Unos Invitados Muy Especiales
- Автор: Леннокс Марион
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Unos Invitados Muy Especiales». Краткое содержание книги:
– Me parece bien.
Por supuesto que sí. De hecho, estaba encantado de que no hubieran visto nada sin él. Le apetecía mucho enseñarle él mismo la granja a aquella mujer.
Y también a los gemelos, añadió para sí.
– ¿Qué has hecho con Charlotte?.
Iban caminando hacia el almacén. Los niños iban delante, muy contentos, con Tigger sobre la cabeza de Henry.
– Se ha ido a su casa a prepararme la cena.
– Entiendo.
– Ayer había quedado en ir a su casa a cenar- le explicó Matt, un poco incómodo.
Y después de que Charlotte lo acompañara al centro aquella mañana, se había sentido obligado a aceptar la invitación.
También estaba el asunto de la caja de terciopelo…
Decidiera lo que decidiera sobre la caja, lo cierto era que estaba alojando allí a Erin y a los niños simplemente porque no tenían otro sitio donde ir. Solo pro eso.
– Tom Burrows va a venir a verte- añadió.
– ¿Tom?.
– fui a verlo- le explicó Matt. Tiene muchas cosas que hacer, ya sabes, pero dijo que traería una pizza a eso de las seis para que cenarais. Me comentó que tenía que hablar contigo relajadamente. Según parece, ha hablado con el seguro y quiere…¡Oh!.
La puerta del almacén estaba abierta. Los gemelos se habían colado dentro y se habían subido a un tractor antes de que ellos pudieran hacer nada. Matt se tocó el bolsillo para ver si tenía las llaves y, al notarlas, dio un suspiro de alivio.
Aunque…
– No, no podrán arrancarlo sin laves. No son tan malos como la gente dice- aseguró ella. Solo son dos niños activos y que les gusta preguntar. No han tenido la vigilancia necesaria en el pasado y necesitan mantenerse ocupados.
– ¿Entonces mi tractor sobrevivirá?
– No he dicho eso y será mejor que tengas controladas las llaves.
– Sí, señorita- dijo Matt, sonriendo.
La miró y notó que se apoderaba de él una sensación extraña. Y eso que Erin estaba ridícula con aquel vestido, pensó mientras la sensación se alojaba en su pecho. Estaba además despeinada. Pero bajo aquel vestido y aquel peinado, estaba muy guapa…
– ¿Qué estabas diciendo de Tom Burrows?
– ¿Qué?- preguntó, tratando de volver a la realidad.
¡Ah, sí!. Le dije que podíais quedaron aquí el tiempo que necesitéis. Como si queréis quedaros hasta que reconstruyan el hogar.
Erin se detuvo y lo miró sorprendida.¿Sabría Matt lo que significaba aquello?
– Matt, eres muy amable, pero, ¿lo has pensado bien?. La reconstrucción puede durar seis meses.
– No importa. Aquí hay mucho sitio y vosotros necesitáis un techo bajo el que vivir.
– Seguro que el orfanato podría alojar a los gemelos en algún otro centro en Sydney- sugirió Erin, no muy segura.
– Pero tú no quieres que eso suceda, ¿a que no?
– No.
Erin dio un suspiro y miró a los niños, que seguían en el tractor.
Era evidente que ella solo pensaba en los niños y eso era algo nuevo para Matt. Él, un hombre guapo y disponible, estaba acostumbrado a que las mujeres se fijaran en él, pero Erin solo tenía ojos para los niños.
– Son bastante inseguros y una ciudad grande los asustaría- comentó Erin.
– Y tú les echarías de menos, ¿verdad?- preguntó Matt, mirándola directamente a los ojos.
Erin dio un suspiro.
– Solo están conmigo por temporadas, entre adopción y adopción. No puedo…no debo encariñarme demasiado con ellos, porque quizá Tom haga un nuevo intento de darlos a otra pareja en el futuro.
La idea tenía que haber complacido a Matt, pero algo por dentro le decía que podía ser diversito tener en su casa durante una temporada a aquella mujer y a los niños.
De repente, se le ocurrió que su vida ya no sería divertida sin ellos.
Por supuesto que había llevado una vida estupenda, se dijo, sorprendido por aquel pensamiento. Tenía una de la mejores granjas de la zona, su ganado era exportado todo el mundo y tenía más dinero del que necesitaba.
Y tenía a Charlotte.
Pero…
Pero ¿qué?. No podía decirlo, pero solo podía pensar en lo que le estaba sucediendo en ese momento.
William estaba en el asiento del conductor del tractor y Henry a su lado. Tigger estaba apoyado en la ventanilla. Habían apretado todos los botones sin ningún resultado y Henry estaba tirando en ese momento de la palanca de cambios.
– Tengo que ir a ver el ganado- les gritó. Voy a ir en el tractor. ¿Queréis venir conmigo?-
Los niños lo miraron con los ojos muy abiertos.
– ¿Te parece bien?- le preguntó a Erin.
– Claro que sí, respondió ella, evidentemente complacida. Pero solo si puedo ir yo también.
– ¿Tú?.
– Es un tractor grande y cabemos todos.
– Pero no hace falta que vengas. Yo cuidaré de ellos.
– Ya lo sé.
– Entonces…
– ¿Entonces qué?. ¿Por qué no puedo ir yo?- preguntó, colocándose en jarras.
– ¿Quieres venir?.
– Claro que quiero ir. ¡Me parece estupendo!
Matt se quedó pensativo. Se acordó de su madre, o de Charlotte, y pensó si alguna vez le habían pedido que las subiera en el tractor. Desde luego, él no recordaba que lo hubieran hecho.
– Sí puedes, pero pensaba que no querrías.
– ¿Por qué iba a quererme quedar en tierra?- preguntó, sorprendida. Me parece divertidísimo.
Se subió a la cabina del tractor y sonrió desde arriba, con un gemelo a cada lado.”Un trío de conspiradores dispuesto a la aventura”, pensó Matt. “Cuatro, si se contaba a Tigger”.
– ¿Me dejas ponerme al volante?- preguntó Erin.
Todos condujeron un rato.
Matt tuvo que darles un gran paseo por toda la granja, ya que no les bastaba con estar unos segundos cada uno. El tractor era enorme. Matt normalmente lo usaba para transportar las herramientas para cosechar, no para pasear a gente.
Los tres estaban tan felices, que no hubiera sabido decir quién disfrutaba más, si los gemelos o Erin.
Los gemelos fueron los primeros en conducir, claro. Matt se pudo detrás de ellos, controlando todos sus movimientos. Luego Erin tomó el volante y él tuvo que pasar los brazos por sus hombros, como había tenido que hacer con los gemelos. Pero le resutó…diferente.
Era el vestido, se dijo Matt, con una ligera sensación de mareo. Nunca había estado tan cerca de una mujer que llevara un vestido con esa tela.
Pero aquella tela tan vasta no era precisamente sexy. Así que, ¿por qué se sentiría así?.
“Concéntrate en el ganado”.
El ganado del pasto del fondo estaba bien. Dieron tres vueltas para asegurarse de ello. También echaron un vistazo a la vaca que acababa de tener un ternero. Y luego, de mala gana, Erin giró el volante para volver.
¡Estaba pasándoselo tan bien!. El paseo había sido estupendo. Hacía un día precioso y ellos habían estado metidos en casa por lo de Tigger toda la mañana y parte de la tarde. Los gemelos estaban radiantes y ella no quería llevarlos de nuevo hacia las alfombras tapadas con plásticos.
– Tal vez puedas volver tú solo en el tractor mientras nosotros vamos caminado- le sugirió a Matt.
Pero él negó con la cabeza.
– No, a menos que deis un rodeo enorme, porque la zona de aquí a la casa va a ser segada la semana que viene y no quiero que la piséis. Hay demasiados Joe Blackes.
– ¿Joe Blackes?- dijeron los gemelos fascinados.
Habían ido todo el camino escuchando fascinados cada palabra que Matt había dicho. El era para ellos casi un Dios, no solo por haberles salvado la noche anterior, sino también por haber salvado a Tigger.
– Serpientes- contestó Matt y ellos se estremecieron. Hay muchas por aquí.
Los gemelos se acurrucaron instintivamente contra Erin y miraron hacia el suelo. Pero se dijeron que estaban a salvo, siempre que no se movieran del tractor.