Los hombres lloran solos
- Автор: Gironella Jose Maria
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Los hombres lloran solos». Краткое содержание книги:
Hoy lanza al público su cuarto volumen, continuación de los tomos precedentes, decidido a convertir dicha trilogía en unos Episodios Nacionales a los que añadirá un quinto y un sexto volumen -cuyos borradores aguardan ya en su mesa de trabajo-, y que cronológicamente abarcarán hasta la muerte del general Franco, es decir, hasta noviembre de 1975. La razón de la tardanza en pergeñar el cuarto tomo se debe a dos circunstancias: al deseo de poderlo escribir sin el temor a la censura y a su pasión por los viajes, que se convirtieron en manantial de inspiración para escribir obras tan singulares como El escándalo de Tierra Santa, El escándalo del Islam, En Asia se muere bajo las estrellas, etc.
Con esta novela, Los hombres lloran solos, José María Gironella retorna a la entrañable aventura de la familia Alvear en la Gerona de la posguerra, a las peripecias de los exiliados y del maquis, sin olvidar el cruento desarrollo de la segunda guerra mundial. Los hombres lloran solos marcará sin duda un hito en la historia de la novela española contemporánea.»
– Entierro de dos falangistas asesinados en Madrid. Asistieron 300 000 personas.
– Petición de aparatos ortopédicos para los mutilados del otro bando, que a los seis años de haber terminado la guerra civil todavía no han podido proveerse de una prótesis que haga más llevadera su desgracia.
– La empresa INI empieza la fabricación en serie de los camiones Pegaso, que figuran entre los mejores del mundo.
– Barcelona ha consumido en un mes dos millones y medio de kilos de carne.
– Ha llegado a Barcelona el piloto alemán Haigen Papejhagen, que ha alcanzado los tres millones de kilómetros de vuelo. Ha sido muy agasajado por las autoridades.
– Cuando esté erigido el Cerro de los Angeles se celebrará una ceremonia de desagravio a los Corazones de Jesús y de María, con asistencia de 50 generales, 1 500 oficiales, el gobierno en pleno y, naturalmente, el Caudillo.
– El embajador de los Estados Unidos, mister Hayes, destaca que el convenio aéreo suscrito entre su país y España crea un nuevo lazo de amistad entre España y América. Etcétera.
Núñez Maza había mejorado mucho. Con la estreptomicina que el doctor Chaos -bendito fuera!- le proporcionó, empezó a notar un alivio y transcurrida sólo una semana expectoraba menos y respiraba mejor.
Desde su destierro, cuánto quería a España! "España me duele", solía decir. Cuántos prohombres lo habían dicho antes que él. Coleccionaba esos recortes de periódico en álbumes, como si fueran una colección de sellos. Atendía a todas las visitas, que a veces le dejaban agotado. Recibió a Ángel, que quería conocer su Ideario. Y a Jorge de Batlle y Asunción. Se había dejado crecer la barba! A todo el mundo les decía que España debía unirse. Hombres como Ortega, Marañón y Cambó debían regresar al país y preparar un plebiscito que respaldara la nueva Monarquía. La barba le confería diez años más; tanto mejor. Como un gurú -expresión de Ignacio-, su aspecto era así más respetable.
A veces se sentía solo. Y quién no? Al anochecer, Caldetas apenas si era pueblo: las aguas termales, que no funcionaban y el hotel Colón. A través de la ventana miraba las lucecitas de las barcas allá en el horizonte y oía sus motores al regresar. Se había llevado la gran sorpresa al comprobar que todo el mundo hablaba catalán; lo mismo el gerente del hotel, que el maitre, que los camareros y que los pescadores. Y esto era así en toda Cataluña. Ello le llevó a replantearse también el problema de la unidad, de la uniformidad. Cómo arrancar de los seres humanos la lengua materna? Y el País Vasco. Y Galicia. La unidad, en el sentido que él tanto había reclamado, era un acto contra natura. La cuestión era no hacer de eso un arma arrojadiza. "Si yo hubiera nacido en Caldetas en vez de Segovia, ahora escribiría los sonetos en catalán". Idioma, por cierto, que también empezó a interesarle, porque, al ser básicamente monosilábico, era muy apto para la poesía, al igual que ocurría con el inglés. Empezó a leer a Maragall, a Eugenio d'Ors y la revista Destino, en la que destacaba un tipazo ampurdanés llamado José Pía, que por lo visto llevaba boina, vivía aislado como él y liaba los cigarrillos.
Le gustaba ver a los pescadores jugar a los bolos en la explanada que había frente al hotel. Costumbre francesa. Por qué no? "Hay que sumar, nunca restar". Los pescadores tenían un defecto agrio, abrupto: blasfemaban. Blasfemaban mucho. Eso le sonaba fatal. Pero era posible que no hubiera en ellos malicia alguna. Era su costumbre, su interjección, su ignorancia…
Si bien eso de la ignorancia había que ponerlo en cuarentena. Hablando con ellos -Núñez Maza, durante el día, se acercaba a la playa donde remendaban las redes y pintaban las barcas-, se daba cuenta de que tenían un decálogo personal, un sistema de pesas y medidas harto peculiar. Formaban una comunidad. El que engañase a uno quedaba excluido del clan. Él se ganó su confianza porque sabían que sufría y que lo que quería era la paz. Con ellos sobraban las grandes palabras. Era preciso ponerles ejemplos concretos. "Yo soy como uno de esos tiburones que se despistan y que van a morir en una playa lejos de la manada".
Les propuso que le llamaran "camarada", pero fue imposible. Se rieron. Se rieron en sus "barbas". Uno de ellos, el Chiquitín, llevaba un mostacho de cosaco. "Eso de camarada es una coña. Usted es un señorito". Ramón remachó. "En el buen sentido de la palabra, se entiende".
Les costaba esfuerzo hablar castellano. Si Salazar les conociera! Si les conociera Pilar Primo de Rivera! En Madrid vivían de espaldas a la realidad. La filosofía de aquellos pescadores se basaba en el estoicismo -soportaban las tempestades-, en la poesía natural -les gustaba la luna llena-, y en los placeres sensuales. Eran de una sensualidad carnal, arterial, que se manifestaba en los nombres que les ponían en las barcas, casi todos nombres de mujer. Les gustaba la buena mesa, el yantar y el vino tinto. Fumaban con delectación, sin prisa. Se rascaban la frente con la uña del dedo índice. Núñez Maza tenía en el pueblo todas las casas abiertas, incluida la del cura, y a excepción de la del alcalde y jefe local del Movimiento. El cura, joven y solícito, no le preguntó nunca si creía en Dios. Y nunca le echó en cara que no asistiera a misa. Jugaba con él interminables partidas de damas, estrategia en apariencia simple pero en la que Núñez Maza llevaba inexorablemente las de perder.
Un día se presentó en el hotel el gobernador, camarada Montaraz; al volante del coche, Miguel Rosselló…
– Arriba España!
– Arriba! -contestó Núñez Maza.
– Lo lamento mucho, camarada, pero he recibido orden de Madrid de registrar tu habitación…
Núñez Maza le clavó sus ojos antaño enfebrecidos.
– Pide la llave al conserje -le indicó Núñez Maza.
– Te quedas aquí, o prefieres subir?
– Prefiero quedarme aquí.
El camarada Montaraz se encontró con varias pilas de periódicos y revistas y también con muchos ejemplares de ' La Codorniz'. De hecho, afrontó aquella tarea con espíritu dual. Por un lado, le gustaba porque Núñez Maza era un "bicho" que se había merecido el paredón; por otro, la mirada de su "enemigo" le dejó helado. Éste tenía burbuja personal, magnetismo. En el lavabo había muchas medicinas; en la almohada, la huella de su cabeza. Muchos libros de poesía en catalán. Pediría permiso para hacer con ellos una hoguera. La orden había sido: "Toma nota de lo que encuentres, pero déjalo intacto". Borradores de sonetos… Uno de ellos, dedicado a fray Luis de León.
De pronto, en un cajón, una pistola. El camarada Montaraz se acarició la cicatriz de la mejilla izquierda y lamentó no tener a mano un cacahuete. Era una pistola rusa, calibre 16, que posiblemente se trajo de la División Azul. Por qué la tenía allí? Qué mosca le había picado?
El camarada Montaraz se pasó una hora husmeando papeles y leyendo en diagonal ensayos sobre José Antonio y sobre el marxismo. No lograba aceptar tal dicotomía, tal contradicción. Vio el retrato de José Antonio y el de una pareja ya mayor, que probablemente fueran los padres del ex consejero nacional. También descubrió una foto dedicada de García Lorca y otra de Salvador Dalí.
Levantó la correspondiente acta y bajó. El camarada Núñez Maza estaba dialogando con el Chiquitín y otros pescadores. Le llamó.
– De acuerdo. Misión cumplida… Tienes permiso de armas?
– No…
– Pues te he encontrado una pistola.
El camarada Núñez Maza sonrió melancólicamente.
– No te sorprenda. Hay momentos en que a un disidente le entran ganas de pegarse un tiro.
CAPÍTULO XXVI
EL 4 DE FEBRERO se celebró en Gerona el VI aniversario de la "liberación" de la ciudad. Como en los años precedentes, ésta se engalanó. Con dos novedades: primera actuación en público de la banda de cornetas y tambores del Frente de Juventudes -obra de Mateo-, en la que Eloy tocó el tambor con todas sus fuerzas y el Niño de Jaén el cornetín. Los dos chavales se entusiasmaron más aún que el público, que aplaudió a rabiar. El director fue Quintana, el compositor de sardanas, que consiguió sacar un brillante partido de aquellos novatos.