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La Trama China

Электронная книга - «La Trama China». Краткое содержание книги:

La trama china explora el fascinante y emocionante mundo de las regiones más remotas de China, donde la lealtad, la codicia y el amor se enfrentan con aterradoras consecuencias.
La detective china Liu Hu-lan y su prometido, el abogado estadounidense David Stark, se ven enfrentados a una asombrosa trama de violencia y conspiración cuando una vieja amiga -de una aldea del interior de China- le pide a Hu-lan que descubra la verdad sobre el sospechoso suicidio de su hija.
El caso resulta alarmantemente personal por partida doble, ya que involucra el propio pasado de la detective y el siniestro secreto de una fábrica estadounidense de juguetes ligada al bufete de David.
Una subyugadora novela de intriga, con una ambientación generosa en matices y enriquecida con la complejidad de las relaciones entre dos culturas diferentes.
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Su-chee siempre había creído en la política gubernamental. Su vida, igual que la de muchos campesinos, había mejorado desde los tiempos en que sus padres y abuelos trabajaban el campo para terratenientes que los explotaba y les chupaban la sangre. Ahora, al mirar alrededor, veía que esos progresos se iban erosionando con la misma facilidad con que una tormenta de polvo barría la tierra. Decían que ahora había electricidad y televisión, pero sólo eran una ventana al mundo exterior donde veía lo que nunca había tenido ni nunca tendría.

Dicen que en China hay novecientos millones de campesinos que trabajan la tierra, una sexta parte de la población mundial, pensó Su-chee, y de alguna forma -asombrosa y grotescamente- el gobierno pretendía que ella aceptara su suerte como habían hecho sus antepasados. Miao-shan lo había visto. Lo comprendió como sólo los jóvenes saben hacerlo. Comprendió lo que los líderes chinos no comprendían cuando decían a los campesinos: “Sois la vida de China.

No vayáis a las ciudades. Quedaos en el campo”. Comprendió que los extranjeros estaban ocupados con sus propias mentiras y traiciones. Era demasiado tarde para Su-chee, pero había cientos de millones de Miao-shan que no se quedarían sentados dejando que el mundo les pasara por delante. Poco a poco se irían levantando, como habían hecho los campesinos chinos en el pasado, y harían que el mundo viniera a ellos. Lo lograrían entregando su sangre, sacrificando su respeto por el pasado, mirando al horizonte y exigiendo lo que era suyo por derecho humano y político.

Todo esto era demasiado ambicioso para Su-chee, porque su mundo siempre había estado y siempre estaría confinado en una vida insignificante. Y en esa vida se había mentido muchas veces.

Había creído en los ideales de la amistad, pero Liu Hu-lan y Tang Dan no habían sido amigos verdaderos. Sí, estaban en el mismo sitio en su maltrecho corazón, ya que ambos habían actuado fríamente, sin consideración por las consecuencias. La traición de Tang Dan era fruto de la avaricia, y las consecuencias habían sido señaladas y condenadas por la sociedad. Pero los delitos de Hu-lan se habían cometido sin pensar en las consecuencias y nunca serían castigados. Si Hu-lan no hubiera ido a la granja Tierra Roja, no se habría encontrado con Su-chee ni con Shao-yi, no le habría enseñado nada cerca de los privilegios y las injusticias, y la vida de Su-chee habría sido muy distinta.

Su-chee creía en el amor, pero su amor por Ling Shao-yi sólo había sido un cúmulo de malas circunstancias. La idealización que Su-chee había hecho de Miao-shan era la más cruel y devastadora. Su hija, a pesar de su supuesto idealismo, era mentirosa, intrigante, una mujerzuela sin moral, de una codicia voraz. Ella, como madre, había cerrado los ojos, causando así más derramamiento de sangre y sufrimiento del que nunca habría imaginado.

Toda esa tortura y el consiguiente sufrimiento estaban en el aire y a tierra que la rodeaban y ese lugar sería un recordatorio continuo.

Caminó hasta el pequeño claro donde había dejado un termo con té, un bollo para el almuerzo y algunas herramientas. Cogió la azada, se internó en el campo, clavó la hoja y con un rápido movimiento levantó la tierra para airearla.

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