

– Ricky está pasando ahora unos momentos difíciles.

– ¿En qué sentido? -preguntó Cathryn. Era cierto que Ricky parecía más nerviosa de lo normal, como si apenas pudiera mantener el control.

Lorna volvió a encogerse de hombros.

– Supongo que se despertó un día y comprendió que no tenía nada de lo que quería y se aterrorizó. ¿Qué ha hecho con su vida? La ha estado malgastando. No tiene marido, no tiene hijos, nada importante que pueda sentir como suyo. Lo único que realmente ha tenido es su belleza, y eso no le ha dado al hombre que quería.

– Ha estado casada dos veces -dijo Cathryn.

– Pero no con Rule.

Conmocionada, Cathryn se sentó silenciosamente, tratando de comprender el razonamiento de Lorna. ¿Rule? ¿Y Ricky? Ricky siempre alternaba sin ningún sentido aparente entre rebelarse contra Rule o seguirle con una devoción servil, mientras Rule siempre la trataba con una estoica tolerancia. ¿Ese era el motivo del repentino brote de hostilidad de Ricky? ¿Era por eso que no quería que Cathryn se quedara? De nuevo tuvo la inquieta sensación de que, de alguna manera, Ricky sabía que Rule había hecho el amor con ella cuando tenía diecisiete años. Era imposible, sin embargo…

No, era imposible. Ricky no podía estar enamorada de Rule. Cathryn sabía lo que era estar enamorada, y no podía ver ninguno de los signos en Ricky, ninguna dulzura, ningún gesto cariñoso. Sus reacciones hacia Rule eran una mezcla de miedo y hostilidad que bordeaba el odio real; Cathryn también entendía eso demasiado bien. ¿Cuántos años había permanecido ella lejos debido a aquellos mismos sentimientos?

Inquieta, sintió la repentina y poderosa necesidad de estar sola durante un rato, así que dijo:

– ¿La droguería Wallace todavía abre los domingos?

Lorna asintió con la cabeza.

– ¿Vas a coger el coche para ir al pueblo?

– Sí, si nadie necesita el coche.

– Nadie que yo sepa, e incluso si quisieran ir podrían hacerlo con otros medios -dijo Lorna muy práctica-. ¿Me podrías traer algunas cosas?

– Con mucho gusto -contesto Cathryn-. Pero para que no se me olvide nada, anótamelo todo. No importa el cuidado que ponga, siempre se me olvida algo a no ser que lleve una lista, y normalmente siempre me olvido de apuntar algo.

Con una risa queda Lorna abrió un cajón y extrajo una libreta de la que arrancó la primera hoja. Se la dio a Cathryn.

– Ya está hecho. Me pasa lo mismo que a ti, así que escribo lo que me hace falta en el mismo momento en que pienso en ello. Espera, voy a buscar dinero al escritorio de Rule.

– No, tengo suficiente -protestó Cathryn, leyendo la lista. En su mayor parte eran cosas de primeros auxilios como vendas o alcohol, nada muy caro. Además, lo que se comprara para el rancho era su responsabilidad.

– Vale, pero guarda el recibo de lo que compres. Desgrava.

Cathryn asintió con la cabeza.

– ¿Sabes dónde están las llaves del coche?

– Normalmente en el contacto, a menos que Rule las haya quitado esta mañana para impedir que Ricky desaparezca como hace a veces. Si las ha quitado, las tendrá en el bolsillo, pero ya que Ricky se ha ido con ellos, no habrá tenido ningún motivo para cogerlas.

Cathryn hizo una mueca ante esa información y subió para coger el bolso. ¿Acaso Ricky se comportaba tan mal que era necesario esconder las llaves para que no las cogiera? ¿Y si alguien más necesitaba el coche? Seguramente Lorna y Mónica harían planes de antemano si necesitaran el coche, y para cualquier emergencia médica, Rule podía ser localizado con bastante rapidez. De todos modos el avión sería más rápido que un coche.

Tuvo suerte. Las llaves estaban en el contacto. Abrió la puerta y se deslizó tras el volante, la ilusionaba el pequeño viaje.

El coche no era un modelo nuevo y parecía bastante golpeado, pero el motor arrancó inmediatamente y ronroneó con precisión. Como todo lo demás en el rancho el mantenimiento era muy bueno, otra indicación de la excelente dirección de Rule. En ese aspecto no podía decir absolutamente nada contra él.

Se sintió orgullosa de como se veía el rancho mientras conducía por el polvoriento camino hacia la carretera. No era un rancho enorme o muy rico, aunque sí lo suficiente. Sabía que Rule le había dado nueva vida con sus caballos, aunque antes ya era un lugar confortable. Pero ahora se veía la tierra bien cuidada, algo que sólo la devoción y el trabajo arduo podía hacer.

El pueblo era pequeño, pero Cathryn suponía que tendría todo lo necesario. Era tan familiar para ella como su cara, nunca había cambiado a pesar del paso del tiempo. San Antonio era la ciudad más cercana, a casi ochenta millas de distancia, pero para alguien acostumbrado a las distancias de Texas, no parecía que fuese un viaje largo. Nadie notaba nada a faltar en la apacible vida de Uvalde County.

Probablemente el último escándalo en la historia del pueblo fue lo que había hecho Rule, pensó Cathryn distraídamente mientras aparcaba el coche en el bordillo, frente a un edificio, entre polvorientas furgonetas y diferentes marcas de coche. Podía oír el sonido de una máquina de discos y una sonrisa iluminó su cara cuando los recuerdos la inundaron. ¿Cuántas tarde de domingo había pasado allí dentro cuando era una adolescente? La farmacia estaba al otro lado del edificio. En la parte de delante había una floreciente hamburguesería. Taburetes forrados de rojo rodeaban el mostrador y en la pared opuesta había varios apartados, algunas pequeñas mesas estaban desperdigadas por el resto de la sala. Los taburetes y los apartados estaban abarrotados, mientras que las mesas permanecían vacías, siempre eran las últimas en ocuparse. Con un rápido vistazo a su alrededor vio que la mayoría de los clientes eran adolescentes, como siempre, aunque había los suficientes adultos como para controlar el entusiasmo juvenil.

Fue hacia la farmacia y empezó a coger los artículos de la lista de Lorna, eso era lo primero que quería hacer; después tenía la intención de recompensarse con un enorme batido. El montón de cosas que iba recopilando en sus brazos iba aumentando y pronto no pudo con ellas; miró alrededor buscando una cesta y su mirada tropezó con la de una mujer de su misma edad que la observaba con curiosidad.

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