Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Traficantes de muerte
Traficantes de muerte - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Traficantes de muerte

Электронная книга - «Traficantes de muerte». Краткое содержание книги:

La vida de Lynn Barrett se convierte en una pesadilla cuando a su hija Caitlin se le diagnostica un cáncer de hígado terminal. La escasez de órganos hace que incluso candidatos idóneos para un trasplante fallezcan mientras esperan que se les pueda realizar la operación. Desesperada, Lynn recurre a un traficante de órganos que encuentra en Internet quien, curiosamente, enseguida le confirma que ha encontrado a una donante perfecta. Entre tanto, Roy Grace está trabajando en un caso en que a los restos de tres jóvenes que han aparecido en las profundidades de la costa de Brighton les faltan los órganos vitales… La pista llevará a Grace a Rumanía donde operan las mafias de traficantes de órganos de las que el detective sospecha.
1 ... 102 103 104 105 106 107 108 109 110 ... 130
Перейти на страницу:

Ojalá le hubiera hecho más daño. Ojalá le hubiera arrancado aquella cosa de un bocado.

Por fin la mujer puso fin a su conversación telefónica.

– ¿Cuándo vendrá Romeo? -preguntó Simona con tristeza.

– ¡Pronto, meine Liebe! -La mujer le dio una palmadita en la mejilla con la mano, enfundada en un guante-. Volveréis a reuniros muy pronto. Te gustará Inglaterra. Serás muy feliz allí. ¿No estás emocionada?

– No.

– Pues deberías. ¡Una nueva vida!

En silencio, para sus adentros, Marlene Hartmann pensaba: «De hecho, tres nuevas vidas».

Era una pena desperdiciar su corazón y sus pulmones, pero no tenía a ningún solicitante para ellos en el Reino Unido, y no quería correr el riesgo de retrasar el asunto a la espera de que apareciera algún receptor apto. Sobre todo, con la Policía husmeando. Y esos órganos no sobrevivirían el tiempo necesario para enviarlos a otro país. Al igual que en el caso de los trasplantes de hígado, lo mejor era tener al donante y al receptor muy cerca el uno del otro, para que el lapso entre la muerte y el trasplante fuera el menor posible. La chica era demasiado pequeña como para dividir su hígado en dos, pero un trasplante por sí sólo ya suponía suficiente beneficio.

Los riñones tenían un tiempo de conservación razonable, de hasta veinticuatro horas, si se conservaban bien. Ya tenía compradores para los riñones de Simona esperando, uno en Alemania y otro en España. En otros países podría vender la piel, los ojos y los huesos de la chica, pero el margen de ganancias con esos órganos era muy bajo y no valía la pena exportarlos desde Inglaterra. Sacaría 100.000 euros de ganancias netas por los dos riñones, y 130.000 por el hígado, tras cubrir gastos.

Estaba muy satisfecha.

94

Roy Grace llegó de Múnich justo a tiempo para la reunión de las 18.30.

Entró en la sala a toda prisa, leyendo la agenda mientras caminaba e intentando al mismo tiempo no derramar el café de su taza.

– ¿Ha ido bien el viaje, Roy? -preguntó Norman Potting-. ¿Te has entendido con los sauerkrauts? ¿Ya les has explicado quién ganó la guerra?

– Gracias, Norman -dijo, tomando asiento-, pero creo que ya lo tienen claro.

Potting levantó un dedo.

– Son unos zorros cabrones. Como los japos. ¡Fíjate en la industria del automóvil! ¡La mitad de los coches son alemanes!

– ¡Norman, gracias! -replicó Grace levantando la voz, cansado e irritable tras la larga jornada, que aún distaba mucho de llegar a su fin, e intentando leer la agenda antes de que todo el mundo estuviera listo.

Potting se encogió de hombros.

Grace leyó en silencio mientras iba entrando el resto de la gente. Luego empezó:

– Bueno, ésta es nuestra decimosexta reunión de la Operación Neptuno. Tenemos otro cuerpo, que puede o no estar relacionado con esta operación. -Miró a Glenn-. ¿Querrá explicárnoslo nuestro marinero forzoso?

Branson esbozó una sonrisa sarcástica.

– Parece que hemos encontrado al pobre Jim Towers. Como está atado de los pies a la cabeza, es imposible ver si le han practicado alguna operación, así que tendremos que esperar al análisis forense. No hay ningún patólogo disponible esta tarde, así que tendrá que esperar a mañana por la mañana.

– ¿Ya ha sido identificado formalmente? -preguntó Lizzie Mantle.

– Por un brazalete de oro y el reloj -respondió Branson-. Hemos decidido no dejar que su esposa lo vea. No es un espectáculo agradable. ¿Recordáis aquella cara bajo el agua en Tiburón? ¿La que asomaba por el ojo de buey, con el globo ocular colgando, y que hace que Richard Dreyfuss se cague de miedo? Pues tiene ese aspecto.

– ¡Demasiada información, Glenn! -replicó Bella Moy, que iba a meterse un Malteser en la boca, pero que, asqueada, se lo pensó mejor.

– ¿Qué sabemos hasta ahora? -preguntó Grace.

– Hundieron el barco; no fue un accidente.

– ¿Hay alguna posibilidad de que haya sido un suicidio?

– Es difícil hundir tu propio barco cuando te han envuelto en cinta adhesiva como una momia, jefe. A menos que tuviera una vida secreta como escapista.

Se oyeron unas cuantas risas. Grace también sonrió.

– De momento, las investigaciones las seguirá efectuando este equipo. La inspectora Mantle dirigirá un grupo específico para esto, y decidirá si hay que iniciar una investigación por asesinato independiente, en cierta medida dependiendo de lo que nos diga el examen post mortem -dijo, mirando a Mantle.

– Sí -respondió ella-. Querría que tú formaras parte de este equipo, Glenn, ya que ya conoces a la esposa…, a la viuda de Towers.

– Sí, claro.

– Tenemos que manejar a la prensa con cuidado en este asunto -advirtió Grace-. Una vez más, esperemos a ver qué nos dice el examen forense.

– Estoy de acuerdo -dijo la inspectora Mantle.

– Yo cada vez estoy más intranquilo con ese Vlad Cosmescu -dijo Branson-. Los análisis de ADN de las colillas demuestran que estuvo en el puerto de Shoreham. Luego el motor…

– Son «pistas de que estuvo allí, Glenn -le corrigió Roy Grace-, pero no constituyen «pruebas irrefutables». Podría haberlas dejado allí otra persona. Tenemos… Todos -hizo una pausa y repasó a todo su equipo con la mirada- tenemos que ser conscientes de que si decimos que algo «confirma o demuestra» algo, hay un gran riesgo de que en un juicio cualquier abogado listillo rompa el planteamiento en pedazos, y nos acuse de instruir erróneamente al jurado. La palabra que hay que usar es «pista». ¿Vale? Nunca digáis «prueba». Es una vía segura para perder un caso.

Casi todos asintieron.

– Bueno, ¿y qué más tenemos de ese tipo, Glenn?

– Sabemos que es «persona de interés» para la Europol y la Interpol, y que aparece en varios casos que han seguido sobre trata de blancas y lavado de dinero.

– Pero ¿no se han presentado cargos ni consta que haya cumplido condenas?

– No, Roy.

– Parece que el canal no está resultando tan buen lugar para ocultar cosas, ¿no? -comentó Bella Moy-. Si quieres ocultar un cuerpo o un motor, más valdría dejarlo en medio de Churchill Square. ¡Por lo menos allí es probable que alguien te lo robe!

– Me gustaría traerlo aquí para interrogarlo, pedir una orden de registro, investigar su domicilio, conseguir su registro de llamadas -propuso Branson.

– ¿Por un par de colillas en el puerto de Shoreham y un motor fuera borda abandonado? -planteó Grace.

– Porque estaba «observando» el Scoob-Eee con unos binoculares. ¿Por qué iba a hacerlo? Es un viejo barco de pesca. ¿Qué tenía de especial, antes de que sacáramos los cuerpos de los adolescentes muertos? Este tipo me da mala espina, Roy.

– ¿Se puede recuperar el barco? -preguntó Grace.

– Sí, pero sería una operación enorme, y muy cara. Hablé del tema con Tania Whitlock. Creo que te costaría mucho vendérselo a la subdirectora Vosper.

– Si tu presentimiento es correcto, vas a necesitar pruebas de que estuvo en aquel barco: alguien que lo viera, o alguna prueba forense, o algo que le perteneciera.

Branson se quedó pensando.

– A lo mejor podrían volver a sumergirse y registrarlo a fondo.

Grace se lo pensó unos momentos.

– ¿Tienes alguna idea sobre cuál podría ser su nivel de implicación, Glenn?

– No, jefe. Pero estoy seguro de que está relacionado. Y creo que deberíamos actuar rápidamente.

– De acuerdo -concedió Grace-. Consigue una orden de registro, pero tendrás que hinchar el informe un poco. Luego ve a ver si quiere hablar voluntariamente; puede que le saques más así que si se le arresta y un abogado le tapa la boca. Llévate a alguien que tenga práctica en interrogatorios. Bella. -Miró a la inspectora Mantle-. ¿Te parece bien, Lizzie?

1 ... 102 103 104 105 106 107 108 109 110 ... 130
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)