Los caballeros de Salomón
- Автор: Берри Стив
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Los caballeros de Salomón». Краткое содержание книги:
– He estado esperando, hermano.
Geoffrey se detuvo y se dio la vuelta.
Una fría palidez cubría la demacrada cara del joven. El hermano no dijo nada, simplemente depositó las cajas en el suelo, buscó en su chaqueta y sacó una automática de nueve milímetros. De Roquefort reconoció el arma. La pistola, fabricada en Austria, era de una de las marcas almacenadas en el arsenal de la abadía.
Geoffrey metió un cargador.
– Entonces traiga a sus hombres y acabemos de una vez con esto.
Una insoportable tensión borraba todo pensamiento de la mente de Malone. Éste iba siguiendo a Casiopea a medida que avanzaban lentamente por el pasaje subterráneo. El pasadizo tendría algo más de un metro cincuenta de ancho y casi dos metros y medio de alto, y las paredes estaban secas y eran irregulares. Cuatro metros y medio de dura tierra le separaban de la superficie. Los lugares cerrados no eran de su agrado. Casiopea, sin embargo, no parecía nerviosa. Malone había visto ese tipo de valor anteriormente en agentes que trabajaban mejor bajo extrema presión.
Andaba alerta ante más posibles trampas. Prestando especial atención a la gravilla que se extendía ante él. Siempre había encontrado divertido en las películas de aventuras que unas partes móviles de piedra y metal, supuestamente de centenares o miles de años de antigüedad, siguieran funcionando como si hubieran sido engrasadas el día anterior. El hierro y la piedra eran vulnerables al aire y el agua, su eficacia limitada. Pero el bronce era otra cuestión. Ese metal era duradero; había sido creado justamente por ese motivo. De manera que otras púas colocadas en el fondo de pozos podrían constituir un problema.
Casiopea se detuvo, su linterna enfocada unos tres metros más adelante.
– ¿Qué pasa? -preguntó Malone.
– Eche una mirada.
Él sumó su cono de luz al de la mujer, y lo vio.
Stephanie también aborrecía los espacios cerrados, pero no estaba dispuesta a confesarlo, especialmente a su hijo, que tan mal concepto tenía ya de ella. De manera que, para apartar de su cabeza esa incomodidad, preguntó:
– ¿Cómo habrían almacenado los caballeros su tesoro aquí abajo?
– Transportándolo pieza a pieza. Nada los habría detenido, excepto la captura o la muerte.
– Debió de ser un gran esfuerzo.
– Les sobraba tiempo.
Ambos estaban atentos al terreno que tenían ante ellos, comprobando Mark el suelo antes de dar cada paso.
– Sus medidas de seguridad no habrían sido muy sofisticadas -dijo Mark-. Pero sí efectivas. La orden poseía cámaras subterráneas por toda Europa. La mayoría estaban vigiladas, amén de las trampas. Aquí, el secreto y las trampas tenían que hacer el trabajo sin guardianes. Lo último que hubieran deseado era llamar la atención hacia este lugar con algunos caballeros rondando por aquí.
– A tu padre le habría encantado. -Tenía que decirlo.
– Lo sé.
La luz de la linterna de Stephanie captó algo en la pared del pasaje, más adelante. Ella sujetó a Mark por el hombro y lo hizo detenerse.
– Mira.
Esculpidas en la roca había unas letras:
non nobis domine
non nobis sed nomine tuo daré gloriam
pauperes commilitones christi templique salamonis
– ¿Qué dice? -preguntó ella.
– Un poco libremente, «No por obra de nosotros, oh, Señor, no por obra de nosotros, sino en Tu nombre se da la gloria. Pobres Compañeros Soldados de Cristo y el Templo de Salomón». Es el lema templario.
– Así que es verdad. Es eso.
Mark no dijo nada.
– Que Dios me perdone -susurró ella.
– Dios tiene poco que ver con esto. El hombre creó esta porquería, y al hombre le corresponde limpiarla. -Dirigió la luz más adelante por el pasaje-. Mira aquí.
Ella miró dentro del halo, y vio una reja de metal -una puerta- que daba a otro pasaje.
– ¿Es ahí dónde está todo almacenado? -preguntó.
Sin esperar una respuesta, pasó por el lado de Mark, y había dado ya unos pasos cuando oyó que Mark gritaba:
– No.
Entonces el suelo se hundió.
Malone contempló la visión iluminada por sus luces combinadas. Un esqueleto. Postrado en el suelo de la caverna, con los hombros, cuello y cráneo apoyados contra la pared.
– Acerquémonos -dijo.
Avanzaron un poquito con precaución, y Malone observó una ligera depresión en el suelo. Agarró a Casiopea por el hombro.
– Lo veo -dijo ella, deteniéndose-. Es largo. Tiene casi dos metros.
– Estos malditos pozos habrían sido invisibles en su época, pero la madera de debajo se ha debilitado lo suficiente para mostrarlos.
Se movieron en torno de la depresión, permaneciendo en terreno firme, y se acercaron al esqueleto.
– No queda nada más que los huesos -dijo ella.
– Mire el pecho. Las costillas. Rotas en algunos lugares. Cayó en esa trampa. Esas heridas son de las estacas.
– ¿Quién es?
Algo captó su atención.
Malone se inclinó y descubrió una ennegrecida cadena de plata entre los huesos. La levantó. Del bucle colgaba un medallón. Lo enfoco con la linterna.
– El sello templario. Dos hombres sobre un único caballo. Representaba la pobreza individual. Vi un dibujo de esto en un libro hace unas cuantas noches. Apostaría algo a que se trata del mariscal que escribió el informe que hemos venido usando. Desapareció de la abadía en cuanto tuvo noticias de la solución del criptograma por el abate Gélis. Vino, averiguó la solución, pero no tuvo cuidado. Saunière probablemente encontró el cuerpo y simplemente lo dejó ahí.
– Pero ¿Cómo habría averiguado nada Saunière?¿Cómo resolvió el criptograma? Mark me dejó leer ese informe. Según Gélis, Saunière no había resuelto el rompecabezas que encontró en su iglesia, y Gélis sospechaba de él, de manera que no le dijo nada a Saunière.
»Eso suponiendo que lo que el mariscal escribió fuera cierto. O Saunière o el mariscal mataron a Gélis para impedir que el cura contara a nadie lo que había descifrado. Si fue el mariscal, lo que parece probable, entonces escribió el informe simplemente como una manera de borrar sus huellas. Una manera de que nadie pensara que dejaba la abadía para venir aquí y encontrar por su cuenta el Gran Legado. ¿Qué importaba que incluyera el criptograma? No hay manera de resolverlo sin la secuencia matemática.
Apartó la atención del muerto e iluminó con su linterna el pasaje.
– Mire eso.
Casiopea se puso de pie y ambos vieron una cruz de cuatro brazos iguales, ensanchados por sus extremos, esculpida en la roca.
– La cruz paté -dijo ella-. Que sólo se les permitía llevar a los templarios por un decreto papal.
Recordó más cosas de las que había leído en el libro templario.
– Las cruces eran rojas sobre un manto blanco, y simbolizaban la disposición a sufrir el martirio en la lucha contra los infieles.
Con su linterna siguió las letras escritas encima de la cruz:
PAR CE SIGNE TU LE VAINCRAS
– «Con este signo tú lo vencerás» -dijo, traduciendo-. Las mismas palabras de la iglesia de Rennes, encima de la pila de agua bendita de la puerta. Saunière las puso aquí.
– La declaración de Constantino cuando luchó por primera vez contra Majencio. Antes de la batalla, se dice que vio una cruz en el sol con esas palabras blasonadas debajo.
– Con una diferencia. Mark dijo que no había ningún le en la frase original. Sólo: «Con este signo tú vencerás.»
– Tiene razón.
– Saunière insertó el le después de tu. En la posición trece y catorce de la frase. 1314.
– El año en que Jacques de Molay fue ejecutado.