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También Las Vaqueras Sienten Melancolía

Электронная книга - «También Las Vaqueras Sienten Melancolía». Краткое содержание книги:

TAMBIÉN LAS VAQUERAS SIENTEN MELANCOLÍA es una visión hilarante de la década del sesenta y principios del setenta en los Estados Unidos. La tragicomedia sienta sus reales en un territorio donde los jóvenes han querido trastocar los valores tradicionales de la sociedad. En medio de un ambiente de hilaridad, sarcasmos e imaginación, nuestra protagonista, Sissy Hankshaw, se convierte en una leyenda viva del autostop. Sus descomunales pulgares le abren las puertas de cuanto vehículo motorizado se apresura por las autopistas, carreteras y caminos del continente norteamericano. Y a su paso, empiezan a aparecer personajes memorables salidos del vasto sueño nacional: allí está Julián, piel roja neoyorkino, pintor abstracto, intelectual, snob, asmático, hipocondríaco; y está el psiquiatra doctor Robbins, el alter ego del autor, enamorado de su paciente – protagonista; y está Delores del Rubi, con su misteriosa leyenda a cuestas y sus botas y su látigo, amante del peyote y de una secreta Revolución Universal; y está Bonanza Jellybean, quien de niña decidió ser vaquera y de mayor negó la absurda posubilidad de que las vaqueras no pudieran existir en el mundo. Y están las grullas chilladoras: el rancho “Rosa de goma”, primer rancho en la historia de la civilización occidental regentado únicamente por mujeres vaqueras; el Pueblo Reloj, la tribu anarquista de pieles rojas que viven a la espera de que resuene su hora en este mundo o en el próximo; y está el Chink, el ermitaño sin par, el antiguru de la montaña sagrada… Los personajes y las situaciones se suceden con el ritmo frenético de nuestro tiempo. El torbellino incesante parece carecer de dirección. Es entonces cuando los personajes (quizás nosotros mismos) se dan cuenta de que la única posibilidad de vida es el retorno a los valores más básicos, menos intelectuales u ortodoxos, es decir, los simples sentimientos humanos. A partir de ellos, se puede volver a respirar sin que la contaminación ambiental y social los disgregue y aniquile. Sissy es la encarnación viviente de estos valores inocentes y eternos. La novela termina siendo una gran alegoría de nuestro tiempo y una visión refrescante del mundo y de la condición humana.
“La precisión y la elegancia de la prosa de Robbins nos recuerda a Nabokov, a Borges, a Joyce…” Play Boy
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– ¡Horarios! -dijo el Chink-. Resulta irónico que tenga que ajustarme a un horario para volver a los relojes. -Su expresión era de asombro-. Amigas, nunca apostéis contra la paradoja. Si no os derrota la complejidad, lo hará la paradoja.

En los ardientes conductos de Sissy, las lágrimas corrían, en vez de caminar, hacia la salida más próxima.

– ¿Pero y tus relojes? -preguntó gimoteando.

– ¿Mis relojes? Bueno, los llevo conmigo. ¿Vosotras no?

Dio a las mujeres besos de igual duración, aunque Sissy recibió un poco más de lengua. Luego se volvió y cruzó el andén cojeando.

Viéndole cojear hacia el tren, Sissy comprendió de pronto lo pequeño y frágil que había empezado a parecer. Ahora, también Delores estaba llorando.

En la puerta del vagón, el Chink se volvió de pronto, se abrió bruscamente la bragueta y agitó hacia ellas su pajarito.

– Ja ja jo jo y ji ji -rió.

El viejo cabrón.

120

CON SISSY Y DELORES acomodadas en la cueva, el rancho en buenas manos, el Chink dando cuerda otra vez al Pueblo Reloj, La Condesa sacando orinales de postparto y Jellybean lazando nubes en las praderas del Paraíso, parece ser que las cosas se han asentado para esas entidades cuyas aventuras ha narrado este libro.

Podríamos concluir que También las vaqueras sienten melancolía ha alcanzado la entropía máxima, si no fuese por un inesperado fenómeno: la conducta de las grullas chilladoras.

Después de su partida del Lago Siwash, la bandada de grullas se detuvo muy brevemente en sus territorios de invernada de Aransas. Horas antes de que comenzase un festejo de bienvenida, emprendieron vuelo de nuevo, dejando en la estacada al Secretario del Interior, al Gobernador de Texas, a la Cámara de Comercio de Corpus Christy y a miles de patrióticos amantes de las aves.

Siguiendo rumbo al sur, se detuvieron un tiempo en Yucatán, siguieron luego hasta Venezuela y almorzaron ranas-leopardo en los pantanos del Orinoco. En Bolivia, sus excrementos cayeron sobre una revolución. En Paraguay, mancharon las catedrales de Asunción. Las tentativas de aproximarse a ellas de los científicos sudamericanos provocaron invariablemente su marcha. Se desviaron hasta Chile, quizá para rendir tributo al asesinado poeta Pablo Neruda. La siguiente parada fue la Patagonia.

En Estados Unidos y en Canadá, había muchas personas asustadas. El jefe de la Sociedad Audubon, empezó a emitir graznidos que sus camaradas identificaron como de somormujo y cuco. ¿Serían las secuelas de la dieta de peyote o sería algo a la vez más misterioso y más siniestro lo que hacía actuar así a las grullas? Discutían los naturalistas en laboratorios y salas de conferencias… y las chilladoras, cruzando el Atlántico camino de África, hicieron una visita a las islas Sandwich del Sur.

Después de que cazadores furtivos congoleños abatiesen unas cuantas, las Naciones Unidas aprobó una resolución unánime según la cual se castigaba a todo aquél que hiciese daño a las grullas con cárcel en todos los países del mundo. Justo a tiempo, además, pues pronto la gran bandada blanca se lanzó a cruzar regiones densamente pobladas. Las chilladoras destrozaron una playa en el sur de Francia, desplazaron a las famosas palomas de San Marcos de Venecia y realizaron, al parecer, un pintoresco vadeo del Támesis.

Las aves siguieron su ruta… y aún la siguen. Nadie sabe dónde aparecerán la próxima vez. Sus chillidos, recibidos con religioso fervor a lo largo del Ganges, apenas pudieron oírse sobre las bocinas y los chirridos de neumáticos del tráfico de Tokio. Cuando escribo esto, se las supone en algún punto del interior de China, donde en otros tiempos se producían poemas sobre grullas (no chilladoras, por supuesto) al ritmo de mil por día. Pero hoy son poquísimos los poemas sobre grullas que se escriben en China.

¿Busca acaso el ave más espléndida y grande de Norteamérica un nuevo hogar y explora el globo a la busca de un sitio donde vivir aislada y libre? Esto es una teoría. Naturalmente, han surgido leyendas sobre los viajes de las chilladoras. Una mujer de Borneo afirma haber tenido relaciones sexuales con una de las grullas. Sombras de Leda y el Cañarían Honker.

Quizá las grullas chilladoras lleven un mensaje e intenten transmitirlo por todas partes. Un mensaje de lo salvaje a lo ya no salvaje. ¿Es posible tal cosa?

Todo es posible. Y todo está bien. Y puesto que bien está cuanto termina bien, ¿hemos de concluir que éste es el final?

Sí, casi. Falta añadir la noticia de que las grullas acaban de cruzar la frontera del Tibet. Chillando.

Séptima Parte

Batir los brazos puede ser volar.

robert K. hall

121

HA PASADO EL TIEMPO. De siete a ocho, por el tamaño del vientre de Sissy.

Es medianoche en los relojes. Una medianoche de junio, lo bastante cálida para dormir en el nivel superior de la cueva. Sissy y Delores sueñan y, aunque sea muy extraño, pues han ido distanciándose en las últimas semanas, comparten un sueño similar.

Delores le ha dicho a Sissy que quiere irse. No se irá hasta que llegue el niño, hasta que Sissy esté bien y pueda valerse; ama a Sissy, después de todo; pero no se siente plena con ella. Es sobre plenitud lo que ahora sueña Delores: sobre los dos opuestos del Uno que, en equilibrio, le capacitan para que ambos existan y vivan. Una mujer sin su opuesto, o un hombre sin el suyo, pueden existir, pero no vivir. La existencia puede ser hermosa, pero jamás completa. Bajo la almohada de Delores está la carta, la sota de corazones.

La hinchazón del vientre de Sissy la obliga a dormir bocarriba, posición ideal para atraer el sueño. También Sissy sueña con el opuesto que pueda completarla, al que ella pueda completar. Al tener una habilidad especial con las aves, Sissy sabe muy bien que el espíritu no puede remontarse sólo con un ala. Del Chink aprendió que es el opuesto de una cosa lo que la mantiene integrada. En el sueño de Sissy hay un hombre que no se niega a sí mismo como Julián, sino que es él mismo hasta el límite pleno de sí mismo, como ha sido ella.

Las dos mujeres están inquietas. Delores se agita y culebrea como postal de dirección ilegible. Sissy maulla como gatito con vodka en el plato de leche. Sus labios tiemblan pero no se abren. En la cueva duerme una tercera persona. Como nacimiento es fin además de principio, quizás esa persona también sueñe verse completada. Despierta y da un buen golpe a Sissy. No con el pie sino con el… En la vida embrionaria, los dedos se forman como lomas radiantes sobre las superficies laterales de la mano y los segmentos del pie. Dado que esas lomas crecen más deprisa que los cuerpos de sus segmentos, pronto se proyectan más allá del margen como dedos definitivos. Sissy sabe desde hace tiempo que la criatura tiene sus características. Vendrá al mundo siendo medio japonesa, siwash en una treintaydosava parte y toda pulgares. Así sea. El dedo en movimiento escribe, y tras escribir sigue moviéndose. El pulgar en movimiento hace señas, y tras hacerlas, nos mueve con él.

El feto hace señales de autoestop al cuello del útero de Sissy, a su región lumbar. A su vejiga. Ni siquiera esto la despierta. Lo que por fin hace que abandone su sueño no es un gesto sino un ruido.

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