Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Las Hijas del Frío - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Las Hijas del Frío

Электронная книга - «Las Hijas del Frío». Краткое содержание книги:

Strömbad, 1923. La joven y bella Agnes, hija de un rico empresario, se encapricha de Anders, uno de los trabajadores de su padre, y se queda embarazada, lo que da lugar a una serie de acontecimientos terribles y dramáticos cuyas consecuencias se arrastran hasta el presente.
Fjällbacka, época actual. La escritora Erica Falck y su pareja, el detective Patrik Hedström, acaban de tener una hija, pero a pesar de la alegría que trae la pequeña al hogar, la pareja debe hacer frente a toda una serie de nuevas preocupaciones. La niña llora mucho, su madre sufre una depresión posparto y Patrik está constantemente cansado. Afortunadamente, Erica encuentra mucho apoyo en Charlotte, madre de Sara, una niña de siete años, pero entonces se produce un terrible drama: un pescador halla el cadáver de la pequeña en el mar.
Al principio, todo apunta a que se trata de un accidente, sin embargo la autopsia revela que la niña fue ahogada en una bañera antes de ser arrojada al mar… La abuela de la víctima acusa inmediatamente a Kaj, un vecino malhumorado con el que la familia mantiene un grave enfrentamiento desde hace años.
Cuando a los pocos días otro niño es atacado, el pánico cunde en la pequeña población de Fjällbacka y Patrik, muy afectado por este caso que parece complicarse por momentos, llega incluso a temer por la seguridad de su propia hija.
Tan sólo gracias a su gran constancia, el infatigable detective Patrik logra finalmente establecer los lazos entre esa trágica historia de conflictos familiares del pasado y el crimen ocurrido en la actualidad.
1 ... 101 102 103 104 105 106 107 108 109 ... 114
Перейти на страницу:

Cuando salió del apartamento, no llevaba consigo más que un objeto: una caja de madera de color azul llena de Humildad.

* * *

Nadie puso objeciones a que se tomase un día libre. Aina incluso comentó entre dientes que ya era hora antes de cancelar todas sus citas para aquel día.

Niclas gateaba por el suelo persiguiendo a Albin, que corría como un cohete entre los juguetes que había en el suelo, aún con el pijama pese a que eran más de las doce. Pero no tenía importancia. Aquel día se lo tomarían así. Además, él también llevaba aún la camiseta y los pantalones de deporte con los que había dormido. Albin reía con todas sus ganas, como no lo había oído reír nunca antes, lo que lo animó a gatear más rápido y a juguetear más aún.

Sintió una punzada en el corazón al caer en la cuenta de que no tenía ningún recuerdo de sí mismo a gatas detrás de Sara como ahora con Albin. Entonces estaba tan ocupado… Tan imbuido de su propia importancia y de la de todo cuanto quería hacer y lograr… De los juegos y las tonterías, se decía con cierta soberbia, ya se encargaba bien Charlotte; pero, por primera vez, se preguntaba si no fue él quien salió perdiendo. De repente, tomó conciencia de algo que lo hizo pararse en seco y contener la respiración: no sabía cuál era el juego favorito de Sara, ni qué programa infantil le gustaba ver o si prefería pintar con tiza roja o azul, ni qué asignatura era su preferida en la escuela, ni qué libro quería que Charlotte le leyese por las noches. No sabía nada esencial sobre su propia hija. Nada en absoluto. A juzgar por lo poco que sabía de ella, podría haber sido la hija del vecino. Lo único que creía conocer era su carácter difícil, obstinado y agresivo. Le hacía daño a su hermano, rompía las cosas y les pegaba a los compañeros del colegio. Pero nada de eso era Sara, eso eran sólo algunas cosas de las que hacía.

Se acurrucó en el suelo, destrozado por el dolor. Ahora era demasiado tarde para aprender a conocerla. Ya no estaba.

Albin pareció notar que algo no iba bien. El pequeño interrumpió su griterío, se arrastró junto a Niclas y se acurrucó a su lado como la cría de un animal. Y allí se quedaron un rato, el uno junto al otro.

Unos minutos más tarde llamaron a la puerta. Niclas se sobresaltó y Albin miró inquieto a su alrededor.

– No pasa nada -lo tranquilizó Niclas-. Será un señor o una señora que viene a preguntar algo.

Lo cogió en brazos y fue a abrir. Era Patrik Hedström, acompañado de un grupo de hombres a los que no conocía.

– ¿Qué pasa ahora? -preguntó Niclas en tono cansino.

– Tenemos una orden de registro -dijo Patrik tendiéndole el documento.

– ¡Si ya han registrado la casa una vez! -le recordó Niclas mientras ojeaba la orden. En la mitad de la lectura, se detuvo y miró a Patrik con los ojos desorbitados-. ¿Qué es esto? ¿Intento de asesinato de Stig Florin? Estarán de broma, ¿no?

Pero Patrik no se reía.

– Lo siento. Está siendo tratado de envenenamiento por arsénico. Ha sido un milagro que sobreviviera a esta noche.

– ¿Envenenamiento por arsénico? -repitió Niclas con expresión bobalicona-. Pero ¿cómo…?

Seguía sin comprender de qué le hablaban y sin moverse del vano de la puerta.

– Eso es lo que pensamos averiguar, así que, por favor, déjenos entrar…

Niclas se hizo a un lado sin articular palabra. Los hombres que acompañaban a Patrik tomaron sus maletines y sus equipos, y entraron con gesto sereno.

Patrik se quedó con Niclas en el vestíbulo, como dudando, antes de volver a tomar la palabra:

– También hemos obtenido la licencia para abrir la tumba de Lennart. Supongo que ya habrán empezado con ello.

Niclas estaba atónito. Aquello se le antojaba demasiado irreal como para comprenderlo.

– ¿Por qué…? ¿Qué…, quién…? -balbució.

– Aún no podemos dar cuenta de todos los detalles, pero tenemos razones de peso para creer que él también fue envenenado con arsénico. Aunque no tuvo la misma suerte que Stig -añadió Patrik con gesto compungido-. En fin, ahora será mejor que se mantenga apartado para que los chicos puedan hacer su trabajo.

Patrik no aguardó la respuesta y entró sin más.

Sin saber qué hacer, Niclas se fue a la cocina y se sentó con Albin aún en brazos. Lo puso en la trona y lo sobornó con una galleta para que estuviese entretenido. En su mente atribulada, todo eran preguntas.

Martin tiritaba al gélido viento otoñal. La cazadora del uniforme no era protección suficiente contra las aceradas ráfagas que cruzaban el cementerio y, además, al poco de que llegaran, empezó a llover.

Aquella empresa le producía náuseas. Él, que ni siquiera había asistido a un entierro, tenía que presenciar cómo sacaban un ataúd del fondo de la tierra, en lugar de ver cómo lo enterraban. Era tan raro como ver una película al revés. Comprendía por qué Patrik le pidió que fuese en esta ocasión. Él ya había asistido a una exhumación hacía tan sólo un par de meses, y seguro que con una vez era más que suficiente. Como confirmación de sus reflexiones, uno de los enterradores, dirigiéndose a él, masculló:

– Debe de haberse convertido en un deporte para la gente de la comisaría: a ver a cuántos señores somos capaces de desenterrar en el menor tiempo posible.

Martin no replicó, pero pensó que más les valía no presentarle al fiscal una solicitud similar en mucho tiempo.

Torbjörn Ruud se colocó a su lado. Él tampoco pudo contenerse:

– Bueno, pues a este paso, en Fjällbacka tendrán que empezar a ponerles una goma a los ataúdes en lugar de cerradura; quiero decir que así podrán ir abriéndolos según necesidad.

Martin no pudo por menos de sonreír pese a lo inapropiado del momento y, cuando sonó el teléfono de Ruud, ambos luchaban por contener la risa.

– Sí, aquí Ruud.

Escuchó con atención, colgó y le dijo a Martin:

– Han entrado en la casa de los Florin. Hemos dividido el equipo, tres hombres allí y dos aquí. Luego ya veremos si hemos de rehacer los grupos.

– ¿Qué es lo que vais a hacer? Quiero decir, directamente después de la exhumación -preguntó Martin con interés.

– No mucho. Por ahora, sólo controlar que el traslado se produce con la menor contaminación posible, pero también tomaremos muestras de la tierra. De todos modos, lo más importante es llevar el cadáver al forense para que pueda empezar enseguida. En cuanto haya salido el ataúd, nos iremos a casa de los Florin para ayudarles con el registro. Y supongo que tú harás lo mismo, ¿no?

Martin asintió.

– Sí, eso es lo que pensaba hacer. -Guardó silencio un minuto-. ¡Menudo lío descomunal ha resultado ser este caso!

Torbjorn Ruud asintió:

– Y que lo digas.

Agotados los temas de conversación, se mantuvieron callados a la espera de que los hombres terminasen de cavar. Unos minutos después, atisbaron la tapadera del féretro. Lennart Klinga había vuelto a la tierra.

Le dolía todo el cuerpo. Veía figuras borrosas que transitaban a su alrededor para luego desaparecer. Stig intentó abrir la boca para decir algo, pero ninguna parte de su cuerpo parecía dispuesta a obedecer. Se sentía como si hubiese perdido un asalto con Tyson. De pronto, se preguntó si estaba muerto. No era posible sentirse así y estar vivo.

1 ... 101 102 103 104 105 106 107 108 109 ... 114
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)