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Электронная книга - «Conjura de silencio». Краткое содержание книги:

En una tranquila y solitaria playa, Bud y Jill deciden filmar sus adúlteras aventuras amorosas sin sospechar que se están convirtiendo en testigos de excepción de un hecho que conmocionará al mundo: un terrible estallido ilumina súbitamente el cielo. Doscientas treinta personas acaban de morir a bordo del vuelo 800 de la TWA, y el vídeo de los dos amantes puede ser la única prueba que demuestre lo que realmente ha ocurrido.Cinco años después, para John Corey y su mujer Kate Mayfield, miembros de la Fuerza Antiterrorista Federal, el caso no está aún cerrado. La sospecha de que se está encubriendo la verdad hace que retomen las investigaciones y que examinen las teorías que el gobierno se había encargado de probar como falsas. Su pesquisas les llevarán hasta el vídeo de los amantes, una prueba que compromete la versión oficial de la CIA y del FBI.
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– Buenos días -dije.

Ella alzó la vista.

– Buenos días. Esa camisa le queda muy bien.

– Va a ser una de mis favoritas. ¿Ha dormido bien?

– No.

Me senté a la mesa, me serví una taza de café y dije:

– Ayer fue un día muy estresante para usted.

– Creo que se ha quedado corto.

Bebí un trago de café y la miré por encima del borde de la taza. Parecía relajada, pero pensé que la situación empezaba a hacer mella en Jill.

– ¿Lo ha pensado mejor?

– No. De hecho, estoy cada vez más convencida de que hago lo correcto.

– De eso no hay duda.

Ella insistió en que yo necesitaba desayunar y echamos un vistazo al menú del servicio de habitaciones. Jill dijo que ella tomaría un desayuno saludable para el corazón y sugirió que yo debía hacer lo mismo.

Hablamos, leímos los periódicos y vimos Today, con Katie y Matt.

Un camarero trajo el desayuno para tener un corazón sano. Me produjo acidez.

Después del desayuno, Jill quiso dar un paseo y me pidió que la acompañase, pero le dije:

– Debo quedarme aquí. Tal vez deba acudir a una reunión. Y puede que usted tenga que reunirse conmigo. Llámeme cada hora y compruebe su móvil cada media hora.

– De acuerdo… ¿qué clase de reunión?

– De la que usted debería haber tenido hace cinco años.

Ella asintió.

– No tendrá que decir nada. Sólo tendrá que estar allí. Yo me encargaré de hablar.

– Puedo hablar por mí misma -contestó ella.

Sonreí.

– Estoy seguro de que puede hacerlo.

Fue a su dormitorio, se vistió y regresó a la sala de estar.

– ¿Necesita algo mientras esté fuera? -preguntó.

Necesitaba una Glock calibre 40, pero le dije:

– Se rae está acabando la pasta de dientes. -No era verdad, pero ella necesitaba hacer algo-. Uso la marca Crest. Y vea si puede encontrar otra copia de Un hombre y una mujer. Además, llame a la habitación antes de regresar al hotel. -Cogí un bolígrafo del escritorio y apunté el número del móvil de Dom Fanelli en mi tarjeta y se la di-. Si no puede localizarme en el teléfono o si cree que hay algún problema, llame al detective Fanelli a ese número. Él le dirá lo que debe hacer.

Jill me miró y preguntó:

– ¿Es éste su ejército de ángeles?

Yo no describiría a Dom Fanelli como un ángel, pero contesté:

– Sí. Él es su ángel de la guarda si a mí me sucede algo.

– A usted no le pasará nada -dijo ella.

– No. Que pase un buen día.

Ella también me deseó un buen día y se marchó.

Tal vez debería haberla retenido allí, donde estaba un poco más segura que fuera. Pero yo había hecho de canguro de suficientes testigos para saber que pueden empezar a ponerse hostiles si se los mantiene enjaulados demasiado tiempo. Además, en este caso, a Nash le resultaría mucho más difícil cogernos a los dos si estábamos separados.

Comprobé mi móvil, pero no había ningún mensaje de Ted Nash ni de ningún otro.

Llamé al contestador de mi apartamento y había un par de mensajes. Ninguno era de Nash.

Llamé a Dom Fanelli a su móvil y contestó él.

– ¿Cómo van las cosas con la escolta en el aeropuerto?

– Creo que ya lo tengo solucionado. Tuve que recordar toda clase de favores, decir una tonelada de mentiras y prometer el jodido mundo. Conseguí a dos polis uniformados libres de servicio y pedí prestado un coche. Me reuniré con ellos en la calle a las tres y estaremos allí antes de que el avión de Kate haya aterrizado.

– Suena bien. Se me ha ocurrido otra idea: si los federales están esperando a Kate, pueden abordarla antes de que pase el control de pasaportes. ¿Puedes entrar allí y evitar esa posibilidad?

– Lo intentaré… Conozco a algunos policías de aeropuertos… veré lo que puedo hacer.

– Tienes que hacerlo. Además, no debes presentarte demasiado temprano, o descubrirás tu juego y ellos llamarán pidiendo refuerzos, y entonces te verás metido en una pelea que puedes perder. Tiene que ser como una operación comando. Entrar y salir antes de que puedan reaccionar.

– Estás haciendo que un trabajo difícil sea más difícil.

– Tú puedes hacerlo. A menos que tengan una orden federal contra ella, Kate irá voluntariamente contigo, te conoce.

Dom se echó a reír.

– ¿Sí? Ella me odia.

– Ella te ama. De acuerdo, si uno de los jefes de Kate está allí, la cosa se puede poner incluso más complicada. Pero sé que puedes convencer a Kate de que te ha enviado su amante esposo.

– Muy bien. Pero tengo que decirte, John, que ella puede ser tu esposa pero también es una agente federal. ¿Quién está primero?

Buena pregunta.

– Tienes que hacerle entender de qué se trata todo este asunto sin decirle demasiado delante de nadie. ¿De acuerdo? Llámame si lo necesitas y yo hablaré con ella. Si todo lo demás falla, amenázalos con arrestarlos por interferir con un oficial de policía en el cumplimiento de su deber. ¿De acuerdo?

– Sí, pero tú y yo sabemos que todo eso es basura. No tenemos ningún derecho legal a estar allí.

– ¿Quieres que vaya contigo?

– No. Déjamelo a mí. -Se quedó en silencio unos segundos y luego dijo-: No importa cómo vaya lo del aeropuerto, lo importante es que Kate llegue al Hotel Plaza.

– Lo sé. Y asegúrate de que no te siguen.

– Los federales son incapaces de seguir a un perro con correa.

– Correcto. ¿Entiendes por qué es importante todo esto? -le pregunté.

– Sí. Quieres acostarte con tu mujercita a las seis y media como mucho.

– Exacto. No me estropees el plan.

Dom se echó a reír y luego me preguntó:

– Eh, ¿cómo te van las cosas con la señora Winslow? ¿Qué aspecto tiene?

– Una anciana muy agradable.

– Tiene treinta y nueve años. ¿Qué aspecto tiene?

– Guapa.

– ¿Qué hiciste anoche en el Plaza?

– Cenar.

– ¿Eso es todo?

– Ambos estamos casados y no nos interesan esas cosas.

– Eso es sólo una frase, John. Dime una cosa, cuando lleve a Kate al Plaza, ¿cómo crees que reaccionará ella cuando vea que has estado cohabitando con la estrella de la Manta en la Playa?

– Dom… tienes la mente muy sucia.

– Ya no tienes sentido del humor. ¿Dónde está ahora tu testigo?

– Ha salido a dar un paseo. Le di el número de tu móvil por si las cosas se ponen feas en el Plaza.

– ¿Estás seguro de que no quieres apoyo en el hotel?

– Sí. Estamos de incógnito, y nadie nos ha seguido y tampoco han hecho un rastreo electrónico. Pero necesitaré una escolta policial desde aquí para tener una reunión con los federales hoy o mañana.

– Sólo dame una hora. Esta vez sí que te has metido hasta el cuello en la mierda, compañero -dijo Dom.

– ¿Eso crees?

– Resiste.

– Siempre lo hago. Llámame cuando Kate esté en tu coche.

– Lo haré. Ciao.

Volví a comprobar mi móvil, pero no había ningún mensaje.

Había dejado de llover, pero el cielo seguía encapotado. Me preparé para una larga mañana.

Llegó la doncella y se marchó. Pedí más café al servicio de habitaciones.

Jill llamaba cada hora como había prometido y yo le repetía que no había ninguna noticia, y ella me decía lo que estaba haciendo, que eran principalmente visitas a museos. Había comprado un tubo de Crest y encontrado una copia de Un hombre y una mujer en una tienda de alquiler y venta de vídeos.

– Mark ha llamado media docena de veces y me ha dejado mensajes. ¿Debería llamarlo?

– Sí. Trate de averiguar si algún agente federal le ha llamado o ha estado en su casa. En otras palabras, averigüe qué sabe y si se ha tragado su historia de que usted necesita estar sola. ¿De acuerdo?

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