La tumba de Huma
- Автор: Уэйс Маргарет, Хикмэн Трэйси
- Серия: Cronicas de la Dragonlance #2
- Язык: испанский
- Переводчик: Tere Casanovas
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La tumba de Huma». Краткое содержание книги:
Nadie diría que son unos héroes.
Y ellos, menos que nadie.
Margaret Weis y Tracy Hickman
La tumba de Huma
Continente de Ansalon
Canción de los Nueve Héroes
Soplaban los vientos del invierno, pero en el interior de las cavernas de los Enanos de las Montañas, más allá de las montañas Kharolis, no se sentía la furia de la tormenta. Mientras el Gobernador pedía silencio a los enanos y humanos reunidos, un enano bardo avanzó unos pasos para rendir homenaje a los compañeros.
Canción de los Nueve Héroes
El Mazo
—¡El Mazo de Kharas!
La triunfal exclamación resonó en el gran salón de audiencias del rey de los Enanos de la Montaña. Le siguió un bullicioso alboroto —las profundas y resonantes voces de los enanos entremezcladas con los gritos algo más agudos de los humanos—, a la vez que las inmensas puertas del salón se abrían de par en par para dar paso a Elistan, clérigo de Paladine.
A pesar de que el salón en forma de cuenco era grande, se hallaba completamente abarrotado. La mayor parte de los ochocientos refugiados de Pax Tharkas se alineaban en las paredes, mientras los enanos se apiñaban sobre los bancos de piedra labrada.
Elistan apareció al pie de un largo pasillo central, sosteniendo respetuosamente en las manos el gigantesco mazo de guerra. Al ver al clérigo de Paladine, vestido con su túnica blanca, el griterío aumentó, retronando contra la inmensa cúpula del techo y reverberando por la sala hasta que pareció que el suelo temblaba debido a las vibraciones.
Tanis se encogió, pues el ruido retumbaba en su cabeza. Se sentía sofocado en medio de tanta gente. Además, no le gustaba estar bajo tierra y, aunque el techo era tan alto que se alzaba sobre la llameante luz de las antorchas desapareciendo en la penumbra, el semielfo se sentía encerrado, atrapado.
—Estaré bien cuando esto acabe —le susurró a Sturm que estaba a su lado.
Sturm, siempre melancólico, parecía más preocupado y cavilante que de costumbre.
—No me gusta nada todo esto, Tanis —murmuró cruzando los brazos sobre el reluciente metal de su antigua cota de mallas.
—Lo sé —le respondió Tanis nervioso—. Ya lo has dicho, no una vez, sino varias. Ahora ya es demasiado tarde. Lo único que podemos hacer es intentar que esta situación se resuelva lo más satisfactoriamente posible.